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Problemática Hídrica y Gestión de Recursos Hídricos en América Latina.

Enviado por SOCIEDAD el 02/10/2010 a las 0:23

1278555899530-oro.jpgProblemática Hídrica y Gestión de Recursos Hídricos en América Latina.[1]

Riesgo, Hidrohegemonía y Derecho Humano.

 

Por Mirta Malvares Miguez[2]

 

Especialista en Desarrollo Endógeno y Cooperación Internacional. Docente Investigador de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), Argentina. CEHAU - FAUD / Facultad de Humanidades–Departamento de Geografía de UNMDP.

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E-mail: mirtamalvares@yahoo.com.ar

 

Introducción

En los escenarios internacionales a partir de los años 90, se debaten dos fenómenos críticos: La Crisis Ambiental Planetaria y La Crisis de Escasez de Agua. La primera por agravamiento de las condiciones socio - ambientales, genera la aparición de una nueva variable en el discurso del desarrollo: el requisito de la Sustentabilidad Ambiental, bajo el Paradigma del Desarrollo Sustentable. (Declaración de Río, 1992).

     La Crisis de Escasez de Agua, en función de las demandas proyectadas a futuro es equiparada a la del petróleo de los años 70, por lo cual se define al recurso hídrico como el “Oro Azul” del Siglo XXI, y es declarado un bien con valor a partir de los Principios de Dublín (1992). Bajo tal concepción en el II Foro Mundial del Agua (La Haya, 2000) se establece la Visión del Agua impulsada por un bloque hegemónico de actores trasnacionales organizados en red a nivel global, basada en el manejo de las demandas a nivel de las cuencas en forma competitiva, y su implementación como política publica en los Estados Nación latinoamericanos con un horizonte de 25 años, mediante reformas legales e institucionales (de segunda generación) que permitan la promulgación de la Ley de Aguas bajo el Paradigma de la Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH)

     En el presente trabajo, se aborda el análisis de la problemática hídrica y de la Gestión de Recursos Hídricos a la luz de las consideraciones teórico conceptuales de la Sociedad del riesgo en el seno de la modernidad,  a través de los siguientes ítems: I. Producción del Riesgo Hídrico, II. Construcción del riesgo de Crisis de Escasez, III. Escasez y mercantilización del recurso, y  IV. Política y Subpolítica.  Emergencia de los Movimientos Sociales en defensa del agua.

     Como conclusión puede considerarse que la problemática hídrica se inscribe en el proceso de cambio de la sociedad industrial hacia la sociedad del riesgo, al identificarse la producción del deterioro y agotamiento de los recursos hídricos y la construcción del riesgo de escasez que concluye con la formulación de un cambio paradigmático de manejo como auto modificación reflexiva, y aprovechamiento mercantil por parte de actores trasnacionales de la modernidad tardía que se benefician del riesgo en territorios no propios, mediante la implementación de un modelo hegemónico de gestión y la generación de un proceso de conflictividad de actuación subpolítica, por parte de actores que se ven afectados, cuya posición axiológica con respecto al valor del recurso es contra hegemónica.

Una aproximación de análisis desde la perspectiva de la Sociedad del Riesgo.

Consideraciones teórico conceptuales.

El sociólogo alemán Ulrich Beck, a través de su obra publicada en 1986, Risikogesellschaft Auf dem Weg in eine andere Moderne, es quien ha contribuido al desarrollo de una teoría de la sociedad del riesgo, en la cual es posible distinguir dos conceptos fundamentales: el concepto de sociedad del riesgo y el de modernidad reflexiva, ambos estrechamente relacionados. El argumento básico de la sociedad del riesgo es el reconocimiento de un proceso de cambio social de la sociedad industrial hacia la del riesgo, en la cual la producción del riesgo antrópico y la individualización[3], son los predominantes. La modernización se transforma en reflexiva al cuestionar sus propias instituciones y producir auto modificaciones en la ciencia, la tecnología, el progreso o el industrialismo considerados causantes de los riesgos. La lógica de reparto de riqueza de la etapa industrial (paradigma de la desigualdad) es sustituida por la de reparto del riesgo, que sigue a la anterior lógica y se solapa con ella.

     El riesgo producido por el desarrollo económico y técnico científico del proceso modernizador se constituye en amenaza para las propias bases de sustentación de la sociedad en forma global, atravesando fronteras físicas, jurisdiccionales y sociales, caracterizado por su efecto bumerang, ya que se vuelve contra quien lo produce. No obstante, las causas del riesgo y la responsabilidad por el mismo se diluyen en una multiplicidad de actores y condiciones dentro del propio sistema. La ciencia es considerada por Beck, como causante y definidora de los riesgos, es decir construidos social y científicamente, así como fuente de soluciones a los problemas que genera aumentando la cientificación, y la  incertidumbre propia ante problemáticas complejas.

     Según Giddens (1996), la intervención tecnológica en la naturaleza es la condición del desarrollo de sistemas abstractos, como el abastecimiento de agua, pero de igual modo afectan otros aspectos de la vida social moderna creando riesgos, en tanto la socialización de la naturaleza se ha incrementado y se ha globalizado de tal manera que la interdependencia supone una mayor vulnerabilidad cuando sucesos desfavorables afectan a esos sistemas como un todo. En este sentido, la ciencia es cuestionada por la sociedad y por la misma ciencia. No obstante, existe un monopolio del conocimiento en el cual la ciencia y los expertos son los depositarios de la definición y el diagnostico de los riesgos, legitimándolos bajo una racionalidad científica confrontada a la social.

     Por lo tanto, el proceso de construcción social de los riesgos es un proceso complejo en el que intervienen distintos actores sociales.  Los actores críticos a la ciencia, a su vez se cientifican para legitimar sus posiciones en situaciones conflictivas. Esto ultimo lleva a la consideración de la relación entre ciencia y política en la democratización del conocimiento, a la necesidad de la sociedad de reinventar continuamente las instituciones políticas, como la de ejercer nuevas formas de hacer política, la subpolítica, con la que Beck define la acción transformadora fuera de las instituciones representativas del sistema político. Según el autor, nuevos sujetos producto de la modernidad forman una comunidad no territorial de riesgo, son movimientos mundiales que propugnan valores y objetivos cosmopolitas, sitúan la globalidad en el núcleo de la organización y no tienen raíces nacionales y los diferencia de los capitalistas globales que operan en el marco transnacional para el desarrollo de sus negocios.

     En este sentido, Bauman (1999) señala la tensión entre dos tendencias aparentemente contradictorias: la globalización y la localización (glocalización), dado que ambas tienen una misma raíz, La globalidad, marca la progresiva separación entre poder (global) y política (local) por la fluidez del capital financiero extraterritorial que franquea las restricciones de tiempo y espacio gracias a la información,  mientras la localización, sigue siendo el espacio territorial de la política y pierde significación como sede de la economía, o cultura autónoma y autosuficiente ante el flujo de capitales.

     Al respecto de las instituciones políticas existentes, el autor afirma que  están abandonando o recortando su papel en referencia al establecimiento de la agenda, el cual es cedido a fuerzas ajenas a las instituciones, en particular asociadas con mercados financieros y sus productos, es decir se asiste a la limitación de la funciones reguladoras del Estado. La Agenda, en tal situación, no puede ser construida políticamente sino que lo es a través del verdadero poder global de los capitales extraterritoriales y el rol del Estado se reduce al control directo de ciertas categorías sociales como los pobres considerados consumidores defectuosos y a clases sociales peligrosas excluidas de la agenda del mercado,  La agenda se cristaliza como efecto ulterior o lateral de las operaciones de mercado, no las precede como motivo ni como intención deliberada. Es un “producto natural”, ni racional ni irracional, solo -es- sin mas alternativas para los políticos. De hecho, continúa Bauman, el elemento de -acción deliberada- del producto final esta encubierto.

    En este contexto “glocal”, los movimientos sociales emergen como un desborde de la institucionalidad. Para Luhman, (1998) los movimientos de protesta son un fenómeno especifico de la modernidad, que no entra en ningún esquema de diferenciaciones sociales, concebido bajo el concepto de Nuevos Movimientos Sociales (NMS), de cuestionable limitación teórica para el autor, que prefiere en este sentido referirse al concepto de movimientos de protesta como forma comunicacional que reclama la responsabilidad para expresar insatisfacción, ofensas y perjuicios “a otros”. Los describe como sistemas autopoiéticos en tanto “la protesta es la forma y el tema es el contenido, y ambas cosas juntas ponen en marcha una reproducción de la comunicación que permite al sistema distinguir entre actividades inherentes y ajenas”, construido dentro del mismo sistema cuyas causas se hallan en el entorno y son utilizadas para una protesta actualizada. La continuidad de la protesta como movimiento, se basa en la selección de un tema específico y su conservación como tal como crítica social. De esta manera los temas pueden alcanzar la consideración (del entorno) y penetran en las agendas políticas.  Con respecto a la perdida de posición central de las protestas en contra del uso de los bienes escasos en la etapa del Estado Benefactor, que afirma el autor, (pp.183), en la actualidad esta tendencia se ha revertido. 

     En el escenario social contemporáneo la -problemática del riesgo- surgida en los años 90, se refiere a una practica discursiva  y su uso sociopolítico para legitimar políticas (o desacreditarlas), construida en base a un lenguaje críptico basado en modelos probabilísticos sobre la ocurrencia de un riesgo a futuro. De esta manera se codifican las incertidumbres, y se organizan la percepción y respuesta a los mismos por parte de la sociedad a partir del juego de relaciones entre diferentes racionalidades, intereses y pautas culturales. Esto ha conducido a definir la modernidad como una cultura del riesgo. Así, el riesgo se constituye en un dispositivo biopolítico de la modernidad, tanto bajo condiciones inherentes a la propia idea de riesgo, como a las transformaciones institucionales en el contexto de la globalización, representando un poderoso mecanismo para la intervención política sobre la vida humana. (Mitjavila, 2006).

    Ante estas consideraciones previas, se propone el análisis de la problemática hídrica a través de cuatro ítems: I. Producción del Riesgo Hídrico, II. Construcción del riesgo de Crisis de Escasez, III. Escasez y mercantilización del recurso, y  IV. Política y Subpolítica.  Emergencia de los Movimientos Sociales en defensa del agua

I- Producción del Riesgo Hídrico.

Se aborda la génesis de la problemática hídrica actual y el proceso de destrucción temprana de las bases hídricas, entendida como efecto secundario del progreso y la industrialización, sobre las que se ha asentado el desarrollo capitalista en la modernidad. En base a la visión sobre el recurso y sus modalidades de manejo partir de la modernización se pudo establecer la relación histórica entre desarrollo capitalista, manejo del agua y disponibilidad (Malvares Miguez, 2004), a fin de definir las etapas en el manejo del agua.

     -La visión moderna de los 60 (industrialización, urbanización y tecnología agroindustrial de la Revolución Verde) bajo el modelo basado en el manejo de la oferta sectorial con altas tasas de producción y consumo, cuyos efectos nocivos fueron reconocidos por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua de Mar del Plata ( Argentina 1977) , en la cual convoca al examen y evaluación de las grandes cuestiones de la  política de agua, en referencia a la situación mundial, las necesidades y la disponibilidad del recurso.

     -La visión mercantil de los ochenta, denominados como la “década perdida”, “caracterizados notoriamente por el renacimiento y expansión de la ideología neoliberal y de la dinámica mercantil a escala planetaria y por su tendencia a colonizar casi todos los espacios de la vida social, incluyendo el de la cultura del agua” (Castro, 2005). En estos años, el modelo de manejo se profundizo en el contexto de los cambios estructurales en los países latinoamericanos, en los cuales la sustitución de importaciones y la industrialización de los años 70, y sus consecuencias ambientales, deja paso a la apertura al comercio exterior mediante la promoción de las exportaciones de algunos sectores y principalmente de la agricultura. Paralelamente, el crecimiento urbano de estos países creció desde los 70 y se acentúo en la década de los 80. En esta etapa fueron desconocidas las directrices de Mar del Plata y los recursos hídricos fueron tratados en forma fragmentaria (Calcagno, 2000). 

     -La visión competitiva de los 90 en el marco de la economía global de mercado a partir de la definición de Escasez Mundial del Agua en función del supuesto de las demandas crecientes.  Los gobiernos nacionales comenzaron a liberar los mercados, a suprimir las políticas intervencionistas y distributivas, y a privatizar los servicios públicos esenciales, como el agua de abastecimiento. El Estado reconvertiría su rol como factor de soporte de las inversiones privadas, bajo los instrumentos del monopolio sobre el ciclo de agua artificializado del cual depende la totalidad de las actividades. De esta manera se opera un cambio de la visión y modalidad capitalista desde el productivismo basado en el manejo la oferta a la gestión de la competitividad de la demanda, para el control de las fuentes, asignación de usos y distribución.

     Las dos primeras etapas identificadas, se corresponderían a la primera fase o periodo de latencia, según Beck (op. cit), en la cual se generan de forma automática y sistemática amenazas de las que no se es consciente en el debate público.  En la última etapa se alcanza la segunda fase al quedar legitimado el riesgo de escasez. A partir de entonces aparecen los conflictos sobre su distribución y  responsabilidades, en el momento en el que los peligros socavan y/o anulan los sistemas de seguridad establecidos en el estado de bienestar, y tiene su manifestación en la relación de la sociedad con los recursos de la naturaleza y la cultura.

II- Construcción de la Crisis de Escasez

En el contexto de la globalización, la declaración de crisis de escasez hídrica mundial como problema a futuro inicia un proceso de reflexividad. La reflexividad se manifiesta en el seno del sector hídrico global con respecto a la contribución de las modalidades de manejo al agotamiento y deterioro del recurso. Se responsabiliza a la “política de agua” que operó bajo un modelo unívoco y unidireccional de manejo de los años 60 a los 90. La incorporación en el discurso de la agenda internacional del problema de escasez, como condición universal, por demandas crecientes “a futuro”, pone fin a la etapa de latencia y se legitima la escasez como riesgo. La expansión del riesgo de escasez hídrica futura en forma global, atendiendo a Beck “lo eleva a un nuevo nivel: el negocio del riesgo”. 

     La -solución universal-  se plantea en base a un cambio paradigmático en la gestión hídrica bajo el modelo de Gestión Integrada de Recursos Hídricos (GIRH). Es legitimada científica y técnicamente por el sector hídrico hegemónico bajo una racionalidad instrumental, en base a la evaluación de los recursos hídricos disponibles en función de dos variables: el crecimiento poblacional y las demandas crecientes a futuro.

     Se inicia así un proceso de conflictividad entre actores técnicos y científicos por los instrumentos utilizados en la evaluación de los recursos hídricos. En ámbitos académicos con una visión alternativa a la hegemónica, se propone otro tipo de evaluación teniendo en cuenta la complejidad ambiental puesta en juego en el ciclo hídrico artificializado, y plantean que el problema de escasez es su distribución y accesibilidad, y no la cantidad de agua existente.

     Fantini (2003), asevera que el tema de la crisis hídrica no es simple consecuencias de recursos naturales escasos y limitados. Las demandas del agua, crecientes y diversas son las que adquieren protagonismo, por cuanto existen dos factores cruciales que tienen un impacto determinante en la crisis: la pobreza, y la imposibilidad de mantener los actuales consumos.

     Gleick, (1994) afirma que las demandas no son independientes de las necesidades humanas específicas y de la disponibilidad real local y junto a Ávila García (2002), rebaten el supuesto de crisis de escasez global sustentado sobre proyecciones realizadas a partir de evaluaciones de la disponibilidad de recursos hídricos en función de las demandas futuras en sólo dos dimensiones.  La escasez, según la autora, no se limita a la relación entre crecimiento poblacional y demanda de agua, ya que deben considerarse factores de tipo socioeconómico, tecnológico y ambiental. En tal sentido, afirma que tal enfoque es limitado, dado que no incluye las relaciones sociales que definen tanto el uso y manejo del recurso como su acceso y distribución y es a partir de la conflictividad en estas relaciones que el agua se convierte en un -recurso político- por las tensiones generadas por la acción e interacción de actores (transnacionales, nacionales, locales, movimientistas, y de la sociedad civil), en las cuales se dirimen objetivos públicos y diversidad de intereses, por lo cual deberían encararse estudios a escala mundial basados en:

• Los patrones diferenciales de consumo de agua, y su huella ecológica  que dependen fundamentalmente del nivel socioeconómico de cada país, en función de la demanda diferencial entre países ricos y pobres;

• analizar las relaciones entre los niveles de bienestar social con la disponibilidad de agua por país, a partir de considerar factores físicos y sociales, como el Índice de Pobreza Hídrica  (Lawrence et al. 2002), el cual mide el grado e impacto de la escasez en la población humana;

• Los impactos cualitativos de las actividades industriales que afectan la disponibilidad y “que se localizan en los países ricos o de acuerdo a las ventajas comparativas de los países pobres (alta disponibilidad de recursos hídricos, bajos impuestos, nulos requerimientos ambientales) se van asentando en ellos e incluso se mueven de acuerdo a los cambios”,

• El impacto del cambio climático sobre la disponibilidad de los recursos hídricos, elemento “no incorporado en las evaluaciones globales debido a la incertidumbre y complejidad que lleva asociado este proceso”.

     No obstante, la mayoría de los estudios de evaluación de los recursos hídricos, abonan el supuesto de escasez mundial y delimitan zonas criticas, en función de las dos variables en términos de disponibilidad: el crecimiento demográfico relacionados a la urbanización y a la pobreza, y el consumo de los usos consuntivos sectoriales, en especial el agrícola, por países o regiones en relación al grado de desarrollo alcanzado.

III – Escasez y mercantilización del recurso.

El riesgo de escasez como construcción hegemónica surge de la posibilidad de mercado de actores trasnacionales organizados en red  (información) legitimados por el saber de expertos del sector (ciencia), los cuales  establecen mecanismos de  manipulación simbólica acerca de la cuestión de la escasez en los Foros Internacionales de Agua (que se difunden por medios de comunicación masiva) a fin de promover la implementación de la GIRH como Políticas Publicas en los escenarios nacionales mediante reformas legales e institucionales en el sector, sin conformar la agenda publica pero si la gubernamental.

     En la actualidad, la gestión de los recursos hídricos de los Estados en desarrollo en particular y del cómputo de Estados existentes en general se está viendo,  como tantos otros programas de políticas públicas, influenciada por estas políticas de la globalización y, por tanto, las motivaciones de ésta viene estando cada vez más fundamentada en discursos y acciones tomadas por las estructuras globales que han ido surgiendo (Díaz Alpuente, 2007). El autor hace alusión a la gobernabilidad global del agua a partir de la creación de un Sistema Internacional del Agua que condiciona, con sus discursos y sus prácticas, la política en torno a este asunto de los Estados en desarrollo, es decir de aquellos Estados más permeables a la influencia global del sistema internacional.

     En tanto, las políticas públicas que surgieron como herramientas para la construcción de la agenda gubernamental en el Estado de Bienestar, cuyo rol estaba dado por la responsabilidad en la totalidad de la gestión social, según López Becerra (2007), en la última década se han constituido en una forma de articulación entre la sociedad civil y el Estado, y en una estrategia clave para la legitimación de la acción gubernamental en el marco del modelo neoliberal, de esta manera afirma el autor, una problemática se convierte en punto de partida para la formulación de una política pública cuando existen actores sociales y políticos con capacidad para incidir en la agenda gubernativa y en la selección de los temas y estrategias que determinan la acción institucional.

     Con respecto a la GIRH analizada desde las políticas publicas, y el concepto  de Hidrohegemonìa[4] (Malvares Miguez, 2007-2009) , se observa la construcción de un modelo top down, con dos instancias articuladas mediante actores transnacionales: una primera fase, constituye los lineamientos dados por bloques hegemónicos con predominio del escenario internacional en la formulación de la política hídrica, y una segunda, en escenarios nacionales o plurinacionales para la implementación de políticas sectoriales en los escenarios de territorios locales.

     Los actores trasnacionales que desarrollan un rol dominante en ambas fases constituyendo el Bloque Hegemónico son: El Banco Mundial (BM), El Consejo Mundial del Agua (WWC) en la fase de formulación (Visión) y la Asociación Mundial del Agua (GWP), esta última tiene como finalidad establecer los Principios Rectores de la GIRH, la creación de los -Foros Mundiales- del agua cada tres años, una acción preponderantemente operativa organizada en red para la implementación de la GIRH, denominada  Marco para la Acción. Los actores sociales subordinados (no hegemonía) en la arena política con un interés común corresponden a los comités regionales y nacionales de los países periféricos.

     Según Jouralev (2001), en Latinoamérica, a pesar de las diferencias regionales las reformas legales e institucionales  a fin de establecer la GIRH tiene características comunes: Administración de cuencas , Reducción del papel del Estado, Desplazamiento de las funciones del Estado hacia la supervisión, fomento y regulación, Descentralización hacia los gobiernos locales, Interés de utilizar instrumentos económicos y de mercado (precios, derechos transables) para la asignación del agua, a fin de proteger, posibilitar y promover la participación e inversión privada, en la gestión de los recursos hídricos y la prestación de servicios públicos, para reducir la presión sobre los presupuestos estatales y reorientar el gasto público hacia otras demandas políticamente mas urgentes,

IV- Política y Subpolítica.

La existencia de actores globales que producen y se benefician de los riesgos y de actores locales afectados revela la pluralidad conflictiva en la definición política del riesgo en función de valores e intereses contrapuestos. Se constata así, según Beck, la fractura entre la racionalidad científica (hegemónica), y la racionalidad social que compiten por su preeminencia. La emergencia de los Movimientos Sociales en defensa del agua, como “socialización del riesgo de escasez”, convierte a este en una base para la organización de las comunidades afectadas por fuera de las instituciones representativas del sistema político en sus territorios locales nuevas formas de hacer política, la subpolítica, con la que Beck define la acción transformadora fuera de las instituciones representativas del sistema político, los cuales se expresan y debaten mediante la movilización política en el marco trasnacional, y no en los ámbitos nacionales. Proceso denominado por Beck, como una nueva dialéctica de cuestiones globales y locales (glocalidad) que no tienen cabida en la política nacional, enmarcados en la glocalización abordada por Bauman (1999).

     Svampa (2007), plantea la existencia de una segunda etapa de profundización de la globalización marcada por la generalización de un modelo extractivo exportador, militarización y TCL que inciden directamente sobre los recursos naturales, y caracteriza las dimensiones de los MSLA[5] (territorial, acción directa no institucional, las formas de democracia directa y la demanda de autonomía, que configuran un “ethos militante”)  que permiten pensar en alternativas de emancipación ligadas a la defensa proactiva de la vida y la biodiversidad en un contexto de cambios en el escenario político de la región.

     La visión alternativa de los movimientos en defensa del agua se hayan enmarcados en las luchas antiglobalización, coinciden en la criticidad pero interpretan que la definición de escasez es un instrumento para justificar la intervención privada en la gestión del agua. Definen  el recurso como bien social y derecho humano. De esta manera, se verifica la constitución de sujetos de reflexión colectiva que muestran una ruptura de la escala territorial local para conformar redes que aumentan las acciones y dimensionan espacios políticos globales (foros internacionales), identificándose dos etapas: de surgimiento (defensiva) en el marco de los reclamos por los derechos humanos, y consolidación (propositiva), en la construcción de un modelo alternativo de gestión comunitaria (Malvares Miguez, 2008), que daría cuenta de la reapropiación del espacio de vida local con formas colectivas de gestión de los asuntos públicos dando lugar a las luchas sociales por el agua.

     La emergencia y visibilidad de las luchas de la acción colectiva como forma de resistencia a la globalización y al efecto de las políticas neoliberales en los escenarios de transición democrática latinoamericanos, muestran una ruptura de la escala territorial para conformar redes que aumentan las acciones y dimensionan espacios políticos globales: los Foros Alternativos del Agua.

     Las reuniones de Cumbre de la Tierra en Johannesburgo (2002) y el Foro Mundial del Agua en Kioto (2003), organizado por el Banco Mundial y el Consejo Mundial del Agua, han sido controversiales, por las críticas de las ONGs movimientistas a la representatividad de dicho Consejo, lo que constituye una etapa defensiva de los MS respecto a la influencia de instituciones financieras internacionales, grandes corporaciones multinacionales y organizaciones no gubernamentales ligadas a sus intereses,  gobiernos y sectores privados que ven en el agua una mercancía y no un derecho humano.

     Los movimientos sociales en defensa del agua, nacen a partir del Foro Social Mundial de Porto Alegre y del Manifiesto del Agua (1998). Impulsaron procesos de construcción de redes temáticas, y se consolidan a partir del 2006 en el Foro Internacional en defensa del agua, en México como foro alternativo a IV Foro Mundial del Agua, con dos antecedentes de las luchas populares en defensa del agua: la Guerra del Agua en Bolivia (2000) y el Plebiscito Constitucional sobre el Agua de Uruguay (2004). Esto plantea a los Movimientos Sociales, el desafío de la construcción de un nuevo modelo de gestión, basado en el agua como -bien social- lo cual constituiría una etapa ofensiva en la promoción de un nuevo modelo (Santos, 2006)

     La evolución de las propuestas de los Movimientos Sociales con respecto a la gestión del agua, según Declós i Ayats  (2008), registra importantes avances en los ámbitos alternativos a los Foros Mundiales de la GIRH, tales como FAME (2002) para promover el derecho al agua, bien común de todos los seres vivos, FIDA (2006), acceso al agua en calidad y cantidad para satisfacer las necesidades básicas humanas, y AMACCE (2007)  el agua como derecho humano indivisible e imprescriptible. No obstante los avances en sus reclamos de las redes sociales organizadas a los hacedores mundiales de la política hídrica, en el último Foro Mundial del Agua (México, 2006) no se llegó a consensuar su reconocimiento por parte del mismo sobre el agua como Derecho Humano, pero si cuatro países (Cuba, Venezuela, Uruguay, y Bolivia) firmaron una complementaria a la declaración ministerial del Foro, considerando al agua como Bien Común y dejaban establecido: El Derecho Humano Fundamental, la exclusión del agua de la OMC, de los TLC reafirmando el derecho soberano de usos y servicios, abolición del CIADI, y gestión pública, comunitaria y participativa. 

     En el 2009, en el Foro Mundial de Estambul (2009) los movimientos hicieron un llamamiento a los Estados y a la ONU para la organización de Foros mundiales y que este fuera el ultimo Foro organizado por el Consejo Mundial del Agua.  El 28 de julio del 2010, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró que el acceso al agua potable y al saneamiento es un derecho humano.

     Si el agua es reconocida como un derecho humano fundamental, la noción de que es al Estado a quien corresponde la obligación de garantizarla en forma de servicio de agua potable y saneamiento obligaría a las naciones del mundo a confrontar los problemas de su preservación desde una perspectiva de supervivencia, ajena a los intereses de beneficio económico y si el agua como bien público-derecho humano está amenazada por problemas graves, es a la ONU a quien corresponde convocar a los gobiernos del mundo para enfrentar tamaña amenaza, no al Consejo Mundial del Agua, organización que agrupa y representa a las corporaciones transnacionales del agua  (Arconada Rodríguez  2006)

Conclusiones

A partir de dicho análisis  puede observarse que la problemática hídrica se inscribe en el proceso de cambio de la sociedad industrial hacia la sociedad del riesgo, al identificarse la producción del deterioro y agotamiento de los recursos hídricos por patrones de producción y consumo del modelo de desarrollo capitalista de la sociedad  industrial, y la construcción del riesgo de escasez que concluye con la formulación de un cambio paradigmático de gestión como auto modificación reflexiva, y aprovechamiento mercantil por parte de actores trasnacionales de la modernidad tardía que se benefician del riesgo en territorios no propios, mediante la implementación de un modelo hegemónico de gestión basado en la competitividad, y la generación de un proceso de conflictividad de actuación sub política, por parte de actores que se ven afectados, cuya posición axiológica con respecto al valor del recurso es contra hegemónica. Surgen así nuevas desigualdades internacionales, ya que los países centrales industrializados cuya prioridad es el crecimiento económico, son quienes bajo la amenaza real de la perdida del recurso como insumo básico producen, construyen, trasladan el riesgo y lo mercantilizan a los países periféricos condicionando su soberanía. Así el riesgo hídrico es convertido en una cuestión política en función del reparto del mismo en los territorios nacionales que se solapa con la lógica de la desigualdad, y fortalece la sociedad de clases en la región latinoamericana. A través de la emergencia y la acción de los Movimientos Sociales en defensa del agua, se visualiza una vía de transformación, mediante la cual se observa una incipiente tendencia a la construcción política de la agenda pública en los Estados de la región con respecto a la gestión del recurso.

 

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Svampa, Maristella (2007) Movimientos Sociales y Escenario Político: Las Nuevas Inflexiones del Paradigma Neoliberal en America Latina. Observatorio Social de América Latina- CLACSO.

 



[1] Esta temática corresponde al Plan de Tesis sobre Hidropolitica, presentado por la autora al Doctorado en Ciencia Política. en curso. UN Rosario Argentina

 

 

[2] Licenciada en Ecología y en Conservación de Recursos Naturales Renovables. UNLP Argentina. Especialista en Desarrollo Endogeno y Cooperacion Internacional. UPV- España. Docente Investigador UNMDP. Profesor Titular Medio Ambiente y Ordenamiento Ambiental. UNMDP :Argentina

 

[3] La individualización, es un proceso de desvinculación y revinculacion con nuevas formas de vida que no se reduce a lo privado, sino que se extiende a la política a través de una construcción del individuo mediante una compleja interacción discursiva en el estado de bienestar.

 

[4] El concepto de Hidrohegemonìa proveniente de la escuela neogramsciana (Cox,  1981) es un término escasamente utilizado y está vinculado con el enfoque hidropolitico principalmente (aunque no necesariamente) a nivel de cuencas internacionales sobre el comportamiento inconsulto de grandes potencias regionales o de las empresas multinacionales de agua que utilizan la cuenca como una unidad de seguridad. El autor plantea que a diferencia de la dominación, la hegemonía supone la legitimación del poder a través de la autoridad de los actores dominantes, es decir la aceptación de las normas o políticas bajo un interés común que de ella emanen por parte de los subordinados (no hegemon) para obtener beneficios en situaciones (económicas) de pocas alternativas y disminuyendo los costos de transacción ( distribución del poder), y cuyas estrategias para salvar las diferencias en las arenas políticas se realiza mediante el control de la ideas (revolución pasiva). (Jeroen, 2008)

[5] Movimientos sociales latinoamericanos

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