Hacia una revaloración de la Juventud y la Educación Media Superior como objetos y sujetos
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Hacia una revaloración de la Juventud y la Educación Media Superior como objetos y sujetos de estudio y reflexión educativa.[1]
Por Enrique Cuna Pérez
Doctor en Estudios Sociales. Profesor investigador del
Departamento de Sociología de la UAM-Iztapalapa, México. Miembro del Sistema Nacional de
Investigadores.
E-mail:cuna@xanum.uam.mx
Resumen:
Esta ponencia plantea como propuesta ampliar el espacio que ocupa el estudio de dos importantes actores educativos en la actualidad: la juventud como sujeto heterogéneo y la educación media superior como objeto permanente de análisis educativo dentro del trabajo de investigación y planeación de las universidades públicas en nuestro país, en particular del tratamiento que actualmente reciben en la Universidad Pedagógica Nacional ,(tradicionalmente dedicada a la investigación de procesos ligados a la educación básica).
Claro que el tema de la juventud es amplio, complejo y multiabarcante. En esta ponencia sólo hago referencia a la necesidad de crear análisis de las juventudes como sujetos atendidos por la educación media superior, y todo lo que ello conlleva: la profesionalización y actualización de docentes que atienden a este sector, el diseño de estrategias de aprendizaje específicas para este nivel, la revisión de conocimientos generales y básicos que el alumno tiene que poseer y que obtiene en los diversos y hasta contrarios currículos del nivel, el aprovechamiento y/o éxito escolar, la deserción, la reprobación, el fracaso escolar, las prácticas escolares y culturales de los diferentes sectores juveniles, la creación de programas específicos para el análisis de esta temática (por ejemplo la idea de diseñar e implementar programas de posgrado –maestrías y doctorados – especializados en ello, o de programas educativos – diplomados- que tiendan hacia la actualización y profesionalización de miles de docentes que mucho conocen de su disciplina profesional pero poco de la docencia en este nivel y que mucho esperan de la Universidad Pedagógica Nacional.
A manera de introducción
Pablo Latapí Sarre, uno de los investigadores de la educación más importantes en nuestro país, al tomar la palabra en la conferencia de clausura el IX Congreso Nacional de Investigación Educativa, realizado en Mérida en noviembre del año pasado, enlistaba las preocupaciones más relevantes en cuanto a educación se refiere, pero sobre todo definía las líneas de investigación y acción que los estudiosos, las instituciones y los organismos dedicados a la educación tendrían que empezar a discutir, analizar, reflexionar y cubrir. De éstas, las más sugerentes y apremiantes son las siguientes:
a) Seguir concibiendo a la educación como un objeto de estudio multidisciplinar, donde se involucren tanto la sociología, como la economía, la estadística, la psicología, la antropología, la administración, la historia y otras. Esta mirada amplia permite construir objetos de estudio provenientes de múltiples fenómenos sociales y no sólo circunscritos al aula y las relaciones entre los sujetos dentro de ésta.
b) La desesperanza que se vive en América Latina a partir de los rezagos económicos, sociales y educativos nos recuerdan la mala educación, plagada de deficiencias, en la nuestro país está sumida. Ante esto hace falta estudiar a los actores involucrados, desmenuzar analíticamente a cada uno de éstos, sobre todo encontrar su potencialidad para tratar de revertir la situación (gobernantes, élites, maestros, sociedad).
c) El reencuentro, que como profesores e investigadores tenemos, con el sentido de nuestra vocación, con la pretensión de que nuestro conocimiento pueda ir vinculado con el compromiso personal por mejorar la educación del país. La recomendación es que seamos consecuentes en nuestra tarea con las convicciones éticas a favor de la justicia.
d) Junto a la obligación de abrir espacios a los investigadores jóvenes (“miradas jóvenes para guiar la investigación sobre la educación”), se necesita redoblar esfuerzos para descentralizar la investigación educativa en el país, dar preferencia a proyectos radicales, (“arriesguémonos ¿no nos comportamos como insensatos ante el sistema educativo, repitiendo rutinas que sabemos ineficaces?”), procurando que nuestra investigación tenga presencia en la conformación de políticas públicas.[2]
Con base en estas recomendaciones, esta ponencia plantea como propuesta ampliar el espacio que ocupa el estudio de dos importantes actores educativos en la actualidad: la juventud como sujeto heterogéneo y la educación media superior como objeto permanente de análisis educativo dentro del trabajo de investigación y planeación de las universidades públicas en nuestro país, en particular del tratamiento que actualmente reciben en la Universidad Pedagógica Nacional (tradicionalmente dedicada a la investigación de procesos ligados a la educación básica).
Precisamente el tema de la juventud, hoy atendido por la educación media y superior, es y debe ser revisado desde plurivisiones multidisciplinarias, que permitan la comprensión de un fenómeno tan complejo y sobre todo logren, desde el ámbito de sus competencias, integrar políticas públicas eficaces que no sólo mantengan a los jóvenes en las aulas universitarias recibiendo educación de calidad y obteniendo las herramientas intelectuales para su mejor inserción en la vida económica, política y cultural de nuestra nación, sino también que produzcan expectativas de solución a sus múltiples problemáticas que día con día los envuelve en la apatía, la desilusión y la desesperanza.
El conocimiento que produce la investigación de estos dos objetos desde las universidades públicas (incluida la Universidad Pedagógica Nacional, con un papel privilegiado pues es la única con real presencia en todo el territorio nacional, lo cual la obliga a conocer perfectamente las diferencias socioculturales de las regiones, estados y sujetos inmiscuidos en los procesos educativos) redituará en el éxito o fracaso de las políticas dirigidas a esas juventudes. Hasta ahora, la gran mayoría de las iniciativas estatales dirigidas al mundo joven han tendido a ser parciales, funcionales y tautológicamente ciegas dado que responden a una visión poco diferenciada de la diversidad juvenil y porque preferentemente se basan en imágenes que el mundo adulto ha construido de los jóvenes.[3]
En la práctica, las políticas juveniles han dado prioridad a la resolución de los problemas económicos y sociales inmediatos (de subsistencia) de los jóvenes vía su incorporación productiva, esto es, a través de promover su incorporación al mercado de trabajo sin dar cuenta de la diversidad social y cultural que existe al interior del mundo joven, expresada en prácticas, intereses y necesidades múltiples y diferenciadas, de ahí que en la medida en que no han atendido las diferentes y cambiantes racionalidades (motivaciones y expectativas) que orientan y animan los cursos de acción de los jóvenes esas políticas, han quedado reducidas a la mirada sesgada y alejada del mundo adulto.[4]
Lo que ha faltado es el estudio diferenciado, desde las universidades, de acuerdo a la heterogeneidad de las realidades juveniles. Hace falta miradas que cuenten con la más completa información y conocimiento sobre los jóvenes y su realidad, que visualice a los jóvenes como ciudadanos, pero sobre todo que se concrete a espacios específicos: que revise, evalúe y proponga acciones desde el espacio local, en consonancia con los procesos de descentralización en muchas otras esferas de las políticas públicas, y que mantenga una real cercanía a los problemas y expectativas de los jóvenes, con respecto a las instituciones centrales.
Claro que el tema de la juventud es amplio, complejo y multiabarcante. En esta ponencia sólo haré referencia a la necesidad de crear análisis de las juventudes como sujetos atendidos por la educación media superior, y todo lo que ello conlleva: la profesionalización y actualización de docentes que atienden a este sector, el diseño de estrategias de aprendizaje específicas para este nivel, la revisión de conocimientos generales y básicos que el alumno tiene que poseer y que obtiene en los diversos y hasta contrarias currículas del nivel, el aprovechamiento y/o éxito escolar, la deserción, la reprobación, el fracaso escolar, las prácticas escolares y culturales de los diferentes sectores juveniles, la creación de programas específicos para el análisis de esta temática (por ejemplo la idea de diseñar e implementar programas de posgrado –maestrías y doctorados – especializados en ello, o de programas educativos – diplomados- que tiendan hacia la actualización y profesionalización de miles de docentes que mucho conocen de su disciplina profesional pero poco de la docencia en este nivel y que mucho esperan de la Universidad Pedagógica Nacional.
La Universidad no es un ente aislado de las transformaciones sociales, sino un sujeto que está enmarcado y se explica por su íntima relación con la situación política, social, económica y cultural en la que se encuentra el país.
Es necesario que presente propuestas integrales, apoyadas con exigentes mecanismos de monitoreo y evaluación, con una focalización prioritaria hacia las tareas de generación de conocimiento en torno a los jóvenes, de facilitación y coordinación interinstitucional, y de información y asesoría para los docentes jóvenes.
a) La realidad juvenil en el 2008
Representan mucho en materia demográfica, social, económica, electoral, muy poco en el ámbito político participativo. Gran parte de los retos que enfrentan los jóvenes en la actualidad tienen que ver con la falta de espacios para expresarse, que se suman a la falta de oportunidades de empleo, de educación, de salud.
Constituyen alrededor de la tercera parte de la población total y de la población económicamente activa, en su mayoría son educados y tienen mayor capacitación que generaciones anteriores, son urbanizados mejor informados, pero se enfrentan en condiciones muy difíciles ante su futuro económico. Muestra de ello son las altas tasas de desempleo que duplican o triplican las de los adultos. Se ha hecho patente la frustración creciente de miles de jóvenes, han optado por nutrir las filas de los trabajadores informales, buscando el sueño de la realización personal aventurándose en la migración ilegal hacía Estados Unidos o bien, en casos más agresivos, encontrando respuestas a sus expectativas económicas en actividades delictivas y violentas.
En el sexenio anterior no se hizo mucho por superar esta realidad. En una autoevaluación el Instituto Mexicano de la Juventud calificó a las políticas públicas implementadas para atender desempleo, salud, y educación en ese sector social sólo como buenas intenciones. Mientras que la Organización de las Naciones Unidas calificó de limitados los proyectos gubernamentales del sexenio de Fox.[5]
En términos de salud, las políticas públicas no lograron impactar en su toma de decisiones. "Dicen conocer métodos anticonceptivos, pero no los usan". En el ámbito educativo se logró que permanecieran un año más en la escuela, pero la edad de deserción escolar sigue siendo baja con 16 años en promedio. El empleo se convirtió en un foco rojo, pues las condiciones laborales a las que se enfrentan son mediocres, "están ingresando al mercado informal, no cuentan con un contrato ni prestaciones de ley" y en lo público participaron poco en el proceso electoral.[6]
Actualmente la mitad de los desempleados del país son jóvenes y más de 60% de los afortunados que cuentan con empleo lo tienen de manera informal, es decir, sin un contrato que les genere seguridad social ni prestaciones de ley; las adicciones al alcohol y tabaco han aumentado entre este sector de la población y los problemas de alimentación son un riesgo latente de salud pública pues dos de cada diez considera que tiene un peso inadecuado, es decir, quieren ser más delgados, según datos de la Encuesta Nacional de Juventud 2005.[7]
Según este documento, el 43% de la juventud mexicana estudia, 28.8% trabaja, 5.3% estudia y trabaja, y 22% no estudia ni trabaja. Al cuestionarles las razones por las cuales dejaron sus estudios los jóvenes refieren la necesidad de trabajar (51.3%), no agrado por estudiar (30.3%), terminación de estudios (18%), entre otras.
El 49.5% del total de jóvenes entrevistados mencionan haber trabajado alguna vez y la edad de su primer trabajo oscila entre los 17 y los 18 años (al momento de levantar la encuesta sólo trabajaban el 34.6% de ellos). El área que los ha concentrado en mayor medida está ligada al sector servicios y en particular el comercio (27.2%). También argumentan que tardaron entre uno y tres meses en conseguir su primer empleo (49.2%). Sin embargo, el 71.8% de los jóvenes que laboran no cuentan con un contrato en su primer trabajo y 57.8% trabaja más de ocho horas diarias. El ingreso mensual va de 1 salario mínimo (8.4% de los hombres, 12.4% para mujeres), de 1 a 3 salarios (49.1% hombres, 59.6% mujeres), de 3 a 5 salarios (23% hombres, 13.1% mujeres), más de cinco salarios (19.7% hombres, 14.9% mujeres).
En general, los jóvenes creen que están sin empleo por razones ligadas a la falta de empleos y por la situación económica del país (63.6%), por su edad (22.4%), y en menor medida aducen razones individuales, por ejemplo la inexperiencia (20.3%) o la insuficiente preparación (18.7%).
Los resultados de la encuesta señalan que las tres expectativas de los jóvenes son tener un trabajo (48.3%), una buena posición económica (44.8%), y tener familia e hijos (42.6%). Las tres si bien refieren a posiciones personales en relación a la esfera económica, incluso vista desde la posibilidad individual de construir su futuro, manifiestan la principal preocupación para los jóvenes: la posibilidad laboral y estabilidad económica.
Y con respecto a la evaluación y la confianza que manifiestan hacia las esferas sociales, incluida la política, sus respuestas son reveladoras: los individuos peor evaluados son las personas más ricas que ellos y los líderes de la comunidad. Confían en la familia (9.1 de calificación en un rango de 0 a 10), los médicos, la escuela y las universidades públicas (8.5, 8.3, y 8.1 respectivamente); sin embargo, los peor evaluados son los que hacen referencia a los distintos niveles de gobierno e instituciones políticas: la policía (5.9), los partidos políticos y los diputados federales (6.0), el presidente de la república (6.8), y el gobierno federal (6.9).[8]
Ante esta realidad, el ex presidente Vicente Fox dedicó apenas un apartado en su VI informe de gobierno al que llamó "Incorporación integral de jóvenes al desarrollo del país", en el que presentó como avances en relación con este sector, de septiembre de 2005 a agosto de 2006, un aumento del 3.8% en el Programa de Servicio Social, así como la visita de 423 mil 338 jóvenes al portal de Internet Poder Joven en busca de obtener ofertas de programas de instancias públicas y civiles, y la celebración de ocho premios de la juventud y organización de eventos nacionales del IMJ.[9] Omitió cifras que se han convertido en focos rojos y que el propio instituto ha dado a conocer a través de su segunda Encuesta Nacional de Juventud, en la que concluyen que los jóvenes mexicanos retrasaron sus procesos sociales; dejaron la escuela un año más tarde, retardaron su incursión al primer empleo por un año y medio y salieron de la casa paterna un año después con respecto al año 2000.
El proyecto más ambicioso en el sector durante la administración de Vicente Fox Quesada fue el Programa Nacional de Juventud 2002-2006 (Projuventud) creado para generar compromisos en políticas públicas en su beneficio, sin embargo, la UNESCO lo calificó de limitado. "Muchas propuestas para generar políticas públicas en pro de los jóvenes quedaron en buenas intenciones porque no se llevaron a cabo. Nos faltó mayor protagonismo para realizarlas", dijo Carlos Marcos Morales, ex director general del IMJ en el informe Projuventud.[10]
Por su parte, la UNESCO señaló en un informe que la programación operativa de la política nacional se instrumentó básicamente con el Plan a Mediano Plazo lo que trajo como consecuencia que la política de juventud "explícita" se restringiera a la acción institucional del IMJ y que no operara visiblemente la transversalidad de las acciones de otros distintos organismos federales que trabajan con la población joven.
UNICEF también reprobó al gobierno. En una escala del 0 al 10, el índice de los derechos de los adolescentes mexicanos de 12 a 17 años se quedó en 5.58 en promedio a nivel nacional. La calificación se obtuvo después de medir el cumplimiento en tres derechos fundamentales: a la vida, a la educación y al no ser explotados.[11]
b) Jóvenes estudiantes
En el 2005, la población total en nuestro país era de 103 millones, 263 mil 388. Compuesto por una población predominantemente joven, la edad mediana de la población fue de 25 años de edad en las mujeres y 23 en los hombres.[12]
Aunque México está conformado por 2 454 municipios, la población se concentra mayoritariamente en zonas metropolitanas (el INEGI ha reconocido 55 ZM, conglomerados urbanos cuya extensión y funcionamiento involucran a dos o más circunscripciones administrativas), de las cuales en cinco de ellas (Valle de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla- Tlaxcala y Toluca) viven uno de cada tres mexicanos (29.7%): 30. 6 millones de mexicanos.
El promedio de escolaridad en el año 2005 fue de 8.1 años, mientras que el analfabetismo fue de 8.4% en ese mismo año. Sin embargo dichos números no refieren las diferencias regionales y estatales que subsisten en nuestro país.
Por ejemplo, mientras que en el Distrito Federal 96.7% de la población de 6 a 14 años va a la escuela, en Chiapas sólo lo hace 89.9% de ese sector. A nivel nacional, sólo 1 de cada 2 personas de 15 a 19 años asiste a la escuela, mientras que en el Distrito Federal 7 de cada 10 jóvenes de esa edad asiste, y en Guanajuato 4 de cada 10 lo hacen.
De acuerdo a los datos presentados por la Secretaría de Educación Pública en el Programa Nacional de Educación 2001-2006, el grado promedio de escolaridad de la población mayor de 15 años para el año 2000 fue de 7.67.
La entidad con mayor promedio de escolaridad es el Distrito Federal (9.74), seguida de Nuevo León ( 9.03), Coahuila (8.59), y Baja California Sur (8.51).
Que contrastan con estados como Chiapas (5.71), Oaxaca (5.96), Quintana Roo (6.10) que presentan los promedios más bajos a nivel nacional.[13]
Con respecto a los jóvenes, si bien reconoce que las generaciones actuales están mejor educadas, presentan tasas de repetición y deserción altas, por ejemplo en secundaria son de 20.4 y 7.9 por ciento; sólo 47 por ciento de los jóvenes de entre 16 y 18 años cursa la educación media superior, y 20 por ciento de los jóvenes entre 19 y 23 años estudia licenciatura. Lo que no quiere decir que los jóvenes en esos niveles terminen con sus estudios, pues la eficiencia terminal en bachillerato se estima en 58.9% y sólo 43% en nivel profesional técnico; en el nivel superior, añade el documento, sólo 50 por ciento de los estudiantes de licenciatura logran terminar sus estudios y titularse.
El acceso a posgrado es limitado, más del 60 por ciento de la matricula de este nivel se localiza en el Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León, Puebla y Jalisco.[14]
Aunque los datos existentes muestran que los jóvenes cuentan con niveles educativos mayores que los de la población adulta, también reflejan la enorme brecha entre los grupos sociales: el 10 por ciento más pobre de los mexicanos mayores de 25 años tienen un nivel de escolaridad de 2.14 y el 10 por ciento más rico, de 12.3.[15]
De los casi 29 millones de jóvenes, cerca de 3% no tiene instrucción, 40% cuenta con algún grado de primaria completa o incompleta, 40% tiene algún año de secundaria incompleta o completa, 12% tiene algún año de bachillerato y sólo 5% tienen acceso a estudios de licenciatura o posgrado.
Si bien la matrícula escolar se incrementó de manera significativa en el ciclo escolar 1999-2000 (capacitación para el trabajo aumentó 91%, en secundaria 17%, en media superior 22%, en superior 35% y en posgrado 79%), el porcentaje de alumnos inscritos que concluyeron el tercer grado de secundaria, pasó de 92.4 durante el ciclo 1994-95 a 87.8 en 1999-2000. La deserción escolar para ese nivel se incrementó de 8.2 a 9.3% y la eficiencia terminal (proporción de alumnos inscritos en el primer grado que culminaron la educación secundaria) disminuyó de 76.2 a 73.4 por ciento.[16]
Con respecto al ciclo de educación media superior, el porcentaje de egreso disminuyó de 87.6 a 86.7 en el mismo lapso, no obstante los niveles de deserción se redujeron, de 19.3 a 18.7%, y la eficiencia terminal se incrementó, por cada 100 estudiantes que ingresaron a este nivel 55 lo concluyeron.
c) El papel de la Universidad Pedagógica Nacional en la reflexión sobre la educación media superior y sus actores
La universidad se concibe como centro que reúne las condiciones para el desarrollo del trabajo académico, instancias en donde hombres y mujeres comparten intereses comunes, la búsqueda libre del conocimiento, pueden comunicarse y mantener un intercambio continuo para la promoción del mismo.
Lo que se espera de ella es que establezca las condiciones para la
actividad reflexiva y la investigación
autónoma; para esto, pugno por la protección del ejercicio del trabajo intelectual del
académico contra los caprichos del mercado remunerador.[17] Así
pues, si bien respeto los análisis sobre temas novedosos, incluidos muchos ellos sobre modas
intelectuales, y/o reiterativos, como es el caso de las competencias, creo que es
importante mirar hacia esta realidad que
día con día deja mal parada a la institución al no contar con los conocimientos suficientes que la sociedad
demanda sobre este tema.
Además, parece ser que el individualismo se está apoderando de los espacios universitarios. La cultura de la competencia está minando el trabajo de equipo, la cooperación y el sentido de pertenencia a una comunidad, bien ha dicho Arturo Guillaumín: el credencialismo, la productividad en puntos y el prestigio personal se están convirtiendo en nuevos centros de gravedad de las actividades docentes y de investigación, “la legitimación de una política de bajos salarios sirve de pretexto para consolidar la racionalidad de la obediencia y de una lucha individual por los recursos escasos”.[18]
Cuando se habla de educación media superior, es necesario adoptar una visión más amplia que tenga en cuenta que las instituciones, los sistemas de distribución de grupos escolares, los servicios y programas de apoyo al aprendizaje, las autoridades y los docentes también influyen en la calidad del esfuerzo estudiantil vía su capacidad para involucrar, es decir, incluir a los estudiantes en el proceso de aprendizaje, y por ende, en la vida académica de las competencias y las preferencias intelectuales.
Esto implica aproximarnos un poco a la vida cotidiana de los jóvenes estudiantes para romper la falsa perspectiva de considerarlos eternos menores de edad, así como empezar realmente a considerarlos actores estratégicos en el desarrollo social, intelectual y cultural de la Universidad integrándolos a la generación y aplicación de las políticas estudiantiles que les afectan y a la toma de decisiones.
El debate sobre la obligatoriedad de la educación media superior a nivel nacional, la importancia en la inserción laboral del educando, la calidad de contenidos de este nivel, la formación del sujeto cívico y la expansión como marco de referencia mínimo; aunado a la modificación curricular a la secundaria realizada, nivel precedente, obliga a discutir sobre programas, docentes y su profesionalización (importante es que se establezcan mecanismos de capacitación, perfeccionamiento o actualización según el caso, en torno al análisis, diseño y dominio de la teoría curricular), crear programas de actualización del magisterio.
Más que un rol de técnico reproductor de currículum, instituido nacionalmente, la educación media superior requiere de un profesional activo, participativo, reflexivo e informado de los eventos más trascendentales en la teoría pedagógica. El profesor ha de plantearse cuestiones trascendentes, como por ejemplo ¿qué debe enseñarse?, ¿para qué enseñar?, ¿cuándo enseñar?, ¿cómo enseñar conocimientos, procedimientos, hechos?, ¿cómo enseñar destrezas, habilidades, valores?, ¿qué teoría pedagógica sustenta la enseñanza del lenguaje, de las matemáticas, de la ciencia, de la historia, del arte?, ¿qué teoría pedagógica es pertinente para el desarrollo de la inteligencia, de la habilidad, de la sensibilidad, de los valores?
Mirar la educación media superior implica también mirar a los docentes, directivos, planes y programas de estudio, los funcionarios altos y mandos medios, los gabinetes técnicos, las asociaciones de padres de familia, los sindicatos, etcétera. La tarea ya está dictada: programas desde la UPN que integren el análisis sobre los docentes, alumnos, infraestructura, fines y objetivos de la educación media superior, contenidos, etcétera; análisis de las dimensiones de la práctica pedagógica, social, interpersonal; conocer las condiciones materiales y específicas del trabajo docente; discutir con la sociedad; innovar en la participación; transformar al sindicalismo magisterial.
A manera de conclusión
Para entender a los jóvenes universitarios, y no universitarios, es necesario el análisis de las realidades de ese sector a partir del estudio de los contextos sociales y culturales específicos en los que la cuestión juvenil es planteada.[19]
La descripción de sus características socioeconómicas y demográficas permite construir el concepto de juventud como una condición heterogénea y diferenciada, lejos de la lógica que piensa a la juventud como una realidad homogénea, con iguales problemáticas, necesidades y mismas soluciones, mismas maneras de ser, de entender, de vivir.
Los jóvenes se enfrentan a un futuro económico hostil y carente de oportunidades, en un contexto de contracción económica y de una recuperación aún lejana para la mayoría de la población que afecta sus expectativas y coloca a grandes contingentes en franca marginación. Para la mayor parte de los jóvenes, la frustración de sus expectativas de movilidad social se presentan de manera cotidiana, cuando se integran al mercado de trabajo, inferior a las aspiraciones y necesidades de la mayoría, en la ausencia de oportunidades, cancelación de fuentes de trabajo y en deterioro de sus salarios que en mucho configuran su actuación y percepción y académica y social. También la exclusión se manifiesta en el plano de su participación escolar, social y política, incluso como antecedente de comportamientos que incorporan altos niveles de violencia.
Desde la universidad se deben no sólo generar un cúmulo de datos útiles tanto para los estudiantes como para las instituciones, información que sirva de base para analizar la educación media superior; sino también se deben crear los programas educativos específicos para preparar, actualizar y profesionalizar la labor docente en este importante nivel.
La matricula de este nivel educativo se triplicó entre 1950 y 960, pero tuvo un salto espectacular las dos décadas siguientes: entre 1960 y 1980 creció 13 veces. En esos 20 años la educación superior creció sólo nueve veces. Entre 1980 y 2000 la matrícula de nuevo ingreso a la educación media superior se duplicó. Actualmente casi cuatro millones de jóvenes estudian en ese nivel educativo. Creo, sin temor a equivocarme, que uno de los temas más importantes en el presente es el de la juventud y la educación media superior, empecemos pues a discutirlo.
[1]La presente ponencia fue presentada por el autor en el V Encuentro Nacional de Investigación Educativa y Regional Tepic, Nayarit, 2008., con fines de política hacia la posibilidad de que la UPN abriera una maestría en conocimiento de la educación media superior (cosa que no ha sucedido hasta la fecha),
[2]Pablo Latapi Sarre. ¿Recuperar la esperanza? La investigación educativa entre pasado y futuro, Conferencia de clausura IX Congreso Nacional de Investigación Educativa, Mérida, Yucatán, 9 de noviembre de 2007. Manuscrito.
[3] Una revisión de esta mirada generalmente nos conduce por deformaciones estereotipadas; esto es, imágenes que reducen a los jóvenes a un problema social, principalmente por las dificultades que éstos tienen para ingresar a la dinámica de desarrollo de las sociedades y para asumir las responsabilidades y roles que el mundo adulto les ha asignado. (Gabriel Medina Carrasco.”La vida se vive en todos lados”, en Gabriel Medina (comp.). Aproximaciones a la diversidad juvenil, Ed. El Colegio de México, 2000, p. 100).
[4] Loc. Cit.
[5] Sánchez, Cinthya. “Se descuidaron problemáticas que enfrentan los jóvenes”, en El Universal, jueves 28 de diciembre de 2006, México. Véase también Cuna, Enrique. Análisis de las políticas gubernamentales dirigidas a la juventud en la administración foxista. Hacia la explicación del inmovilismo y el fracaso”, en revista El Cotidiano, núm. 137, mayo-junio 2006, UAM A, pp. 92-101.
[6] Sánchez, Cinthya. Op. Cit.
[7] Loc.Cit.
[8] IMJ- SEP. Encuesta Nacional de Juventud 2005, resultados preliminares, México, 2006.
[9] Sánchez, Cinthya. Op. Cit.
[10] Loc.Cit.
[11] Loc.Cit.
[12] INEGI. Conteo de población y vivienda 2005. Síntesis de resultados, 2006, www.inegi.gob.mx
[13] Claudia Herrera. “Desigualdad y falta de calidad aquejan a la educación”, en La Jornada, viernes 28 de septiembre de 2001, p. 30.
[14] En los últimos años la matrícula de posgrado se triplico: pasó de 47 mil 539 alumnos que había en 1992 a 132 mil 471 alumnos en 2002. Sin embargo, en proporción, hay un estudiante de posgrado por cada 100 de primaria. Anuario Estadístico de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior. Citado por Tomasin, Carlos. “Aumenta el interés”, en Posgrados, suplemento especial de Reforma, enero de 2004, p. 22.
[15] Fernando Reimers. Investigador de la universidad de Harvard. La Jornada, domingo 30 de julio de 2000, p.26
[16] SEP. Perfil de la educación en México, 1999.
[17] Raquel Glazman. “Autonomía del conocimiento y evaluación”, en Daniel Cazés (coord.). Estado, universidad y sociedad: entre la globalización y la democratización, Ed.UNAM, México, 2000, p.10.
[18] Arturo Guillaumín. “Complejidad, trasdiciplina y redes”, en Daniel Cazés (coord.). Estado, universidad y sociedad: entre la globalización y la democratización, Ed.UNAM, México, 2000, p.205
[19] Carlos Feixa. La juventud como metáfora. Sobre las culturas juveniles, p 56. Carles Feixa. “Tribus urbanas y chavos banda. Las culturas juveniles en Cataluña y México”, pp. 72-93.
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