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La cuestión ambiental y la transformación del mundo.

Enviado por SOCIEDAD el 01/10/2010 a las 22:22

1278555899530-oro.jpgLa cuestión ambiental y la transformación del mundo

 Por Ana M. Luna Moliner y  Ethel Bernaza Morales

 

 Ana M. Luna Moliner. Doctora en Ciencias Geográficas. Investigadora  del Instituto de Geografía de la antigua Academia de Ciencias de Cuba. Profesora Invitada del Instituto de Geografía de la UNAM cada año desde 1997 por los Departamentos  de  Geografía  Económica y Geografía Social.

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E-mail:analuna@filosofia.cu

 

Ethel Bernaza Morales. Investigadora del Instituto de Filosofía desde 2004. Es miembro  del Grupo de Estudios  sobre  Medio  Ambiente y  Sociedad  (GEMAS). Licenciada en Filosofía Marxista Leninista y Máster en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad de la Habana. En estos momentos cursa estudios para recibirse de Doctora en Filosofía.

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E-mail:ebernaza@filosofia.cu


 “Siempre que se conozcan las características de la época, se explican con la mayor sencillez los conceptos, e ideas de cada período histórico, partiendo de las condiciones económicas y de vida y de las relaciones políticas y sociales de ese período condicionadas a su vez por aquellas. (Engels, F. 1877:390)[1].

 

La capacidad de transformación del mundo de los movimientos y el pensamiento ambientalista del Tercer Mundo.

El proceso de globalización tiende a la acentuación acelerada del sesgo en las relaciones de dominación y a la agudización de los problemas que conforman la cuestión ambiental dadas por los efectos cada vez más perceptibles de la hegemonía del capital que potencia la interdependencia sistémica global y sus deformaciones que conducen a “una única libertad: la libertad de comercio sin escrúpulos” (Marx, C. Engels, F. 1872:20).

     La crisis ecológica y la crisis de deterioro social global son manifestaciones de la gran crisis total del capitalismo y su expansión mundial que supera la capacidad de la Tierra para mitigar la desestabilización ecológica en su búsqueda de la rentabilidad a toda costa del capital incapaz de revertir los efectos desintegradores de la globalización capitalista en las sociedades. El análisis detallado de los temas que se recorren en la Agenda 21 discutida en la Cumbre de la Tierra de 1992, su carácter programático político, permite superar la consideración inicial del ambientalismo como “tercera posición” entre dos sistemas políticos opuestos que ya no existían como tales en un mudo que se configuró unipolar a finales de la década de los 90’s y vislumbrar la capacidad del pensamiento ambientalista como movimiento transformador en contra del capitalismo.

    El panorama de que “los bosques desaparecen, los desiertos se expanden, millones de toneladas de tierras fértiles van a parar al mar, las especies se extinguen y la presión y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para sobrevivir aún a costa de la naturaleza” presentada desde el Tercer Mundo (Castro 1992: 1)[2] es visión abarcadora de la globalidad de la cuestión ambiental como problema sistémico generalizado y expresión de los conflictos sociales y los fenómenos político-culturales, en el planeta “cuya solución no está en impedir el desarrollo de quienes más lo necesitan” (IDEM) sino en la “mejor distribución de la riqueza y la tecnología disponibles en el planeta”. La conjunción de las perspectiva ambientalista desde el sur patentiza que “los hombres se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” ( Marx, C., Engels,F. op cit. :35) y reflexionar acerca de las causas raigales de una crisis que desde las relaciones sociales sesgadas afecta la supervivencia de la especie humana.

     Una sociedad mundial en armonía ecológica con la naturaleza es inconcebible en las condiciones actuales del capitalismo global. “ Si el capital ha de ser vencido, tarea que ahora tiene carácter urgente para la supervivencia de la civilización misma, el resultado será por fuerza socialista, porque ése es el término que significa el paso hacia una sociedad poscapitalista... Las crisis de nuestro tiempo pueden –y deben- ser vistas como oportunidades revolucionarias (Kovel y Löwy 2002).[3]

La política ambiental en Cuba y el mantenimiento de los objetivos del proyecto social de la revolución cubana.

Pensar sobre la cuestión ambiental en el contexto cubano actual parte de las múltiples y complejas modificaciones económicas y socio estructurales ocurridas en Cuba entre los años del fin del pasado y principios del presente milenio y sus diversos efectos en términos de racionalidad ambiental, de la dinámica de desarrollo del socialismo al cual sentó sobre nuevas bases de sustentabilidad (Luna 2003 op cit).

     Se trata de que el sistema de relaciones de la política ambiental en Cuba, emerge como un sistema de instituciones, normas, pero sobre todo de nuevas interrelaciones tendentes al mantenimiento de los objetivos del proyecto social de la revolución cubana y de la gestión ambiental en los duros momentos de crisis económica, cambios institucionales y transformación de los actores sociales que aparecieron como respuesta sistémica al las modificaciones de entorno que significó la desintegración del campo socialista (Luna, A. 2003)[4]. Ello significó una ecologización de las relaciones de producción del sistema socialista en Cuba[5], una oportunidad para revolucionar desde las bases ecólogio- productivas no sólo las estructuras, sino las relaciones del socialismo en Cuba.

     La gestión ambiental más que un conjunto de acciones y mecanismos, se revela proceso de aplicación de la política que potencia las relaciones sociales en Cuba (Luna, A. 2004)[6]. La gestión funciona como habilitación de relaciones entre sectores productivos, esferas de actividad, organismos, entidades, grupos de individuos y potencia la participación de todos en las decisiones. Asimismo viabiliza el buen gobierno en el cotejo de asuntos “verticales” propios de los sectores productivos, con los intereses “horizontales” propios de cada lugar específico. En este sentido la gestión como aplicación de la política es proceso de armonización del desarrollo en los territorios que se realiza en la concertación de estrategias de las dos direcciones.

La utilidad de la filosofía del marxismo para un pensamiento ambientalista.

Ideas básicas del marxismo acerca de diversos temas: los elementos de la naturaleza condicionantes de la actividad humana, la multiplicidad y diversidad de las relaciones entre naturaleza y sociedad, las relaciones causales entre actividad y los hechos resultantes de la interacción entre ambos subsistemas del ambiente como totalidad; el despliegue de las potencialidades heurísticas de la categoría trabajo para la comprensión del deterioro de las bases naturales de la producción y de otros sentido de satisfacción del ser, las relaciones ideológicas, la enajenación del ser, el progreso y el sentido del desarrollo; sirven de fundamentos al explicar las relaciones del entorno, no sólo aquellas meramente ecológicas, sino también el devenir de otras a partir de aquellas, según se avanza en los niveles de organización de los sistemas de organización de la materia viva.

     Sin los conocimientos teóricos desarrolladas por Marx sobre la sociedad, el pensamiento ambientalista adolece de los ámbitos de las relaciones sociales humanas, queda reducido a sus aspectos biológicos; a veces avanza hasta los límites superiores de lo psicológico sobre la síntesis de las ideas posteriores acerca del papel del deseo y la voluntad en la transformación de su entorno, pero sin los fundamentos de la organización social, sus estructuras y su dinámica. La concepción del desarrollo sostenible como nuevo paradigma de un modo de pensamiento ambiental (de la totalidad) facilita transitar desde las bases ecológicas los ámbitos de las relaciones sociales humanas, hasta los límites superiores de la ideología y el conocimiento y el saber.

     La visión del mundo como totalidad sistémica compleja en que las características de la globalidad capitalista de un mundo unipolar se manifestaron con más intensidad en el contexto cubano a partir de la desconfiguración del campo socialista y de la reinserción de nuestro sistema en el entorno global. La adaptación a las nuevas condiciones del entorno manteniendo los logros fundamentales de la revolución y el socialismo permitieron superar la crisis dentro de los límites ético culturales. Es manifestación de su capacidad de resiliencia sistémica. La visión de la complejidad permite avizorar tanto los ámbitos del entorno significativo como los propios del organismo social ya sean inherentes a la base natural, económica, socio estructurales o ideológicos en interacción y las dinámicas correspondientes. Se trata de “los conceptos, e ideas de cada período histórico, partiendo de las condiciones económicas y de vida y de las relaciones políticas y sociales de ese período condicionadas a su vez por aquellas. (Engels, F. 1877:390)[7].

El cambio del paradigma de desarrollo.

En los últimos sesenta años, apenas un momento en referencia a marco temporal de desarrollo de los condicionantes geográficos presentes en el contexto cubano, se han sucedido cambios vertiginosos. Una estructura socioeconómica deformada por la producción monopolista intensiva-extensiva de plantaciones orientada al mercado capitalista se sometió a las profundas transformaciones sociales y económicas logradas en el proceso revolucionario. Durante cerca de treinta y siete años cambiaron las condiciones de vida de la población mayoritaria erradicando la pobreza extrema y sus secuelas en términos de salud y educación en marcos de igualdad social. La concepción “un futuro de hombre de ciencia” para Cuba sentó las bases del conocimiento para la protección de los recursos naturales aún cuando las necesidades crecientes de consumo de los amplios grupos de población beneficiados por el incremento de la calidad de vida respecto a los niveles prerevolucionarios determinaron tendencias hacia el desarrollismo productivista y a los incrementos en términos cuantitativos entre los errores y deficiencias en la sustentabilidad de tal modelo de desarrollo.

     En este sentido, la concepción del Programa Nacional de Medio Ambiente y Desarrollo, la adecuación cubana a la Agenda 21 de la Cumbre de la Tierra de 1992 significó la sucesión del fracaso del modelo de desarrollo “a toda costa y a todo costo” en términos económicos y ecológicos durante la crisis de los 90’s con la reconversión de las bases de sustentación económica y ecológica de los programas sociales de la revolución cubana sobre un nuevo fundamento político ecológico (Luna, A. 2003 op cit). Aparece la dimensión ambiental del desarrollo social y económico en la planificación y en la práctica cotidiana. Son los años de la “transformación del campo cubano” (Funes, García, Bourque, Rosset y otros 2001)[8] mediante el movimiento de agroecología en Cuba, que trasciende desde la ecologización de las producciones agrícolas hasta la transformación de las relaciones sociales en el campo cubano, un tema complejo que concierne desde lo ecológico, lo socioestructural, lo económico, las tecnologías y la política ver ( Pérez, González y otros 1999)[9].

La reconsideración por el ser de “sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”.

Explicar un sistema de política ambiental integrado en función del los objetivos de la revolución y el socialismo en Cuba y plantear un modelo de gestión que esté basado en esos principios de una gestión colectiva, solidaria, racional y democrática no puede obviar los medio y los fines. La cuestión acerca de los valores que orientan el sentido del socialismo tienen mucho que ver con los principios, medios y fines del ambientalismo. La articulación entre ambos potencia el sentido del progreso en términos del desarrollo sostenible. El socialismo del siglo XXI integrar armónicamente las sociedades humanas con el medio ambiente, en la medida que formamos parte del ecosistema global sin el cual no es posible la vida.

     Se trata de articular los múltiples proyectos individuales con el proyecto social común en el entorno de las condiciones específicas. La oportunidad revolucionaria de la crisis del capital y su componente ecológica reviste características singulares en las relaciones globales impuestas al Tercer Mundo, ello requiere una epistemología propia del origen y la esencia de las relaciones socioecológicas dadas las características del contexto.

     La concreción de esta articulación es diversa dada la multiplicidad de contextos existentes en el universo humano. No existe, ni puede existir un modo único ni existirá un modelo único de socialismo para el siglo XXI. En este sentido otro principio ambientalista; la unidad en la diversidad potencia las múltiples posibilidades del socialismo en el siglo XXI a favor de las transformaciones a nivel nacional, regional y mundial, ya que los poderes económicos dominantes ejercerán su resistencia contra este proceso. Lo que no debemos olvidar es que cualquier proceso hacia el socialismo debe hacerse sostenible sobre bases no sólo sociales y políticas, sino también económicas y ecológicas y esas ideas emergen de los nuevos paradigmas del ambientalismo, significa una nueva cultura. Cultura creada mediante el proceso de educación general, la formación integral y la información.

     El socialismo en el siglo XXI presupone un discurso que se opone al pesimismo del pensamiento de que no existe otra opción que el capitalismo y la destrucción de la Humanidad y se sostendrá sobre bases ecológicas. Sin pretender que el ecologismo sustituya al socialismo ni que exista sólo “un socialismo del siglo XXI”. Se trata del reconocimiento de las especificidades y rasgos distintivos de los diferentes contextos para la aplicación de soluciones racionales que sean colectivas, solidarias, y participativas, vale decir socialistas, como fruto de la acción voluntaria y consciente aplicada a la escala del mundo pero en el reconocimiento de las diferencias de cada contexto.

BIBLIOGRAFIA Y REFERENCIAS

 


[1] Engels, F. 1877 “Carlos Marx”. En Obras Escogidas página 390.

[2] Castro, F. 1992 Prefacio. Discurso pronunciado en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río de Janeiro,.

[3] Kovel, J. ; Löwy, M.: Manifiesto Ecosocialista. En Capitalism, Nature Socialism vol. 13 (1) marzo 2002

[4] Luna , A. 2003 “Política Ambiental y Cambio Social en la última década en Cuba”. Resultado 3

del Proyecto de Investigación “Fundamentos teóricos para abordar la cuestión ambiental desde el pensamiento sociofilosófico cubano”. Informe técnico en Instituto de Filosofía. CITMA

[5] Según Kovel y Löwy 2002 “El ecosocialismo mantiene los objetivos emancipatorios del socialismo de primera época y rechaza tanto las metas reformistas, atenuadas, de la socialdemocracia, como las

estructuras productivistas de las variantes burocráticas de socialismo. En cambio, insiste en redefinir tanto la vía como el objetivo de la producción socialista en un marco ecológico.

[6] Luna , A. 2004“ Gestión ambiental y sus posibilidades parala concertación social”. Resultado 5.2

del Proyecto de Investigación “Fundamentos teóricos para abordar la cuestión ambiental desde el

pensamiento sociofilosófico cubano”. Informe técnico en Instituto de Filosofía. CITMA.

[7] Engels, F. 1877 “Carlos Marx” . En Obras Escogidas página 390.

[8] Funes, García, Bourque, Rosset y otros editores 2001 Transformando el campo cubano, avances de una agricultura sostenible. Aociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales de Cuba. ISBN 959-246-032-9

[9] Pérez Rojas, N; Gozález Mastrapa, E y García Aguilar, M. Compiladores 1999: Cambios tecnológicos, sustentabilidad y participación. Universidad de La Habana facultad de Filosofía e Historia. Editorial del Movimiento Cubano por la Paz.

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