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Leonardo Boff (1938- )

Enviado por SOCIEDAD el 01/11/2010 a las 11:31

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Leonardo Boff (1938- )1

 

Por Luis Gerardo Díaz Núñez2

 

LG.jpgDoctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Profesor de Sociología de la FES-Aragón-UNAM y de la Escuela de Diseño del INBA (EDINBA). Miembro del Centro de Estudios Sociales Antonio Gramsci,  Sociedad de Estudios Culturales Nuestra América, la Comisión de Estudios de Historia de la Iglesia en América Latina (CEHILA), entre otras.   E-mail:boagilbert@hotmail.com

 

Leonardo Boff, cuyo verdadero nombre es Genesio Darcy, nació e1 14 de diciembre de 1938 en Concordia, estado de Santa Catarina, Brasil. Sus abuelos fueron inmigrantes, vinieron de Peltre y de Seren del Grappa, en la región del Véneto en el norte de Italia. Llegaron a Río Grande do Sul y se instalaron en Guaporé, en el extremo sur de Brasil a fines del siglo XIX. Posteriormente, en los años treinta sus padres se trasladaron a Concordia. Esta región se encontraba casi virgen en aquellos años. Su padre, quien había sido seminarista en su juventud se desempeñaba en la comunidad como maestro, sacristán, farmacéutico, partero y juez de paz. Su madre, dedicada a las labores del hogar y al cuidado de once hijos, "nunca aprendió a leer pero aprendió a vivir", como lo afirma Leonardo Boff, quien es el mayor de sus hijos. Entre sus hermanos esta Clodovis Boff, sacerdote de la orden servita y teólogo de la liberación. La presencia y trabajo de su padre al servicio de la comunidad lo influyó notablemente en su etapa de formación. Educado en una perspectiva más evangélica que eclesiástica.

     A los once años ingresó en un seminario menor de la ciudad de Petrópolis, en las cercanías de Río de Janeiro, Brasil, donde realizó estudios formativos en humanidades, así como de griego y latín, los cuales domina con tanta soltura como el portugués. De ahí pasó al seminario mayor en la misma ciudad donde cursó estudios superiores de Filosofía y Teología. Tres hombres marcaron su pensamiento, Paulo Evaristo Arns, Constantino Koser y Bonaventura Kloppenburg; de ellos aprendió a conce­bir la Teología como un acto creativo y no como simple repeti­ción de la tradición. En 1961 obtuvo el grado de Filosofía en la Cd. de Curitiba y en 1965 el de Teología en la Cd. de Petrópolis.

     En 1964 recibió la ordenación sacerdotal con los Frailes Menores (ofm), mejor conocidos como franciscanos, orden a la cual pertenecía desde 1959.

     En 1965 viajó a Alemania y permaneció hasta 1969, donde hizo estudios de posgrado obteniendo el grado de doctor en Teología y en Filosofía en la Universidad de Munich, Alemania, en 1970. También realizó estudios avanzados en universidades como Lovaina, Wurzburg y Oxford. Ya desde aquellos años en Europa comenzó sus reflexiones sobre lo que sería la teología de la liberación. En América Latina, particularmente en Perú, Gustavo Gutiérrez ya trabajaba en esa misma línea durante esos años. A su regreso a Brasil, en 1970, comenzó a escribir su libro: Jesucristo liberador, un clásico de la teología lati­noamericana del siglo XX, ya con una perspectiva propia de la liberación y que pugnaba por anunciar el evangelio de Jesucristo al pueblo pobre, oprimido, hambriento de la Ama­zonia y de las zonas marginadas urbanas en su natal Brasil; reflejo de la pobreza y exclusión en toda Latinoamérica.

     Durante 22 años fue profesor de Teología sistemática y ecuménica en Petrópolis, en el Instituto Teológico de los francis­canos, profesor de Teología y espiritualidad en varias universi­dades en Brasil, así como profesor visitante en universidades como Basilea (Suiza), Heidelberg (Alemania), Salamanca (España), Harvard (Estados Unidos), Lisboa (Portugal). Actual­mente ocupa la cátedra de Ética, Filosofía de la religión y Ecología en la Universidad del estado de Río de Janeiro, la cual obtuvo desde 1993 y continúa con su trabajo como teólogo en diversos centros y universidades en Brasil, y en diversas partes del mundo colabora como profesor invitado. Es doctor Honoris Causa de diversas universidades, entre ellas, Turín (Italia), Lund (Suecia). Ha recibido premios en el nivel inter­nacional por su lucha a favor de los pobres y marginados, así como por su defensa de los derechos humanos. En 2001 recibió el premio Nobel alternativo en Estocolmo (Right Livelihood Award). Entre las funciones que ha desempeñado destacan: asesor de la Conferencia Episcopal Brasileña y de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (clar). Participó en el Consejo Editor de la Editorial Vozes e incluso llegó a ser su director. En esos años, bajo su dirección fue publicada la importante colección Teología y Liberación y la Revista de Cultura Vozes. Fue redactor de la Revista Eclesiástica Brasileña y miembro del consejo de redacción de la Revista Internacional de Teología Concilium.

BOFF.jpgHa escrito más de 60 libros, muchos de ellos traducidos a di­versos idiomas así como una gran cantidad de artículos que circulan en medios impresos y por la Internet. Sin lugar a dudas es uno de los intelectuales latinoamericanos más com­prometidos con el pueblo pobre: obreros, campesinos, indígenas, pepenadores y con las mujeres por la equidad de género, así como con la lucha por una ética planetaria que res­pete a la ecología y la creación natural y humana como don de Dios. Su obra y acción ha marcado a miles de cristianos y no cristianos en América Latina. Su contribución a las humani­dades, las ciencias sociales y en particular a la teología han quedado de manifiesto en su prolífica obra y en la praxis que testimonia su compromiso y que sigue alentando la acción de los cristianos y la Iglesia de los pobres como alternativa a una Iglesia estancada, autoritaria, centralista, jerarquizada, cer­cana a los poderosos y por lo tanto conservadora, tradicionalista, ajena y ciega ante el clamor del pueblo pobre de América Latina y en general de todo el mundo, preocupada por mantener sus canonjías y privilegios, sus espacios y cotos de poder; alejada tristemente del evangelio predicado por Jesús y muy cercana al poder institucional vacío y alienante.

     Precisamente esta línea de pensamiento crítico le hizo víc­tima de un hostigamiento violento e irracional por parte del Vaticano, que le condujo a un proceso inquisitorial en su contra en 1985, en el cual se le acusó de forma anónima y no se le dio oportunidad de defenderse, incluso los cardenales brasileños que lo acompañaban fueron ignorados por parte de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ex Santo Oficio, ex Santa Inquisición, la cual sólo ha cambiado de nombre pero no de procedimientos. Joseph Ratzinger —uno de los car­denales más conservadores de la Iglesia quien la presidió— y Juan Pablo II —el Papa más conservador y retardatario de la segunda mitad del siglo XX, quien sumió a la Iglesia en un invierno eclesial— en 1992, propiciaron la salida de Leonardo Boff de la Iglesia como sacerdote, tras años de presión, exclusión, censura, así como una vigilancia policiaca, tipo CIA o la vieja KGB.

     Revisemos brevemente los antecedentes a ese proceso mediante el pensamiento y la obra de nuestro personaje. Leonardo Boff a su regreso de Europa, en 1970, se incorporó al trabajo en la Amazonia entre indígenas y campesinos, y más adelante en las favelas y las periferias pobres, llenas de mi­seria y necesidades. Como el propio Boff recuerda, trabajó en las "chavolas del vertedero", la favela más miserable de Petrópolis, donde 200 familias vivían de la selección y venta de basura, pepenadores, como se les conoce en México. En ese ambiente de exclusión y abandono en el contexto de la dic­tadura militar brasileña —caracterizado por la violencia, la vigilancia, los secuestros, la tortura, los asesinatos, cuyos años más duros fueron entre 1968-1974—, Leonardo Boff descubrió que la única manera de presentar a Jesucristo a los pobres era por medio de un Jesús liberador y comprometido con sus necesidades tanto materiales, como espirituales. Allí escribió su libro Jesucristo liberador.

     La práctica, la experiencia produc­to de la convivencia con los pobres, oprimidos y excluidos del sistema, posibilitó el surgimiento de una innovadora reflexión teológica desde el contexto de pobreza y exclusión de millones de personas en Brasil y en toda Latinoamérica, que se combinó con los esfuerzos en la misma línea que otros teólogos llevaban a cabo en otras regiones de América Latina y en el propio Brasil como Fray Betto, Segundo Galilea, Juan Luis Segundo, Jon Sobrino, Hugo Assmann, Hugo Echegaray, entre otros y, desenmascara la realidad más terrena y material de una Iglesia estancada en prácticas intransigentes, con graves y profundas patologías, un catolicismo romano, centralista, excluyente, lleno de vicios y prácticas en torno al poder como objetivo principal. Que no respeta los derechos humanos y la dignidad de sus laicos, religiosos(as) sacerdotes e incluso obispos. Alejada en muchos sentidos del verdadero mensaje y proyecto de Jesucristo. Ese libro, entre otras razones y algunas publicaciones más desde la teología de la liberación, motivaron que en 1984 reaccionara el Vaticano dando una primera declaración contra ese enfoque teológico, denominada Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la liberación, elaborada por la Sagra­da Congregación para la doctrina de la fe. Ése fue el primer ataque declarado contra la teología de la liberación, sus teólogos y partidarios, entre ellos Leonardo Boff; cabe indicar que dicha Instrucción es ambigua, imprecisa y contradictoria. Sin embargo, la labor y denuncia de la injusticia y la opresión social, política, económica, cultural y religiosa de los pobres en América Lati­na continuó por parte de Leonardo Boff y los demás teólogos de la liberación, así como de los obispos e comunidades de la Iglesia progresista que los apoyaban.

      Conceptos como justicia, dig­nidad, opresión, cautiverio, liberación, exclusión, carisma, sacramentos, pasión, sufrimiento, gracia, pobreza, utopía, entre otros, fueron reelaborados y difundidos con un ánimo liberador y transformador de la realidad, convirtiendo en utopía la cons­trucción de una sociedad y una Iglesia más justa e igualitaria. Para 1985 y como producto de su libro Iglesia, carisma y poder, el Vaticano condenó a Leonardo Boff a un año de "silencio obse­quioso", como eufemísticamente lo calificó el Vaticano. Con ello intentó acallar y someter a una de las voces más escuchadas y seguidas de la teología de la liberación, a un teólogo, pastor e intelectual comprometido con la lacerante realidad lati­noamericana; pero la presión por parte de la Iglesia liberadora, sus amigos y seguidores fue tal, que en vísperas de la pascua de 1986, el Vaticano, ante las críticas de las cuales fue objeto, levantó el castigo. Cabe señalar que no fue el único teólogo al quien reprimió el Vaticano, también llamó a Gustavo Gutiérrez y a varios teólogos europeos de otras líneas, mostrando su intolerancia, centralismo y autoritarismo. Un punto de ataque y crítica fue que Boff, como otros teólogos latinoamericanos, utilizaban el marxismo. A la jerarquía eclesiástica neoconservadora y al Vaticano como su cabeza nunca les interesó que el marxismo como mediación socio-analítica apoyara la com­prensión de la realidad de injusticia y exclusión del pueblo latinoamericano, sólo se interesaron porque así les convenía, destacar que el marxismo era ateo y materialista, aspecto e por cierto nunca interesó a los teólogos de la liberación e incluso ellos mismos cuestionaron y criticaron.

     Así, para 1986 el Vaticano levantó el castigo a Leonardo Boff y difundió una segunda declaración en relación con la teología de la liberación en un tono más tolerante que tituló Instrcción sobre libertad cristiana y liberación. Incluso en medio de esta polémica el propio magisterio de la Iglesia y la jerarquía adoptaron parte del lenguaje y los conceptos de la teología de la liberación para sus propias declaraciones y documentos oficiales, lástima que sólo como un discurso vacío, compromisos concretos.

     La labor de Leonardo Boff continuó aunque muy vigilada tanto por los gobiernos de la región, en particular, el brasileño y, por supuesto, por el Vaticano, el cual fue ejerciendo presión mediante vigilancia, censura, persecución —bastante sutil, dis­tada, pero efectiva— contra nuestro autor y otros teólogos que se habían radicalizado en su opción teológica y pastoral, pero de manera muy especial contra Boff, a quien acabaron por reventar, bloqueándolo y aislándolo. Fue una etapa muy dura 1986 a 1992, año en que Leonardo Boff pidió salir de la Iglesia renunciando a su ministerio sacerdotal y como fraile franciscano. Las presiones fueron entre otras, su exclusión de la Revista Eclesiástica Brasileña, la revista teológica más im­portante de Brasil y se le apartó de la Editorial Vozes. Todo su trabajo era vigilado, tanto su predicación, como su pastoral en las Comunidades Eclesiales de Base; se le suspendió de su cátedra de teología. Todos sus escritos eran revisados, vigilados y censurados por el Vaticano, el Arzobispado de Río de Janeiro para quien era persona non grata y hasta por los propios franciscanos, pues tanto el superior general como el provincial de su orden tenían la instrucción de vigilarlo, aunado al acoso de diversos espías en su comunidad de Petrópolis.

     Aún así siguió trabajando y publicando, pero las tensiones eran insoportables y en junio de 1992, después de 35 años, Leonardo Boff deci­dió dejar la orden franciscana y su ministerio sacerdotal, acorralado por un mecanismo perverso y sutil para, como él mismo dijo: "ser más libre", convencido de que la institución no tenía ningún ánimo de diálogo y cambio. Incluso el Vaticano volvió a amenazarlo con una segunda suspensión y silencio. An­te eso, decidió promoverse al estado laico, como muchos otros teólogos y sacerdotes que han sido expulsados, sutilmente obligados a salir por su propio pie ante la censura y el rechazo. Y como nuestro autor señaló: "Me cambio de trinchera, pero no de guerra". Ha continuado su labor como escritor, intelectual, profesor, conferencista, pero sobre todo, asesor y militante de diversos movimientos sociales de cuño popular liberador como el movimiento de los Sin Tierra, la Pastoral de la Tierra y las ceb, entre otras. A su salida, el propio presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña, Luciano Méndez de Almeida, defendió su contribución teológica y pastoral. Sigue siendo un teólogo católico, comprometido con la liberación. Desde hace más de diez años fuera de los círculos y controles eclesiásticos. Frente a una jerarquía y un Vaticano centralista, autoritario y neoconsevador, sigue defendiendo una Iglesia latinoamericana liberadora, igualitaria y fraternal, al tiempo que recorre nuevos horizontes y paradigmas con el mismo ob­jetivo, liberación.

     Contra lo mucho que puedan pensar él como otros teólogos la liberación sólidos, consistentes y coherentes con su vocación de servicio al pueblo, es un contemplativo declarado, reflexión y oración ocupan un lugar importante en su vida a pesar del ritmo de vida tan ajetreado que lleva, por los muchos compromisos que tiene que cumplir. En ese sentido, su reflexión, escritos y práctica inspirada en san Francisco de es notable. Después de su salida como sacerdote y religioso ha ocupado con interés de una teología ecológica, atenta a creación del universo y la naturaleza como don de Dios a los seres humanos, de la cual se ha convertido uno de sus representantes más destacados. En esa misma línea ha contribuido desarrollar lo que él llama "una 'Ética' planetaria desde el Gran Sur'', es decir, una visión ética y cristiana desde la perspectiva los pobres; atento a las consecuencias negativas que los procesos de la globalización con su industrialización y tecnolatría propiciado en el mundo, la naturaleza y los pueblos pobres planeta.

     Sus trabajos de denuncia sobre los efectos del neoliberalismo, el fundamentalismo religioso y político son ricas contribuciones a la discusión de esos temas. También ha hecho aportes al tema del ecumenismo y el respeto al pluralismo religioso, así como a los problemas de género de los cuales podríamos rescatar su concepción de Dios como padre y madre, como lo femenino de la divinidad. Su camino por el mundo laico lo ha convertido en un predicador cosmopolita, pero como él mismo lo ha reconocido, hace falta tiempo para la oración, el silencio y la reflexión. Ese mismo camino laico lo llevado a descubrir y encontrar el amor humano, compartien­do su vida y trabajo con Marcia María Monteiro Miranda, educadora y luchadora por los derechos humanos y de la mujer, Ambos comparten alegrías y dolores como cualquier familia en un contexto de maternidad-paternidad y disfrutando de los nietos. Actualmente vive en Jardim Araras, región campestre­- ecológica del municipio de Petrópolis, en Río de Janeiro. Sólo podría terminar diciendo que Leonardo Boff es un gran teólogo y pensador latinoamericano, defensor radical de su opción y convicciones, quien ha mostrado al pueblo pobre la otra cara de Dios, un Dios liberador, humano, jovial y lúdico.


 Notas

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1.Luis Gerardo Díaz Núñez es Doctor en Estudios Latinoamericanos (humanidades y ciencias sociales) por la UNAM, Maestro en Estudios Latinoamericanos con especialidad en Filosofía por la UNAM y Licenciado en Sociología por la misma Universidad.

     Desde 1988 se desempeña como profesor de Sociología en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (FES-Aragón) UNAM y en la Escuela de Diseño del INBA (EDINBA).

     Es miembro de diversas asociaciones académicas como: el Centro de Estudios Sociales Antonio Gramsci, la Sociedad de Estudios Culturales Nuestra América, la Comisión de Estudios de Historia de la Iglesia en América Latina. (CEHILA), la Asociación Portuguesa de Antropología,  entre otras.

     Ha formado parte de varios cuerpos colegiados al interior de la UNAM. Como el Comité de Carrera de la Licenciatura en Sociología de la FES Aragón y miembro de la Comisión Dictaminadora de Ciencias Sociales de la misma Facultad. Ha asesorado y dirigido tesis en los niveles de posgrado y licenciatura.

     Su campo de trabajo e investigación lo constituyen: la sociología y filosofía de la religión, sociología y filosofía de la cultura, sociología y filosofía del arte, teoría y análisis de las identidades, identidades colectivas, estudios culturales, diversidad cultural, instituciones y procesos sociales, movimientos sociales y socio-religiosos, representaciones e imaginarios colectivos.

     Tiene diversas publicaciones sobre los temas mencionados como los libros: La teología de la liberación latinoamericana hoy. El desafío globalizador y posmoderno, México, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe-UNAM, 2010. La Teología de la liberación latinoamericana a treinta años de su surgimiento. Balance y perspectivas, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de México, 2005.  Coordinador del libro colectivo: Ética y globalización. Una mirada interdisciplinaria, México, Edit. Torres Asociados, 2009; y diversas colaboraciones en revistas y libros como: “Filosofía, Cultura y Sociedad en América Latina” en: Wingartz, Oscar (coord.) Iberia y América Latina La búsqueda de una propuesta común publicada por la Universidad Autónoma de Querétaro y la Universidad Autónoma de Madrid en 2007.

2.El presente estudio fue publicado originalmente en Mario Magallón Anaya (Coordinador), Personajes latinoamericanos del siglo XX, México, CCYDEL. 2006. pp. 57 - 66. Lo reproducimos en Revista Sociedad Latinoamericana, con la autorización de su autor.  

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