Contribuciones pedagógicas y epistémicos de Paulo Freire y Hugo Zemelman
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Dos voces para la libertad:
Las contribuciones pedagógicas y epistémicos de Paulo Freire y Hugo Zemelman.
Por Ricardo Romo Torres
Doctorado
en sociología por la UNAM,
con curso postdoctoral por El
Colegio de México. Profesor-investigador del Departamento de Estudios Ibéricos
y Latinoamericanos, de la
Universidad de Guadalajara, México. Responsable del proyecto:“Contribuciones latinoamericanas al desarrollo de una visión epistémico-literaria.
Implicaciones pedagógicas”, entre otros.
E-mail:romotorres@yahoo.com
RESUMEN
Este trabajo analiza las controversias y concurrencias entre los aportes pedagógicos de Paulo Freire y epistémicos de Hugo Zemelman en el coro polifónico del pensamiento latinoamericano. Frente a la tendencia orientada a generar diálogos entre los escritores de nuestra región con perspectivas desarrolladas en Europa o los Estados Unidos, cuyas resonancias se limitan a sobrestimar los aportes del centro, este artículo pretende dar cuenta de las proximidades y diferencias presentes en las contribuciones de ambos intelectuales. En ese marco, las posibilidades emancipadoras se abren hacia un abanico de formas de razonamiento y de sensibilidad delineadas en sus propuestas.
Palabras clave: apertura, conciencia, epistemología, pedagogía, dialéctica.
RESUMO
Este trabalho analisa as controvérsias e as convergências entre as contribuições pedagógicas de Paulo Freire e epistémicas de Hugo Zemelmam no coro polifônico de pensamento latino-americano. Diante da tendência que visa criar um diálogo entre os escritores de nosso continente com as perspectivas desenvolvidas na Europa ou nos Estados Unidos, cuja ressonância está confinada a superestimar a contribuição do centro, este artigo procura dar conta das proximidades e diferenças presentes nas contribuições de ambos os intelectuais. Neste contexto, as possibilidades emancipatórias abrem um leque de raciocínios e sensibilidades delineadas nas suas propostas.
Palavras chave: abertura, consciência, epistemologia, pedagogia, dialética.
Los mayores gustan de las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, no os preguntan nunca lo esencial. No os dicen jamás: “¿Cuál es el tono de su voz?” (...). Ellos os preguntan “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos son? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente entonces creen conocerlo.
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY, El principito.
El presente ensayo pretende incursionar en la posibilidad de construir una visión epistémico-pedagógica por medio de la orquestación de dos voces cuyas resonancias se escuchan dentro y fuera de América Latina. En los asideros del pensamiento y la cultura latinoamericanos encontramos universos polifónicos que constituyen verdaderos ejercicios orquestales, cuya pertinencia debe tener resonancia para los debates entre científicos sociales de la región. Nuestra pretensión en el presente ensayo no es agotar esos universos. La inquietud estriba, más bien, en coordinar dos voces que han incidido en la tematización y puesta en práctica de procedimientos libertarios; nos referimos, por un lado, a la de Zemelman que desde su propuesta epistemológica accede a una racionalidad ampliada que articula las funciones cognitivas, éticas y políticas y, por el otro, la de Freire en pedagogía, quien con sus impulsos creativos vincula las exigencias del conocimiento a la naturaleza ética-política de la educación.
Voces y ecos: desde los sujetos
La exigencia principal de este trabajo está especificada en la necesidad de no perder de vista a los sujetos como portadores de voces. A ellos los tendremos presentes a la hora de concebirlos en la incompletud existencial impulsora de apertura, a través de la rebeldía, opuesta a lo instituido y promotora del movimiento social. Movimiento social en tanto expresión de la circunstancia tensa entre la libertad y la determinación, condensadas en un dinamismo que involucra a la imaginación poética, epistémica y política.
La incompletud existencial
Hombres y mujeres emiten voces para encontrarse en el marco existencial de la incompletud; la fuerza de su eco se escucha en un contexto de experiencias marcado por la historicidad y la práctica política de los sujetos. Ante esa incompletud existencial, se expresan con fuerza dos voces desde las perspectivas epistemológica y pedagógica. Voces de libertad que reclaman como imperativo el “coraje de reconocerse inacabados” y, “por lo mismo, tener que asumir la realidad como destino” (Zemelman, 1998: 67). Afrontar el inacabamiento exige también adoptar una postura de curiosidad, en la vía de lo inédito viable y de lo indeterminado- determinable. Así, la incompletud debe superarse ejerciendo la conciencia histórica a través de la problematización permanente con la realidad. De esta forma, Freire (1978a: 44), vislumbrando las implicaciones de la incompletud con la esperanza, afirma: “Sólo en la convicción permanente de ser inacabados puede encontrar el hombre el sentido de esperanza. Quien se juzga acabado estará muerto. No descubre siquiera su indigencia”. Con lo cual la esperanza se cumple a través de la criticidad y problematización de los sujetos colocados ante su realidad.
Al adoptar una clara visión antropológica que atraviesa las dos perspectivas, asumimos un punto de partida en el inacabamiento de los hombres y mujeres, teniendo como ejes, en esa incompletud, la historicidad y la existencialidad de los sujetos. En la postura de Zemelman (1998) esa cuestión está expresada en los siguientes términos: “En verdad, el devenir antropológico desde el pensar epistémico consiste en recuperar al sujeto en sus posibilidades de historización, a partir de su modo de colocarse ante el mundo”. A su vez, en la perspectiva de Freire (1978b: 91-92), esa historización y existencialidad de hombres y mujeres propias de la educación liberadora, implica reconocerlos “como seres que están siendo, como seres inacabados, inconclusos, en y con una realidad que siendo histórica es también tan inacabada como ellos”.[1]
Apertura: rumbo a la rebeldía
Con la apertura apuntamos hacia una directriz opuesta a las tendencias fragmentadoras de muchas posturas posmodernas; reclamando, en su lugar, la necesidad de una visión articuladora que oriente sus esfuerzos a la construcción de totalidades concretas.[2] En palabras de Hugo Zemelman (1992a: 141): “la apertura consiste en el mecanismo racional para definir líneas de razonamiento alternativo, determinadas en función de la experiencia epistemológica de la totalidad concreta”.
En la perspectiva freireana, lo inacabado del estar siendo es visualizado a partir del carácter fundante de la apertura, dentro de una oscilación que implica la alteridad como movimiento y el movimiento de los otros orientado a la construcción de proyectos.[3] En esa dirección el epistemólogo chileno complementa lo anterior sosteniendo que: “la idea de movimiento en que descansa la noción de apertura se relaciona con el “cómo es” de lo real, con el “cómo es posible darse” y con el “cómo está siendo” de lo real” (idem: 137). En síntesis, habrá una complementariedad entre las dos visiones en el sentido de que para Freire la apertura se da a través del estar con el mundo; y en Zemelman, a su vez, ésta se produce por medio de una colocación de los sujetos ante su mundo.
Asimismo, la apertura involucra a la acción rebelde en el sentido de que “en un quehacer liberador, no se puede perder de vista está forma de ser de los oprimidos, ni olvidar este momento de despertar” (Freire, 1978b: 60). Esta forma de estar siendo orientadora del despertar, se inscribe en un marco desde donde “entendemos la rebelión como un síntoma de asunción, como una introducción a la plenitud” (Freire, 1978a: 87).
Libertad e incertidumbre
La apertura no es algo que se presente ilimitadamente. Afronta, por el contrario, una tensión entre la libertad que “supone una tendencia autónoma respecto de las determinaciones”, y “la incertidumbre que implica riesgos en las consecuencias del comportamiento elegido” (Zemelman, 1998: 13).
Por otro lado, en gran parte de la obra freireana subyace una caracterización negativa de la libertad sustentada en la propuesta de Eric Fromm. De ahí que el miedo a la libertad lo presente arraigado en los niveles de conciencia ingenua y de conciencia transitiva ingenua[4]. Así, “los oprimidos acomodados y adaptados, inmersos en el propio engranaje de la estructura de dominación, temen a la libertad, en cuanto no se sienten capaces de correr el riesgo de asumirla” (Freire, 1978b: 38). A su vez, la libertad en el marco de la conciencia crítica es visualizada en términos de que “nadie tiene libertad para ser libre, sino que al no ser libre lucha por conseguir su libertad. Ésta tampoco es un punto ideal fuera de los hombres, alcual inclusive alienan. No es idea que se haga mito, sino condición indispensable. A su vez Zemelman (2002: 47), inspirándose en Shaff, sostiene: “la conciencia histórica deviene en condición de libertad, tanto en cuanto se corresponde con la capacidad de crear espacios de realidad, reconociendo en la misma circunstancia opciones de construcción desde lo necesario”.
De la misma forma que Freire no duda en concebir la educación como práctica de libertad, desde la conciencia crítica y el inédito viable, Zemelman considera la política como epistemología en tanto ejercicio emancipador que, influenciado por la conciencia histórica, impulsa la autonomía en tensión con la indeterminación- determinable.
Imaginación: entre poesía y existencia
En la dupla de voces Zemelman-Freire está expresado un ritmo por la alternancia del silencio, marcado por la incompletud, y el sonido, signado por la búsqueda de la existencia plena de las personas y grupos. Zemelman lo vislumbra perfectamente cuando remite al imperativo del “constante homenaje de la palabra al silencio como es reclamado por la poesía” (idem: 116). Ese silencio no está enmarcado en la cultura muda aludida por Freire, sino ubicado en el espacio de la prediscursividad, es decir, en el ámbito de los sujetos colocados ante el mundo. De ahí que Zemelman (1998:140) señale:
Surge la tarea de recuperar el silencio como momento prediscursivo. O como la reflexión en sí misma, sin mediar la comunicación, y, por lo mismo, constitutiva en tanto raíz del en sí mismo del sujeto en su esfuerzo por erguirse ante el mundo. El silencio, ese momento de asomo al mundo que perturba lo que se sabe del mismo, pero que contiene la subjetividad profunda.
Cuando Freire se remite al silencio, lo hace para insertarlo en la cultura del silencio impuesta por los dominantes y asumida por los dominados; su necesaria superación se logra mediante una educación para la libertad. Hay componentes políticos y poéticos en el tratamiento de la cultura del silencio, como también los hay en toda la obra de Freire. Por eso algunos críticos, entre ellos Diana Coben (2001:70), reconocen que sus escritos “son retóricos: en el mejor de los casos poéticos, y en el peor, difusos e inaccesibles”. Podemos decir entonces que, en el mejor de los casos, la poesía salva a Freire, como también lo salva una práctica coherente y consistente con los grupos oprimidos. En todo caso, lo que debemos valorar es el esfuerzo del pedagogo brasileño por coordinar lenguajes de la filosofía, las ciencias sociales y humanas; por hacer énfasis en la presencia de sujetos concretos y no de entelequias; por marcar la especificidad cultural, la libertad y autonomía de las lecturas y la praxis que hombres y mujeres hacen desde su realidad[5]. Ante ello, precisamos de las necesidades de realidad, de conciencia, de ser sujetos, pero también de poetizar como lo hizo Freire en su pedagogía y como lo hace Zemelman en su epistemología. Precisamente, este epistemólogo chileno, haciendo eco de las palabras de Hermann Broch, sostiene que “la poesía es tan sólo una forma incontenida —impaciente— de conocimiento”[6].
Entonces, las perspectivas freireana y zemelmiana son modalidades incontenidas e impacientes de conocimiento y acciones transformadoras, en cuyas voces se reclama la poesía como un lenguaje promotor de imágenes y posibilidades. De la misma forma, ambas visiones orientan la incursión hacia lo inédito viable y a la determinación de lo indeterminado, en la medida en que como voces urgidas de poesía, también lo están de imaginación. En esa línea “no se trata de pensar lo imaginario, sino de usar la imaginación para encontrar aquello que se nos oculta. No se trata de forjar un modelo, sino de descubrir el futuro en lo real de hoy” (Zemelman,1996: 30)[7]. Y es que el pensamiento, al poner cotos al imaginario, cancela opciones para que la imaginación se desplazase por los límites abiertos de la coordinación de esfuerzos tendientes, a su vez, a lograr una orquestación solidaria de acciones y experiencias plasmadas en proyectos colectivos.
El bardo chileno Gonzalo Rojas, respecto a la comunidad de poetas, ha señalado:
“Todos nosotros nos sumamos adentro del gran coro de los otros, con los otros, junto con los otros”[8]. Con ello ha expresado la solidaridad presente en el campo poético, la cual se podría extender a otros ámbitos de la convivencia social.
El poema de Guillén (2002: 70) “A la nueva musa” alcanza su pleno sentido cuando compara dos tendencias en términos de la orientación hacia dos intereses distintos: una centrada en la mismidad del poeta y la otra orientada hacia los demás:
Antes, el poeta era un músico/ que frente a la orquesta daba saltos/ e imantaba con su batuta/ los suspiros de la flauta,/ el violín pedigüeño,/ los bajos, roncos como unos abuelos,/ y hasta el tambor inmodesto,/ El poeta se embriagaba/ En medio del estruendo./ Ahora, el poeta se mete dentro de sí mismo/ y allá dentro, dirige su orquesta.
La añoranza no es del pasado, sino de la insistencia en la necesidad del mundo, de la realidad, de otros por parte del poeta. Llama la atención la capacidad orquestante del poeta desde la exterioridad, pues al embriagarse del y con el contexto también inmantaba esa exterioridad a partir de su propia subjetividad. En la tendencia presente, en cambio, es lamentable que esa orquestación sea emprendida la mayoría de las veces bajo la mismidad.
El miedo, la inseguridad, la envidia bloquean, desde la tendencia ensimismada, nuestra capacidad de respuesta hacia los demás.
Por eso uno de los problemas generalizados que aquejan a las sociedades contemporáneas radica en que las personas tienen miedo de saber dónde, qué y por qué les duele la existencia. Frente a esta situación requerimos abrir una campaña de ternura desde la poesía, pero también una campaña poética a partir de la ternura, de esa ternura del Che aludida por el pedagogo brasileño Paulo Freire en su Pedagogía de la esperanza. En esa dirección la arqueología del dolor indicada por Freire será un dispositivo privilegiado para contactarnos poética y políticamente con el dolor en sus diversos estratos, pero también para superarlo mediante la organización de la alegría.
Requerimos de la poesía como recurso arqueológico del dolor para detectar los estratos profundos del sufrimiento[9]. En esa dirección no basta la audacia para la creatividad; en el aprendizaje solidario se precisa de la osadía frente al dolor para rastrear las huellas que nos conducen a los planos elevados y conectarnos, de esta manera, en solidaridad con los otros, en tanto verdaderos Otros.
Desdoblamiento fundante
Si bien las voces son susceptibles de orquestarse, es innegable también la autonomía de una respecto a la otra. Cada voz es bidireccional: se alimenta y enriquece de una visión dialéctica; pero, de la misma forma, se nutre de una dialógica interna con otras voces[10]. Dialéctica y dialógica expresan una doble senda orientada a un máximo de conciencia posible. Es obvio que esta senda, al encontrarse sometida a tensiones, generará bifurcaciones mediante un mecanismo que denominaremos desdoblamiento fundante. En el proceso de reflexión encontramos apoyos a este concepto de desdoblamiento fundante, entre ellos el enfoque de la experiencia del estado naciente de Francesco Alberoni y la visión del deseo mimético de Girard.
Pero antes de caracterizar esos apoyos, cabe exponer algunas variantes en el desdoblamiento. Una primera variante de desdoblamientos conduce a la dicotomía moderno/posmoderno. Lo moderno deviene en posmoderno. En el desdoblamiento moderno/posmoderno el segundo polo de la dicotomía apuesta a la diferencia, marginando y olvidando el problema de la alteridad.
Voces europeas
El desdoblamiento fundante representa la otra variante; en ella la diferenciación se dirige a un despliegue en donde la dialéctica se desdobla en dialógica; es el caso de los planteamientos de Bajtín y Morin[11]. Por el momento sólo los indicaremos; después expondremos el sustento del desdoblamiento fundante en las visiones alberoniana y girardiana. Si para Alberoni (1983: 500-501) el estado naciente, detonante del movimiento, comporta la idea subyacente del desdoblamiento fundante, se trata de un desdoblamiento cuya bifurcación obedece a la experiencia naciente. Ésta es indicada por el sociólogo italiano en los siguientes términos:
La racionalidad implica convertir en problema explícito todo lo que en el estado naciente se tiende a superar de golpe, pero el punto de apoyo de esta racionalidad existe en el propio estado naciente como tensión entre realidad y contingencia, doble pertenencia, desdoblamiento de los dos planos, de los que no puede eliminarse ni el uno ni el otro, porque esta duplicidad es la naturaleza misma del estado naciente. En la postura alberoniana, la problemática del desdoblamiento se resuelve mediante el mecanismo de reconocimiento, el cual es promotor de fusión.
En el enfoque de Girard (1984: 55) la constitución de las sociedades no está fincada en la reciprocidad, sino en la rivalidad, en la búsqueda de la diferencias. Su propuesta subraya el interjuego de la reciprocidad y la rivalidad mediante el mecanismo del deseo mimético. El pensador francés describe este mecanismo:
Bajo el efecto de la violenta rivalidad, tarde o temprano todo modelo tiende a cambiarse en un antimodelo, que manifiesta diferencia en lugar de semejanza. Todos desean romper con la reciprocidad, por eso la reciprocidad no hace sino perpetuarse en forma inversa.[12]
Mientras Girard avanza en una visión más orientada por el análisis literario y la antropología hacia el examen de la mimesis vinculada al deseo y al contexto problemático de la reciprocidad, Alberoni se esfuerza en describir los problemas del estado naciente con un enfoque sociológico de reciprocidad, desdoblamiento y fusión, con base en los procesos implicados en la dupla movimiento/institución.
Un desdoblamiento fundante directriz: dialéctica/dialógica
Coincidimos con la formulación del filósofo Mijail Bajtín, cuando sostiene que el diálogo, y nosotros incluimos la dialógica, procede de la diléctica y regresa a él. Pero los momentos de procedencia y retorno están marcados por rivalidades, desencuentros y reciprocidades.
En el desdoblamiento fundante diferenciamos un doble plano directriz expresado en la dialéctica/dialógica: el primero, a nivel del contexto europeo, a través de los planteamientos de Bajtín y Morin, y el segundo, por medio de las formulaciones de Freire y Zemelman, desde Latinoamérica.
Si adoptamos la rivalidad mimética girardiana observaremos que la dialéctica se desdobla, fundando en la dialógica otra perspectiva a la vez antagónica y complementaria. Los planteamientos bajtinianos y morinianos son los casos más claros de este desdoblamiento. Sobre todo el de Bajtín. En la obra de este filósofo y analista literario el diálogo comporta en sus fundamentos un carácter inacabado; la dialógica, también es, en consecuencia, abierta. En palabras de Bajtín (1982):
El diálogo inconcluso es la única forma adecuada de expresión verbal de una vida humana auténtica. La vida es dialógica por su naturaleza. (...) El modelo cosificado del mundo se está sustituyendo por el modelo dialógico. Cada pensamiento y cada vida llegan a formar parte de un diálogo inconcluso. También es impermisible la cosificación de la palabra: su naturaleza también es dialógica.
Bajtín (idem: 269-270) opone al carácter vivo del diálogo la modalidad abstracta de la dialéctica, de esta forma si
en el diálogo se hacen desaparecer las voces (separación entre voces), se eliminan las entonaciones (emocionales y personales) de las palabras vivas, y de las réplicas se extraen nociones y juicios abstractos, todo se introduce en una sola conciencia, y el resultado es la dialéctica.
Entonces, la dialógica adopta la cualidad viva a través de la cual se puedeemprender el tratamiento de los problemas de la horizontalidad y verticalidad. La participación activa de los sujetos en el marco dialógico hacen factible que Bajtín (idem: 397) sostenga: “La persona no sólo posee medio circundante, sino horizonte propio”.
El interjuego dinámico del sujeto que conoce y el objeto conocido da cuenta del acto bilateral del conocimiento-penetración mediante su fórmula condensada en la compenetración.[13] La compenetración, además de horizonte dispone de profundidad. En esa dirección el pensador ruso hace algunas aseveraciones en clave en torno a la profundidad: “El criterio de la profundidad como uno de los criterios supremos en el conocimiento dentro de las ciencias humanas. La palabra que no es premeditadamente falsa no posee fondo. Profundizar (no ampliar ni tomar altura)” (idem: 320). En relación con la precisión de las ciencias humanas, pero igualmente aplicable a las ciencias sociales, sostiene:
El límite de precisión en las ciencias naturales es la identificación (a=a). En las ciencias humanas, la precisión representa la superación de la otredad de lo ajeno sin convertirlo en meramente propio (sustituciones de toda clase, modernización, imposibilidad de reconocer lo ajeno, etcétera) (idem: 391)[14]
La antropología compleja desarrollada por Edgar Morin está considerada entre los aportes epistemológicos europeos más relevantes. La dialógica y dialéctica formulada por él, a partir de una vertiente tri-única de lo cognitivo, lo ético y lo político, constituye una opción para abordar, en y desde la complejidad, los conocimientos y la prácticas ubicadas en lo incierto, lo impreciso y lo indeterminado.
Este pensador francés es muy claro al concebir la dialógica como “la lógica bicéfala surgida del encuentro de dos lógicas; sería la combinación simbiótica entre estas dos lógicas, combinación que se presentaría en términos a la vez complementarios, concurrentes, antagonistas” (Morin,1982: 331).[15] En la propuesta moriniana, a diferencia de la dialógica, si bien es cierta la presencia de la dialéctica, no encontramos una tematización y sistematización de ésta.
Quizás por el tratamiento que hace Morin de todos los problemas desde la lógica recursiva, no llega a la diferenciación entre planos o niveles. Por lo tanto el desdoblamiento fundante de dialógica/dialéctica no asume la profundidad y horizontalidad que sí están presentes en el enfoque bajtiniano. Principio de recursividad y principio hologramático. Con Morín podemos hablar de una multiplicidad de modalidades de dialógicas: dialógica pensamiento lógico-pensamiento analógico, dialógica comprensión-explicación, comprensión-explicación.
Dentro de la perspectiva moriniana, la dialéctica y la dialógica reciben un tratamiento recursivo[16] y hologramático[17], esa es la razón por la que la horizontalidady la profundidad no son pertinentes; pero sí lo son los bucles, los procesos retroactivos que abordan procesos sistémicos autorrefenciales y autónomos.
Voces latinoamericanas: de nuevo cuentan
La potencia de dos voces se deja escuchar, de nueva cuenta, en el espacio latinoamericano por medio de las formulaciones de Paulo Freire y Hugo Zemelman, en sus aproximaciones en torno al desdoblamiento fundante.
En realidad, Freire no tematiza la dialéctica, sino más bien la ejerce en la práctica, enriqueciéndola con reflexión y acción. Quizá la aplicación más inclusiva esté signada por la dialéctica oprimido-opresor; desde ésta se desprenden otras relaciones dialécticas, como la “lectura de mundo”/“lectura de las palabras”, la subjetividad/objetividad, entre otras. En todas ellas se marca un énfasis muy fuerte en las contradicciones que deben superarse mediante la praxis. Esto implica un encuentro dialógico con los otros y el mundo a través de un proceso concienciador.
Ese proceso debe enmarcarse en un contexto, por eso la insistencia de Freire (1976: 88): “la concientización no se verifica en seres abstractos, y en el aire, sino en hombres concretos, y en estructuras sociales”. La mediación de ese proceso “de generación y toma de conciencia” es el mundo con sujetos que dialogan horizontalmente. De esta forma, “al basarse en el amor, la humildad, la fe en los hombres, el diálogo se transforma en una relación horizontal en la que la confianza de un polo en el otro es una consecuencia obvia” (Freire,1978b: 105).
Las contradicciones no deben ser tan grandes para iniciar y mantener el encuentro. De tal forma que el diálogo será posible entre diferentes, pero no con antagónicos. Así, con base en el diálogo los hombres y mujeres superan, vía la concientización, los momentos ingenuos y transitivos a que se ve sometida la conciencia[18]. De esa forma “la concientización tiene como finalidad la obtención de la conciencia crítica o de lo máximo de conciencia posible”. El aspecto anterior lo complementa con la siguiente idea: “El diálogo y la problematización no adormecen a nadie. Concientizan” (Freire,1976: 61 y 88).
Contrastando con la dialéctica, o en tensión con ella, la dialógica la encontramos más explícita en la pretensión freireana por desarrollar una teoría de la acción dialógica. Esa teoría que asume la dialógica desde una adjetivación de la acción, en realidad debe sustantivarse a partir de la coincidencia de Freire con el filósofo Eduardo Nicol, referente a considerar la relación dialógica como “la condición fundamental del acto de conocer” (Freire,1992: 113).
En la perspectiva freireana la densidad de la profundidad se ejerce en el ámbito de la esperanza, liberándose así el radical libre expresado en la voluntad de conquistar la libertad vía la participación política, consciente de sus límites y generosa en cuanto a sus alcances. Para Freire los hombres son seres esperanzados y curiosos que buscan liberarse de la opresión, abriendo así los surcos del dolor para que, depositando sueños, germine la semilla de la utopía y cosechen una disposición a organizar la alegría.
Por su parte, la perspectiva zemelmiana, a diferencia de la moriniana, la cual asume un marco diferenciador para trazar distintas modalidades en la dialógica, enfrenta un desafío para la formulación de modalidades desde la dialéctica[19]. Distinguiendo entre ellas la dialéctica determinación-indeterminación, dialéctica apropiación-instalación, dialéctica sujeto-contexto. De todas ellas la perspectiva horizóntica es el eje que las permea. Por eso el epistemólogo chileno no duda en sostener que “el desafío está en que antes de conocer hay que afrontar la realidad partiendo no de objetos, sino de horizontes, para no aprehender la realidad negando la posibilidad de su construcción” (Zemelman,1992b:181). En las posibilidades de construcción del vínculo con la realidad, en donde los sujetos se colocan ante ella, se advierte una densidad horizóntica.
La densidad horizóntica se constituye a partir de las diversas modalidades de existencia, de relación con la realidad de la cual la conciencia histórica es una de ellas, a partir de distintas necesidades, como la necesidad de realidad, necesidad de conciencia, necesidad de otro, etcétera.
La densidad horizóntica de la existencia procede de la densidad mayor de la experiencia. Pues al desdoblase la experiencia en historicidad y existencia, las densidades adoptarán la cualidad de concentrarse en el problema de la exterioridad que, a su vez, nos plantea el imperativo de otredad. Con ello, la necesidad de mundo y de otro, procedente de la condición inconclusa de los sujetos, será un pivote para la construcción de formas solidarias de relación social. Pero el devenir de la relación social no excluye la crítica, la problematización, sino que la promueve desde el ángulo de colocación ante la realidad por parte de los sujetos[20]. De esta forma, desde la densidad horizóntica se concibe a los hombres como actores colocados ante el mundo, con necesidades surgidas desde una incompletud que les orienta, desde el presente potencial, en la construcción de proyectos. Entonces, la transformación de la historia en experiencia asumirá la politización del conocimiento desde la apertura, en tanto una exigencia de concebir a la política como epistemología.
Con base en lo anterior, observamos cómo las voces pueden armonizarse o bien entrar en contrapunto respecto al problema de la densidad en el horizonte o la[10] profundidad de algunos aspectos importantes. Entonces, requerimos de un puente con el fin de orquestarlas, considerando las modalidades, matices y tonos de cada una de ellas.
Un puente para dos voces: la conciencia histórica
Con el recurso del puente aludimos a las posibilidades que pueden generarse en torno al horizonte. Precisamente, se trata de un puente edificado a partir de la densidad horizóntica y sobre ese andamiaje se erige la conciencia histórica, de cuño zemelmiano, y la conciencia crítica, de procedencia freireana. Asimismo, estamos con Zemelman (1992b: 166) en su densidad horizóntica propia de los espacios de incertidumbre: “El horizonte representa la aventura de asomarse a lo incierto encarnando la tensión máxima de la conciencia que desea adentrarse por los meandros de la realidad indeterminada”. En la propuesta zemelmiana de conciencia histórica están implicadas, además de los horizontes, las modalidades; en ese sentido: “la conciencia histórica es la conciencia de las modalidades de concreción de la realidad sociohistórica” (Zemelman,1998: 148).
El epistemólogo chileno asume un planteamiento respecto a la conciencia histórica que no es reducible a la función cognoscitiva, pues además supone la problemática ética implicada en las dimensiones de la otredad. Desde ahí, sirve de impulso a cualquier discursividad que, sin quedarse en las determinaciones, busque conquistar zonas de incertidumbre, para orientar éstas por sendas de liberación humana: Con ello, la naturaleza ética implicada en el problema de la alteridad constituye un componente importante del andamiaje por emplearse en la construcción del puente entre esas voces.
Freire aporta al abordaje de la conciencia un tratamiento que distingue niveles de conciencia, con ello se aproxima al abordaje del eje de la profundidad. Sin embargo, su énfasis en la valoración de la teoría, le cancela la posibilidad de abarcar mayores espacios de inderminación-determinable[21]. Máxime cuando Freire, en lugar de llegar a la profundización hasta sus últimas consecuencias, desplaza su interés hacia la distinción entre la curiosidad ingenua y la curiosidad epistémica.
No obstante la observación anterior, consideramos que en la perspectiva freiriana, como también en la zemelmiana, sus grandes méritos radican en concebira sujetos de carne y hueso, los cuales asumen su inacabamiento a través de la toma de conciencia. Conciencia que les permite percatarse de un campo de opciones libertarias que van actualizándolas mediante ejercicios solidarios, en la apertura con sobre todo en su idea de que somos seres programados, pero no determinados otros sujetos y de la propia realidad. Ejercicios solidarios que desembocan en la construcción de proyectos alternativos de vida y existencia.
Finalmente, sólo nos resta plantear un problema cuya posibilidad de solución deberá resolverse en futuros ensayos. Se trata del problema de la necesidad de una concepción de conciencia histórica que comprenda, además de las modalidades, las modulaciones y matices. De esta forma, si en la previsión epistémica zemelmiana la conciencia histórica dispone de un núcleo referido a la crítica y a la problematización, también asume en la horizontalidad una especie de colocación modalizante. Por nuestra parte nos abrimos a la posibilidad de una colocación matizante, que alimentada por una imaginación epistémica, pueda lograr el cometido de ganar profundidad en el problema de las diferencias y los antagonismos que cotidianamente se generan en nuestra convivencia con los demás. Los tonos, de los cuales los matices son una expresión, pueden ser considerados en la escucha atenta de las voces amigas y no muy amigas, atendiendo de esta forma el reclamo del epígrafe de este ensayo.
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92 RICARDO ROMO TORRES• Dos voces para la libertad: las contribuciones pedagógicas y epistémicas de Paulo Freire y Hugo Zemelman
[1] La incompletud está presente en los hombres y mujeres, pero también en las ciencias sociales que
tratan de dar cuenta de ellos. De ahí la invitación y exigencia de Wallerstein en “Abrir las ciencias
sociales” y, con ello, nuestra pretensión de aplicarlas a la epistemología y pedagogía.
[2] Es significativo que Zemelman, en Horizontes de la razón, Barcelona: Antrophos-El Colegio de
México, 1992, vol. II p. 103, la titule “Apertura. Perfil de la razón en movimiento”. En esa directriz
afirma: “la apertura constituye un esfuerzo por configurar universos según una lógica de articulación
entre niveles y momentos, de modo de reconocer (a partir de esta articulación de observables) el
campo problemático desde donde construir el objeto de estudio”.
[3] El interés de Freire por el movimiento está expresado dentro de sus concepciones acerca del
cambio y la transición; también cuando reflexiona en torno al despliegue o repliegue de los sujetos
hacia los niveles de conciencia que logra diferenciar en los procesos de concientización.
[4]Freire (1978a:84), además de Fromm, cita a Manheimm para aludir positivamente a la libertad
colectiva como instancia productora de cambios: “los cambios más importantes se hacen por
medio de la liberación colectiva”.
[5] Habría que preguntarse si lo que cataloga como retórico en realidad sea una preocupación
recursiva en estado práctico del discurso. Estado práctico que incluye la preocupación por lo
demás, desde los otros, con los otros. Ese interés marcado por la alteridad, por la nostredad, por la
solidaridad, es la constante en los escritos freireanos.
[6] La anterior es una cita de Broch (1974:23) efectuada por Zemelman (1992a:11).
[7] Para Holton, la imaginación está implicada en la conformación del eje zeta. Este punto está
inspirado en buena medida en el filósofo de la ciencia ya citado.
[8] Entrevista a Gonzalo Rojas por Daniel
de
[9] “Arqueología del dolor” es una expresión utilizada por Freire para indicar la insuficiencia de una
arqueología del saber-poder al estilo de Foucault. Requerimos de una arqueología del dolor pero
también de una epistemología que, incluyendo la dimensión imaginativa junto con la afectividad
y la voluntad, esté en condiciones de ofrecer una visión articulante de los sujetos; de ahí el
siguiente planteamiento de Zemelman (1989:194): “Construir la historia desde la imaginación es
igualmente científico que explicar lo acontecido. Pero requiere del descubrimiento de la moral
como epistemología y como fuerza y como esperanza y voluntad”.
[10] La perspectiva zemelmiana se ha enriquecido de las contribuciones morinianas y bajtinianas. El
enfoque freireano es coincidente en muchos aspectos con la visión dialógica bajtiniana.
[11] La conciencia histórica tiene como función impedir que las distinciones devengan en dicotomías.
Apoyos epistémicos para desarrollar este punto provendrán de Zemelman, que es abordado en
este ensayo, y de Quijano.
[12] Lo anterior se aplica a la dialógica respecto de la dialéctica.
[13] Respecto a la compenetración, dice Bajtín (1982:394): “Existe una idea unilateral y por eso
incorrecta, pero muy viable, acerca de que para una mejor comprensión de la cultura ajena hay
que de alguna manera trasladarse a ella y, olvidando la propia, ver al mundo con ojos de la cultura
ajena. Esta idea, como ya he dicho, es unilateral. Por supuesto, la compenetración con la cultura
ajena, la posibilidad de ver el mundo a través de ella es el momento necesario en el proceso de su
comprensión; pero si la comprensión se redujese a este único momento, hubiera sido un simple
doblete sin poder comportar nada enriquecedor”.
[14] De igual forma, Bachelard (1982:20-21) plantea la profundidad en la formulación del primer
principio de la imaginación ascencional en los siguientes términos: “entre todas las metáforas, las
de altura, de elevación, de profundidad, de rebajamiento, de caída, son metáforas axiomáticas
por excelencia (….) no se puede prescindir del eje vertical para expresar los valores morales.
Cuando hayamos comprendido mejor la importancia de una física de la poesía y de una física de
la moral, llegaremos a esta convicción: toda valoración es una verticalización”. Asimismo, agrega:
“El dinamismo positivo de la verticalidad es tan claro que pudiéramos enunciar este aforismo: El
que no asciende, cae. El hombre, como hombre, no puede vivir horizontalmente. Su descanso, su
sueño, es con la mayor frecuencia una caída. Los que duermen ascendiendo son raros. Duermen
el sueño aéreo, el sueño shelleyano, la embriaguez de un poema” (idem: 21-22).
[15] En relación con la lógica polifónica, el pensador francés sostiene algo pertinente para el
tratamiento de la imaginación: “Muchos no pueden imaginarse la imaginación lógica. Muchos
no pueden concebir la creación lógica. Muchos no pueden comprender siquiera que la lógica sea
asombrosa” (Morin,1982: 337).
[16] Para Morin (1994:106), “un proceso recursivo es aquél en el cual los productos y los efectos son,
al mismo tiempo, causas y productores de aquello que lo produce”.
[17] El pensador francés, para aludir al holograma, recurre al aforismo pascaliano “no puedo concebir
el todo sin concebir a las partes y no puedo concebir a las partes sin concebir al todo” (idem:
107).
[18] Freire asume el problema de la profundidad cuando distingue los niveles y momentos de la
concientización. Profundidad que se desvanece con su posterior desplazamiento, en trabajos más
recientes, hacia el énfasis en la diferencia entre curiosidad epistémica y curiosidad ingenua.
[19] En cierta forma se produce un desdoblamiento en términos de que las modalidades dialécticas
en Zemelman invierten el énfasis moriniano hacia las modalidades dialógicas. Por otra parte, el
problema de la horizontalidad ausente en Morin cobra densidad en la obra zemelmiana, sobre
todo en la perspectiva dialéctica, en donde se produce una densificación horizóntica.
[20] En este sentido “nos enfrentamos con un horizonte amplio de posibles relaciones con la realidad
que se problematizan recíprocamente.
Needhman ha llamado a estas relaciones las <
modos de experiencias humanas>> (filosofía, matemáticas, ciencias históricas, estética, mística,
religión), que constituyen otros tantos lenguajes diferentes” (Zemelman,1992a: 101).
[21] Sobre todo en su idea de que somos seres programados, pero no determinados
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