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Humanismo y valores en el pensamiento de Hostos

Enviado por SOCIEDAD el 01/11/2010 a las 17:38

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Humanismo y valores en el pensamiento de Hostos

Por Rigoberto Pupo Pupo

 

1288654610946-PUPO.jpgDoctor en Filosofía. Profesor e Investigador Titular de Filosofía de la la Facultad de Filosofía e Historia  de la Universidad de La Habana. Especialista en Filosofía de la Cultura, pensamiento latinoamericano y obra de José Martí. Vicedecano de Investigación, Postgrado y Relaciones Internacionales de la misma Facultad.

E-mail:ripup@ffh.uh.cu


I. INTRODUCCIÓN

Eugenio María de Hostos (1839—1903), constituye una figura cimera de la filosofía, la pedagogía y la cultura en general de Nuestra América. Un fundador que como José Martí y otros grandes intelectuales latinoamericanos, dando continuidad superadora a lo mejor del pensamiento ilustrado, aportó un legado teórico y práctico que trasciende los tiempos actuales. Una obra humanista, con cauces éticos, que parte de nuestras raíces, sin perder el sentido ecuménico y el vuelo cogitativo de su discurso. En la obra filosófica, pedagógica y humanista de Eugenio María de Hostos el elan educativo brilla por su presencia. Es un propósito inmanente que permea el discurso. Es el edificio del todo en lo que tiene de esencial: Formar hombres cultos, dignos, de ciencia y con conciencia, ocupa el lugar central de su programa filosófico—pedagógico. Hombres bien dotados de razón, pero con sentimientos, sensibles ante la realidad circundante.

     Con razón suficiente la Maestra Camila Henríquez Ureña, califica a Hostos como forjador de la conciencia americana. Un fundador cultural americano, que infundió en nuestras sociedades informes la noción de responsabilidad civil, la bondad, la verdad y la belleza. El grande hombre que trabajó con denuedo por enseñar a pensar a nuestros pueblos, como camino para lograr la libertad superior sin la cual no es dable la realización  consciente de otras libertades[1]. El insigne pensador, con alma política desalienadora, que no cejó ante los varios obstáculos, en su vida trepidante y peregrina.

     En los tiempos actuales, la vigencia y trascendencia de la obra de Hostos, es incuestionable. El Maestro enseñó muchos caminos que debemos transitar. Dio prioridad a la cultura del ser, por encima del egoísmo. Teorizó y practicó la educación en valores para la verdadera formación humana. Creyó en el hombre, en la perfección y en la utilidad de la virtud. Hizo culto a la bondad y cultivó la riqueza espiritual como prerrequisito de la libertad espiritual, la ascensión humana y la realización social. Fue un sembrador de ideas que en posesión del método sociocultural antropológico, sólo concibió la eficacia de la política, del arte, de la filosofía, de la pedagogía, si se funda en presupuestos ético— morales.

     Es indudable que la obra de Hostos, tiene mucho que hacer en los tiempos que corren. Su ideario filosófico—pedagógico lo convierte en un guía espiritual de la contemporaneidad.

     Con el propósito de esbozar la rica obra filosófico—pedagógica humanista de Hostos, se derivan tres objetivos:

  • Revelar la Cosmovisión ético—filosófica de Hostos.
  • Develar su concepción del hombre y la subjetividad humana.
  • Mostrar cómo la filosofía de Hostos deviene programa pedagógico para la formación humana a través de la axiología de la acción y la eticidad concreta.

II. COSMOVISIÓN.

Generalmente en la historia de la filosofía cuando se aborda la cosmovisión de un pensador se hace énfasis especial en las varias influencias que recibe y asume. A veces da la impresión de que se está en presencia de una tabla de ajedrez, donde cada cuadrícula debe ser ocupada por una pieza y todas ellas conformar la cosmovisión del pensador objeto de estudio. Es como si el pensamiento en su totalidad dinámica, estuviera constituido por partes que dan cuenta y razón del pensador que le dio origen.

     En mi caso, —también historiador de la filosofía— trataré de soslayar estos caminos trillados. Creo, con José Lezama Lima, que cuando las influencias son sentidas dejan de ser influencias. Se integran a la totalidad pensante y funcionan como un todo con plena originalidad , capaz de pensar la realidad sobre bases nuevas: contextos geográficos, tiempo histórico, tradición, experiencias del pensador, incluyendo sus propósitos, el oficio, la misión que cumple y el estilo subjetivo con que aprehende la realidad.

     Es el caso de Eugenio María del Hostos, un hombre que está al nivel de la cultura de su tiempo histórico. Un humanista que con sentido electivista asume creadoramente la herencia cultural de la humanidad y le imprime su propio espíritu

     Y estilo. ¿Por qué entonces convertir la indagación en caza—influencias? Para decir, en esto sigue el positivismo, al krausismo,etc. ,cuando de lo que se trata es de determinar su cosmovisión general, su visión del hombre, la sociedad y la cultura, en su propia obra, independientemente que él mismo refiera a determinadas fuentes específicas.

     Hay en Hostos una particular visión del mundo y el hombre como totalidad. Una concepción del universo como ser unitario, regido por leyes propias, donde lo natural e histórico deviene como proceso. El hombre, la sociedad y la cultura, reproducen en síntesis, la naturaleza, al ser universal. “ Naturaleza no es nada, sino es un orden del cual se deriva todo necesaria, lógica y esencialmente, todo, pero todo, fundamentalmente todo.[2]

1288656540294-Hostos.jpgEl armonismo cósmico hostosiano es evidente. Armonía cósmica que hace extensible al hombre y a la sociedad en general. El orden en la naturaleza cósmica es armonía, que se despliega y concreta en toda la diversidad existente, incluyendo al hombre. “Está en toda mi alma y sucesivamente es solicitación de mi actividad hacia todo cuanto me rodea, atracción de mi sentimiento por la armonía de la naturaleza y de la vida, creencia racional en la necesidad del vínculo y unión de todo lo que existe entre sí y de mí con todo lo que existe, conciencia de que mi vida debe servir para aumentar, no para alterar, el orden universal que he conocido.”[3]

     Muchas coincidencias y semejanzas encontramos con Martí. Su ensayo antológico “ Esmerson”, da cuenta y razón de ello[4]. El armonismo cósmico, concebido como orden de la naturaleza, penetra toda su concepción del universo y del cosmos humano y con ello a las ideas éticas, estéticas, científicas, etc, expresadas por un orden natural, un orden social y un orden individual[5]. Concepción naturalista que no niega el lugar del hombre, su subjetividad y su praxis. Se trata de un orden, donde ley natural e histórica y actividad consciente de los hombres, interaccionan recíprocamente, devienen unidad dialéctica: Sencillamente, “ las leyes generales del Universo son la suma de condiciones necesarias, mediante los cuales gravitan los astros, verifica sus revoluciones nuestro planeta, viven en él y realizan su destino los vegetales, los animales, el hombre y la sociedad y la humanidad” [6].

      Como gran Maestro fundador, su naturalismo cósmico, no resta valor al lugar del hombre en el cambio de las circunstancias con su actividad. Creyó en el hombre y en la posibilidad de su perfectibilidad, a través de la educación.

     Su naturalismo racionalista le abre cauces para la formación humana. En su criterio“ educar es como cultivar (…), educar la razón es hacer lo que el buen cultivador hace con las plantas que cultiva (…); proporcionarle un terreno que tenga las condiciones que han de favorecerlo facilitándole luz, calor, aire y agua; tratar de que el tallo crezca, evitarle cambios violentos de temperatura, y cuando ya esté formada abandonarla a su libre desarrollo”. [7]

     En fin, esta cosmovisión unitaria del ser basada en el orden de la naturaleza, se revela en toda la obra de Hostos: en la lógica, la ética, la filosofía política y social, la psicología, y por supuesto, en su pedagogía.

     Su concepción unitaria del ser, entendido por Hostos, en toda su complejidad y mediaciones, posee implicaciones de largo alcance. Abre nuevos cauces en la comprensión del hombre en relación con la naturaleza; proceso que entiende, como vínculo donde el hombre se naturaliza y la naturaleza se humaniza, para de este modo fundar una armonía que deviene fundamento de una conciencia ecológica, así como en el plano social, lograr la tolerancia como base del desarrollo humano y el equilibrio del hombre y la sociedad.

III. EL HOMBRE Y LA SUBJETIVIDAD HUMANA

La comprensión hostosiana del hombre, si bien es congruente con su armonismo cósmico y su idea de la naturaleza como orden necesario, regido por leyes, no es menos cierto que creyó en el valor de la subjetividad humana. Su humanismo ético, dando prioridad a los deberes y a los derechos del hombre, conjuga en indisoluble unidad lo individual y lo social del hombre. Reconoce la riqueza de la subjetividad humana y se esfuerza por el ascenso espiritual del hombre.

     Su racionalismo naturalista, no le impide separar la razón de la conciencia y de los sentimientos del hombre, incluyendo su razón utópica. “El ser humano— infatiza Hostos — comienza a vivir por los sentimientos, duplica su vida por el sentimiento,aumenta la intensidad de la vida por la fantasía” [8].

     Ya desde su primera gran obra: La peregrinación de Bayoán (1863) el tema de la subjetividad humana es asumido con alto vuelo cogitativo. La peregrinación misma de su personaje central “ (…) revela una profunda empresa espiritual que, por su naturaleza creadora, arranca de la disconformidad, escruta zonas de más altos valores y culmina trascendiendo la individualidad (…) El viajero es un personaje ensortijado en su yo. El peregrino es una persona dinamizada a pesar de su Yo. Al primero lo signa una complacencia estética, una fruición pasajera. Al segundo lo enardece una preocupación ética, un permanente sondeo de la vida humana”.[9]

     El hombre y la subjetividad humana es un tema central de toda la obra extensa y profunda de Hostos. Tiene que serlo por lógica razón: se trata de un fundador humanista de nuestra América que hizo de la educación, un evangelio vivo para la formación humana.

     Asumió con fuerza creadora al hombre en su naturaleza individual y social, y a la subjetividad, en sus cuatro aristas fundamentales: cognoscitiva, valorativa, práctica y comunicativa. Sobre cada una hizo mucho y dijo más.

     En Gnoseología, como Martí y los grandes hombres de la filosofía y la educación de nuestro continente, Hostos profesó el sensorracionalismo. No separó la experiencia de la razón. Su racionalismo no soslayó el papel de los sentidos y el experimento. “ Conocer – escribe el filósofo—pedagogo – es establecer una identidad entre realidades físicas, morales e intelectuales y la representación, idea o juicio que de ella se forma la razón” [10] (…),es penetrar con el conocimiento en el fondo de las cosas, de modo que cuando las percibamos con el entendimiento sea como si las percibiéramos con los sentidos”.[11]

     En su concepción, la intuición comprende el momento sensorial del proceso cognoscitivo: sensación, percepción, imaginación y memoria. La razón se funda “ siempre en su actividad anterior” [12], es decir, en la etapa sensorial (sensorracionalismo).

     Su gnoseología, expuesta en su lógica, concibe la realidad (natural y social) como fuente del conocimiento. Define la verdad como correspondencia del conocimiento con la realidad. En su concepción “ la verdad está en la realidad, y la realidad no es lo ideado por el hombre, sino lo efectuado por la naturaleza”[13], en tanto, “ la realidad es forma de la verdad y la verdad es fondo de la realidad”[14].

     El conocimiento como proceso subjetivo – objetivo creador, es concebido por el filósofo puertorriqueño como un proceso dinámico complejo, en búsqueda de la verdad, y la ciencia como la verdad organizada.

     Si bien en su concepción del hombre, y su subjetividad, no se despliega en toda su magnitud el lugar de la praxis, destaca el papel del experimento y la actividad del hombre, ya sea ético—moral, estética, política, científica, etc.

     Igualmente ocurre con la importancia que otorga a la actividad valorativa en el devenir progresivo, así como a la comunicación del hombre, como persona social e individual.

     En Hostos, no existe una separación metafísica entre los componentes de la subjetividad humana. No separa el conocimiento de la valoración, ni de la comunicación intersubjetiva y la acción de los sujetos[15]. Hay sustanciales diferencias con el positivismo original, si bien admite la exclusividad del conocimiento científico positivo y niega a la metafísica.

1. PEDAGOGÍA Y AXIOLOGÍA DE LA ACCIÓN.

Es indudable que la rica filosofía hostosiana, con sentido histótico—cultural, deviene programa educativo para la formación humana, a través de la axiología de la acción. Una pedagogía humanista de raíz axiológica capaz de preparar al hombre para la vida. Un magisterio consagrado que une la instrucción propiamente dicha, con la formación moral, la razón con los sentimientos y la ciencia con la conciencia.

     En Hostos, la cultura no se determina sólo por el conocimiento acumulado, sino además, por la sensibilidad para mirar la realidad con ojos humanos. Por eso da prioridad a la cultura del “ser” , por encima del ansia del “ tener” desmedido.

     El grande maestro puertorriqueño y de américa hizo mucho y suscitó más: sembró fructíferas semillas y comido de ansias de humanidad las cultivó. Abrió caminos(…). Con razón suficiente Juan Bosh, lo cualifica como “ el sembrador”,[16]Eugenio Carlos Hostos, como “ (…) peregrino del ideal[17] y Manuel Maldonado lo une a Martí[18].

     La obra de Hostos está hecha de una sola pieza. Es una Summa orgánica suscitadora de infinitas aprehensiones. Su pedagogía es consecuente con su cosmovisión filosófica de acuciante numen naturalista. Por eso asume el objeto de la pedagogía, como “ educar la razón según la ley de la razón”[19], cuyos “ ejes fundamentales de su filosofía educativa pueden resumirse en cuatro: racionalidad, empiricidad, naturalidad y humanismo o personalidad”[20].

     Con excelente maestría científico—pedagógica, determina cuatros etapas en el devenir de la razón del hombre: “ En el niño prepondera la intuición, y por eso es tan curioso: en el adolescente funciona principalmente la inducción, y por eso es la edad de los más vivos placeres intelectuales : el joven empieza a trabajar la deducción, y por eso es la edad de las vanas seguridades y jactancias: en la razón madura se subordinan a la sistematización las otras funciones racionales y por eso es la edad de los empeños filosóficos y los afanes por darse una interpretación orgánica de la naturaleza, del espíritu y de la sociedad”.[21]

     Se puede discrepar, por supuesto, de esta perioridización, pero sin dejar de reconocer la coherencia de su sistema filosófico y de la racionalidad que lo encauza: la insistente relación de la naturaleza con la razón y la aprehensión de un método que la posibilite. Su racionalismo exige formar la razón y sus funciones mentales, en estrecha unidad con el devenir del desarrollo natural, con la madre naturaleza que rige el orden causal y sus efectos.

    Al mismo tiempo su naturalismo racionalista, muy propio de los hombres de su estirpe, no rechaza el quehacer del hombre en la creación del corpus de la cultura. Todo lo contrario, su vocación educativa se encamina a la formación humana, a través de la revelación de los valores que lleva dentro y esperan por su cultivo para nacer y crecer. “ El realismo— señala Carlos Rojas Osorios – implica el contacto cognoscitivo del educando con los objetos y realidades que tratan de investigar. Y el humanismo significa la alta consideración que los valores éticos y estéticos han de tener en la formación de la personalidad humana. La educación misma tiene un fundamento ético. Hostos insiste en la actividad experimentadora y observadora del educando. Enfatiza la formación del juicio y la inteligencia y no atiborramiento de la memoria. Resalta la unidad de ciencia y humanidades para la formación íntegra del ser humano. Para él, el hombre no es sólo un ser de razón; sin su conciencia ética el hombre sería un bárbaro, un ser incivilizado. Razón y conciencia son para Hostos las más altas luminarias del ser humano”[22].

     Como hombre humanista de altos propósitos en pos de la ascensión humana, se aferró a los valores. Vio en ellos fuentes nutricias para el mejoramiento humano y la perfección del hombre. Hizo de la axiología de la acción y la eticidad concreta, una fragua de espíritu.

     En Hostos, los valores humanos: bondad, verdad, belleza, gratitud, responsabilidad personal, deber, virtud, dignidad, libertad, amor , tolerancia, etc., devienen cauces primarios de su filosofía educativa. Valores que el grande Maestro inserta en la cultura, pues está consciente y convencido que al margen de una cultura de elevados propósitos, los valores no se revelan, no se integran al ser esencial del hombre, ni se expresan en las actividades y comportamientos concretos del ser humano.

 



[1]Ver Prólogo de Camila Henríquez Ureña a “ Eugenio María de Hostos. Obras. Casa de las Américas. La Habana, 1976, pp. 7—26

[2]Hostos. E. Hombres e ideas. Obras completas, Edición conmmorativa del Gobierno de Puerto Rico. Vo. XIV, San Juan, 1969,p.181

[3]Hostos, E. La

[4] Ver Martí, J. Emerson. Obras completas. Tomo 13. Editorial Nacional de Cuba, La Habna, 1964.Pp.15—30.

[5]Ver Rojas, C., Hostos. Aprehensión filosófica. Colegio universitario de Humacao. Instituto de cultura puertorriqueños, Humacao, 1988, pp.66—67

[6] Hostos, E. La Educación científica de la mujer Edic. citada. Vol. XII,p.19

[7] Hostos, E. Pedagogía. En nociones de Ciencia e historia de la Pedagogía. Vol. XVIII.p.12

[8] Hostos, E. Hamlet. Edición cit. Vol. XI, p. 146

[9] López, Julio C.— “ Introducción a la Peregrinación de Bayoán. Editorial San Juan, San Juan de Puerto Rico, 1973,

pp.7—8.

[10] Hostos, E. Pedagogía. Obra citada. Tomo XVIII, p. 17.

[11] Hostos. E. Filosofía. Vol. IX. Tratado de Lógica, p. 28.

[12] Ibídem, p. 41.

[13] Ibídem, p. 23.

[14] Ibídem, p. 27.

[15] Ver Rojas C. Hostos. Apreciación filosófica. Edición citada, pp.10—11

[16] Bosh, J. Hostos el sembrador. Edición Huracán, Río Piedras, 1976

[17] Hostos E.C.— Hostos, peregrino del ideal. Ediciones Literarias y artísticas, París, 1954

[18] Maldonado, Denis, M Hostos y Martí. Editorial Antillano, Rico Piedras, 1987.

[19] Hostos E. Pedagogía. Obras citada, p. 11

[20] Rojas, C. Obra citada, p. 87

[21] Hostos, E. Pedagogía. Obra cit. Pp.29—30 .

[22] Rojas, C. Obra citada, p. 109

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Sepan
Sepan el 16/02/2012 a las 13:06
todavia no lo puedo creer qe drmaonando le aya pasado eso descanse en paz don armando se le extrranara ese saludo afectoso que nos brindo dejandonos con una sonrisa descanse en paz .

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