México: Bicentenario de la independencia, centenario de la Revolución y de la UNAM
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México: Bicentenario de la independencia, centenario de la Revolución y de la UNAM.1
Por Adalberto Santana
Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Director
e investigador del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe
(CIALC) de la misma universidad.
E-mail: asantana@servidor.unam.mx
En diversos países latinoamericanos, el año de 2010 tiene un valor político e histórico fundamental, al rememorarse el momento del parto e inicio del desarrollo independiente de nuestra región. En efecto, hace doscientos años nuestra América comenzó a ser libre y soberana en gran medida respecto del colonialismo español. Cien años después, en 1910, se celebró el primer centenario de la Independencia. En el caso de México, los festejos de dicho acontecimiento tuvieron un paradigmático significado, al enmarcarse en circunstancias de enorme trascendencia para el destino del país.
Por un lado el 22 de septiembre de aquel año, en medio de una intensa
actividad cultural, se dio la apertura de una de las más importantes y
representativas instituciones de América Latina y del orbe entero.
En una solemne ceremonia celebrada en lo que
hoy es el Anfiteatro Simón Bolivar, la
cual fueron invitadas las más prestigiadas universidades de la escena
internacional, como las de la
Harvard, Princeton, Stanford, Columbia, Yale, París, Londres,
Oxford, Salamanca y la Habana,
entre otras, se inauguró la Universidad
Nacional de México. En aquel acto, el maestro Justo Sierra,
Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes del gobierno del general Porfirio
Díaz, afirmó:
¿Tenemos una historia? No. La Universidad mexicana que nace hoy no tiene árbol genealógico; tiene raíces, sí, las tiene en una imperiosa tendencia á organizarse que revela en todas sus manifestaciones la mentalidad nacional y por eso apenas brota del suelo el vástago, cuando al primer beso del sol de la Patria se cubre de renuevos y yemas, nuncios de frondas, de flores, de frutos. Ya es fuerte, lo sentimos: fará da se. Si no tiene antecesores, si no tiene abuelos, nuestra Universidad tiene precursores: el gremio y claustro de la Real y Pontificia Universidad de México no es para nosotros el antepasado, es el pasado. Y sin embargo, la recordamos con cierta voluntaria infilialidad; involuntaria pero no destituida de emoción ni de interés. Nació con la Colonia, nació con la sociedad engendrada por la conquista cuando no tenía más elementos que aquellos que los mismos conquistadores proporcionaban o toleraban ; hija del pensamiento del primer virrey, el magnánimo D. Antonio de Mendoza, y del amor infratigable por el país nuevo del santo padre Las Casas, no pudo venir á la luz sino cuando fueron oídos los votos del ayuntamiento de México, ardientemente secundados por otro gran virrey que mereció de sus coetáneos el sobrenombre del Padre de la Patria.[1]
Esta flamante institución, que ahora conocemos como Universidad Nacional
Autónoma de México, al cumplir sus 100 años de existencia en los albores del
siglo XXI aún conserva como norma y valores éticos aquellos mencionados en las
premonitorias palabras del maestro Justo Sierra: “sois un grupo en perpetua
selección dentro de la substancia popular, y tenéis encomendada la realización
de un ideal político y social que se resume así: democracia y libertad”.[2]
A casi dos meses de aquella histórica inauguración de la joven Universidad, otro acontecimiento de gran magnitud y trascendencia tendría lugar en México: el 20 de noviembre de aquel año de 1910 estalla la Revolución Mexicana, fenómeno telúrico protagonizado por una amplia insurrección popular que impactará el curso de la historia, no sólo mexicana, sino latinoamericana toda, y concluirá con la refundición del país mediante la Constitución de 1917.
En el marco del triunfo revolucionario y la organización del nuevo Estado mexicano, la Universidad Nacional de M éxi co será un importante vehículo de transformación, conciencia educativa y afirmación cultural de México y de la América Latina, de la que es parte esencial. Ese ideario latinoamericano y latinoamericanista se hizo presente de inmediato en nuestra Alma Mater, en cuyo escudo oficial figura el mapa de nuestra Améric a y el lema Por mi raza hablará el espíritu, que rescata la identidad histórica y cultural latinoamericana y enaltece el anhelo de integración regional. El promotor de aquella idea latinoamericanista fue el maestro José Vasconcelos, rector de la Universidad Nacional de México (1920-1921), quien fundamentó la propuesta de la siguiente manera:
A la Universidad Nacional corresponde definir los caracteres de la cultura mexicana, y teniendo en cuenta que en los tiempos presentes se opera un proceso que tiende a modificar el sistema de organización de los pueblos, substituyendo las antiguas nacionalidades, que son hijas de la guerra y la política, con las federaciones constituidas a base de sangre e idioma comunes, lo cual va de acuerdo con las necesidades del espíritu, cuyo predominio es cada día mayor en la vida humana, y a fin de que los mexicanos tengan presente la necesidad de fundir su propia patria con la gran patria Hispano-Americana que representará una nueva expresión de los destinos humanos; se resuelve que el Escudo de la Universidad Nacional consistirá en un mapa de la América Latina con la leyenda “POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU”; se significa en este lema la convicción de que la raza nuestra elaborará una cultura de tendencias nuevas, de esencia espiritual y libérrima. Sostendrán el escudo un águila y un cóndor apoyado todo en una alegoría de los volcanes y el nopal azteca.[3]
Podemos identificar, en el marco del Centenario de la UNAM y de la Revolución Mexicana, que el nacimiento y la consolidación de nuestra Universidad lleva desde sus orígenes las inquietudes e ideales de un grupo de intelectuales comprometidos con la idea de la Independencia, que en el contexto de la Revolución Mexicana buscaron a través de la educación y la cultura la construcción de una nueva y renovada integración latinoamericana. Y, con ello, de un mundo mejor.
[1] Justo Sierra, Discurso en la inauguración de la Universidad Nacional, en la Universidad Nacional de México 1910, México, UNAM, 1990, pp.. 118-119.
[2] Ibid,p.125.
[3] Compendio de la Legislación Universitaria: 1910-2001, Tomo I, México, UNAM/2001, p. 107
1. El presente artículo fue publicado originalmente en la revista Archipiélago N. 68, JUNIO 2010.Reproducimos el texto en Revista Sociedad Latinoamericana con la autorización de su autor, el Dr. Adalberto Santana.
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