Navíos de Caronte de Carlos Fajarado Fajardo o la permanencia del exilio
Navíos de Caronte de Carlos Fajarado Fajardo o la permanencia del exilio
Por Gustavo Adolfo Quesada Vanegas
Poeta, ensayista y catedrático colombiano
¿La mano que maneja la pluma vale tanto como la que maneja el arado?
Arthur Rimbaud
Conozco a Carlos Fajardo Fajardo desde comienzos de los noventa del siglo XX, cuando él y su hermandad de poetas y de gestores culturales: "Si mañana despierto", se abrían espacio en los ambientes literarios de Bogotá. Jóvenes, seguros y denodados, en más de una ocasión nos coludimos para programar eventos literarios. Desde esos días Carlos Fajardo se manifestaba como lo que es: "un horrible trabajador" tal denominaba Rimbaud al poeta vidente-, ya sea haciendo la maestría de literatura y luego el doctorado, como docente, como ensayista que busca las claves de las nuevas culturas y las nuevas sensibilidades, o como poeta que trasciende lo sensible cotidiano para navegar en la aguas profundas de las desgarraduras del hombre. Su pasión por el verbo lo ha llevado siempre a una disciplina de carácter total. De ahí sólo podría surgir una obra rigurosa con capacidad de develar el mundo y anclarse en la memoria de la cultura. Muchos reconocimientos y premios atestiguan esa búsqueda y esa inmersión ética en nuestros torvos tiempos, para resurgir con la palabra exacta, la única capaz de abrir el futuro desde los resquicios de lo onírico y el horizonte de lo humano, porque como diría Jorge Gaitán Durán lo estético y lo ético tienen una ligazón indisoluble.
Mi soledad es más grave que una esquirla
clavada en el corazón
más terrible que la sed del viajero
más basta que los mares de mi patria
Navíos de Caronte, libro bellamente editado por la Colección Los Conjurados de Común Presencia, iluminado con navíos surgidos del pincel de Edgar Insuasty, es un poemario con cuatro puertas que uno no sabe si se abren o están cerradas para los viajeros: Navíos, Diásporas, Puertos, Exilios. ¿De qué habla el poeta? En el mundo de hoy el desplazamiento y la migración surgen en Córdoba o Nariño (Colombia), en Rusia, en Sudán, en Marruecos, en Túnez o África del Sur, en la China, en el Salvador, en Guatemala o en México. Inversamente a lo sucedido desde el siglo XVI y hasta la mitad del siglo XX, cuando desde el centro las corrientes migratorias se dirigían al Tercer Mundo, hoy presenciamos "la colonización inversa". Pero mientras los viajeros del centro encontraron siempre una recepción abierta y en poco tiempo se constituyeron en parte de las élites dominantes, valga el caso de los migrantes europeos hacia América por todo el siglo XIX y el siglo XX, los actuales migrantes no encuentran recepción distinta a la de la policía. Y a donde quiera que lleguen, sea Europa o América del Norte, los esperan la discriminación y el abandono. Y esto cuando logran llegar, cuando sus huesos no van a parar al fondo del mar.
¿Soy extranjero/ sin nombre/ sin ley/ sin luna. /Soy extranjero/ sin lengua/ sin palabras. /Soy extranjero/ sin madre/ sin patria/ sin un árbol que recuerde?.
Quedarse sin lengua, sin memoria, en una tierra extraña, es quedarse sin patria. ¿Cómo portar la patria cuando la propia lengua es otra, cuando se vive en las sombras, cuando se es representación del mal? El poemario es contundente: se inicia el viaje con expectativa, se arriba a puertos que proscriben la entrada, se llega al exilio, a la soledad y a la autonegación:
¿Esta ciudad para mi se oculta. /No soy más que un despojo/ en una calle enemiga?
No se trata de la tragedia de un grupo humano o de una cultura específicos. Es una tragedia universal. Inmensas masas humanas se desplazan de sur a norte, luego de que sus sociedades fueran desarticuladas y saqueadas por el colonialismo y cuando han sido destruidas por la guerra; cuando las potencias coloniales construyeron fronteras que separaron hermanos y aglomeraron culturas diferentes; cuando la única alternativa que se encuentra es ser un paria en España, en Francia, en Italia o en Alemania.
¿La Otra Orilla? es el lugar del desarraigo, de la pérdida de los sueños, de la disolución de lo humano:¿(¿) alguien habrá encendido un fuego a nuestro nombre?/ ¿Presentirán este vacío del vacío, sin dolor alguno??
¿Dónde quedaron entonces las promesas de la razón y la Ilustración? ¿Dónde el humanismo del que han hecho gala las naciones ?civilizadas? argumento socorrido para justificar su colonialismo sobre el resto del mundo? El mundo global abre sus fronteras, sobre todo las del otrora llamado Tercer Mundo, para que circulen el dinero, las mercancías y los símbolos pero no los hombres. Los desplazados terminan en el fondo del mar: ¿En casa nadie sabe/ que ahora somos dos cadáveres/ sin compañía alguna?
Es posible que el poeta haya percibido en toda su dimensión esta crisis de proporciones inusuales en sus periplos por Colombia y por el mundo. Es posible que haya recibido el terrible sacudón en alguna parte de España o en las comunas de Cali o Medellín: Quizá en una esquina de Bogotá cuando se nos acercan los desplazados. Todos lo hemos percibido, todos padecemos el impacto de las noticias de las pateras o la zozobra de los balseros, o las casas llenas de chinos que esperan pasar por Colombia rumbo a Centroamérica y de allí a México y a los Estados Unidos. Pero no todos podemos transformar el dolor humano en arte. En el ambiente se respiran todavía fragmentos de los "Cuadernos de Sarajevo" de Juan Goytisolo, como el caso más cercano de un texto que recorre el dolor de un pueblo, de un momento histórico y lo lanza al espacio para sacudir la conciencia universal.
La lectura y la relectura de Navíos de Caronte nos exige, además, una digresión: toda obra de arte nace de una experiencia singular en la sensibilidad y la conciencia del artista, pero sólo su trabajo, su esfuerzo denodado, su medir cada hecho creativo en su justa dimensión hace de su experiencia algo universal. Tal es el caso del poemario que comentamos: el desgarramiento del dolor humano se hace universal en palabras contenidas, cinceladas con sudor y con talento, hijas de quien ve en la poesía la posibilidad cierta todavía de señalar el dolor y el sufrimiento: ¿Ancho es el mar. / Mis cabellos se agitan por los tempranos vientos. /Sumergido en la inmensidad de la luna /se me acaba la tarde./ Que nadie se fije en nuestros aguados ojos. /La muerte será más cruel y pura /en océanos de nadie?.
No hay realismo. No hay cuerpos. No hay nombres ni apellidos. Los migrantes, los desplazados, son fantasmas que sueñan, que deambulan, que sienten dolor y nostalgia, que rememoran el cuerpo de la amada o el calor del fogón de la casa de la madre; que dibujan el árbol o sienten las medusas en los ojos como certificado de su propia muerte. No hay desbordes lingüísticos ni quejidos sentimentales. Contención, precisión y una herida abierta de la primera a la última página.
Pero llegados a la parte final, "Exilios" el autor nos subvierte la mirada: En el mundo actual se han finiquitado los lugares. Donde quiera que estemos: la ciudad, la calle, la distancia, nuestro destino es el de los exiliados. La casa de los juegos, la calle de la añoranza, la infancia, la voz de la amada, todo nos anuncia que los lugares se han perdido en la memoria y que la memoria nos conduce al exilio. No hay lugares. Todo es un grande y a la vez pequeño mundo, ajeno, veloz e implacable, que arrasa los recuerdos, los colores, las texturas que le podrían dar sentido a la existencia. Si antes el exilio era un lugar físico, ahora es un lugar permanente de la sensibilidad y de la existencia. ¿Cuál es el territorio que pisamos? ¿Qué tienen que ver conmigo las ciudades, las muchedumbres, el tiempo al que no contienen los relojes, las luces que hacen todo más oscuro?
¿Acostúmbrate, dicen tus cartas /a ese destino de ciudad /que hoy sostiene tu mirada? .
Carlos Fajardo Fajardo nació en Santiago de Cali, 1957, Colombia. Poeta, y ensayista. Filósofo de la Universidad del Cauca, Colombia; Magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y Doctor en Literatura de la UNED (España). Es profesor de estética, historia del arte y literatura en la Universidad de la Salle y en los postgrados de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá. Ha sido ponente y profesor invitado a varias universidades, entre ellas, la Universidad de Valladolid- España; la Universidad de Nova Lisboa- Portugal; la UNED- España-; La Universidad del Zulia de Maracaibo, Venezuela; El Centro Cultural Jaime Sabines de Tuxtla Gutiérrez en Chiapas, México; la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá; Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia; Universidad Nacional de Colombia; como también a distintos festivales internacionales de poesía.
Es cofundador de la Corporación ?Si Mañana Despierto?, dedicada a la investigación y creación artística y literaria.
Ha publicado los libros de poesía: Origen de Silencios. Fundación Banco de Estado, Popayán (1981); Serenidad Sitiada, Si Mañana Despierto Ediciones, Bogotá (1990); Veraneras, premio de poesía Antonio Llanos, Si Mañana Despierto Ediciones, Santafé de Bogotá (1995); Atlas de callejerías. Trilce Editores, Santafé de Bogotá (1997); Tierra de Solnormal"">, Premio de poesía Jorge Isaacs, Gobernación del Valle del Cauca, 2003; la antología de su poesía titulada Serenidad Sitiada, Universidad del Valle, 2004; Navíos de Caronte, Común Presencia Editores, Bogotá, 2009.Entre sus libros de ensayos se encuentran Charlas a la Intemperie. Selección de ensayos sobre estética. Universidad INCCA de Colombia, 2000. Estética y posmodernidad. Nuevos contextos y sensibilidades, Editorial Abya-yala, de Quito, Ecuador, 2001, Estética y sensibilidades posmodernas ITESO, Guadalajara, Méjico, 2005; la obra colectiva Real/Virtual en la estética y teoría de las artes. Barcelona: Paidós, 2006;El arte en tiempos de globalización. Nuevas preguntas, otras fronteras. Universidad de la Salle, 2006, y múltiples ensayos en revistas especializadas y diarios nacionales e internacionales. Su poesía figura en varias antologías de las cuales se destaca: Desde el Umbral, poesía colombiana en transición, 2005; Caligrafías, La ciudad literaria= Cali-grafies. La cité littéraire. (Antología bilingüe). Universidad del Valle, Cali, 2008;
Poemas y ensayos suyos han sido traducidos al inglés, italiano, francés, serbio, polaco y portugués. Ganador del premio de poesía Antonio Llanos, Santiago de Cali 1991; segundo premio en el Primer Concurso Nacional de Poesía ICFES, 1984; Mención de Honor en el Premio Jorge Isaacs 1996 y 1997; Mención de Honor Premio Ciudad de Bogotá, 1994 y premio de poesía Jorge Isaacs 2003.
Navíos de Caronte (2009), es un libro que trata sobre el problema de los inmigrantes del Tercer mundo que viajan y viven en el llamado "Primer mundo". Es un tema actual y preocupante.
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Breve antología del poemario
NAVÍOS DE CARONTE

CARLOS FAJARDO FAJARDO
COMÚN PRESENCIA EDITORES
BOGOTÁ, 2009, 62 PGS.
NAVÍOS
(Oh exilio y hundimiento Irrefutable.) La soledad es esto:El mar en todas partes.
Giovanni Quessep
1
Nos enmudece el grito del mar
su insistente sonido.
Cruel es el viento.
Golpea cuerpos de legendarios guerreros
diestros en soportar el hambre milenaria.
Nos enmudece este mar antiguo
esculpido en la memoria
y el deseo de alcanzar su inabarcable horizonte.
Rumores nos llegan con el aire.
Arrastramos por la arena los navíos
y una gota de sal se posa en nuestros ojos.
Nos embriaga el sonido de las olas
el llamado de Caronte.
La soledad es esta barca envuelta de tragedia.
Las moscas circulan por nuestros rostros.
Tenemos ya tatuado el signo de la muerte
2
Hemos visto aquí barcas sedientas dispuestas a partir
y conversamos entre nosotros como vivientes tumbas.
Estas barcas nos llevarán a otros países.
Son nuestra fortaleza
el suplicio por una libertad remota y triste.
Hemos visto aquí estas barcas.
Vencerán las infinitas distancias
que entre nosotros palpitan.
Mientras tanto cantemos
para dejar tranquilo al corazón
4
Madre
las voces del exilio me han llamado.
Miro al horizonte.
Viajo en esta barca sin retorno
lleno de vacíos.
Madre
cuelga un ramo verde en la puerta de casa
espanta la muerte.
Viajo hacia el abismo
6
De día salimos.
Alguien lloraba en la playa
cuando nuestros corazones sorteaban
las embravecidas olas.
Todo un mes lo habíamos planeado.
Una oración triste se elevaba
y el llanto de una anciana
iba prendido en la memoria.
Destino sin destino.
Navegamos abrazados
a este pedazo de árbol
labrado bajo el enfurecido cielo.
Al gran Dios elevamos unas plegarias
pero el mar cobró su recompensa
y mientras el sol ardía
sólo el silencio fue testigo
de cuerpos flotando
en la fogata de la tarde
7
Ancho es el mar.
Mis cabellos se agitan por los tempranos vientos.
Sumergido en la inmensidad de la luna
se me acaba la tarde.
Que nadie se fije en nuestros aguados ojos.
La muerte será más cruel y pura
en océanos de nadie
9
Tengo miedo, Ibrahim, tengo miedo.
Desde nuestra partida
no he dejado de sentir este miedo
que se amontona en mi sangre.
¿Tendré que morir
sin más compañía que la de mis huesos?
Áspero rugir del agua bajo mis pies
y no sé nadar Ibrahim.
Cántame una canción
abrázame como la primera noche
regálame un beso bajo esta temerosa luna.
No sé nadar
y el mar da alaridos llamándome.
Tengo miedo Ibrahim.
¿Y es que acaso no existe otro horizonte?
¿Otra playa donde ofrecerte mi adolescente cuerpo?
11
Espadas son nuestras barcas en las manos del mar
y toda la alegría dejada en casas lejanas.
Espadas amenazantes
en el momento de partir
tajadoras de nuestros deseos.
El sol en el mar y el mar en nuestra sangre
el golpe de la ola en mitad de la noche
cuando los rezos se vuelven estériles
soñando en un más allá
mejor que cualquier sitio.
Espadas son nuestros navíos
ruinas amontonadas
delante de cualquier puerta
en cualquier playa
DIÁSPORAS
Viaja: hoy comienza el abismo de tu propia nostalgia.
Carlos Obregón
1
Soy del olvido.
El techo de mi casa se derrumba
voraces avispas pican mi carne
insectos bajan a degustar esta podredumbre.
Me resisto a vivir ante estos muros.
No quiero empotrar aquí mis ojos ni mi sexo
no quiero ser un moribundo llorado
alguien que atrae golosas moscas.
Soy del olvido
oscuro túnel donde el tiempo sigiloso se oculta
herida abierta de par en par ante mis ojos
cataclismo que mira la dolorosa belleza.
Soy del olvido.
Un hombre con un ataúd que arrastra
y una oración que llora.
Un ser que se hace preguntas
inclinado en esta barca
eterna guía de la muerte que me signa
corazón de mi extravío
2
No tenemos nada
sólo un duro porvenir
hijos aún no nacidos.
Ah que no nazcan bajo este cielo oscuro
que se queden sin ver estos escombros.
Nuestros hijos no han nacido.
Que nazcan en tierras extranjeras
bajo el claro cielo de lengua extraña
no en estos firmamentos del desierto.
No tenemos nada:
sólo este dolor
y la muerte enamorada
4
Adiós bello Farid
te dejo mi sonrisa
mi ausencia
y mi segunda piel.
Que nuestro lecho
jamás sea habitado por musgos ni por hiedras.
Que la puerta de casa abierta permanezca
para que entre mi nostalgia.
Todo lo dejo aquí.
Mi niñez, los amores
mis juegos de hembra.
Sólo tus locas manos
podrán vencer mis miedos
tu rostro lleno de súplicas
las cartas secretas
y el recuerdo de unos ojos
nunca devorados por las sirenas de la muerte.
Adiós bello Farid
amante mío.
Cuando sueñe
te llevaré a otras tierras
para que me salves
de enfurecidos soles
6
Barbate y Nina lloraron mi partida.
Sus delicadas manos se agitaron al aire
como derrotadas banderas destrozadas en la playa.
Otro país me acogerá en sus arenas.
Allí me esconderé hasta vencer el miedo.
Y tú, amada y lejana tierra
estarás latiendo en mi memoria
PUERTOS
Te escribo desde el otro lado de la tierra
Joseph Brodsky
1
Desnudo he llegado
como oscuro remero de la noche.
Desnudo por los bosques
con un ciego terror
igual a un grito
esfumándose
2
Tengo mi dinero estropeado
y algas en la boca.
Tengo corales en la espalda
y medusas en mis ojos.
De un momento a otro
me he vuelto más viejo
que todo el mar.
Me azotan las olas.
Alguien llora con un jirón de mi ropa entre sus manos.
No entiendo por qué
no veré más esos húmedos ojos
su inquietante belleza
3
Hasta esta playa hijo
hemos llegado.
A esta soledad terrestre
donde ya nadie nos alcanza.
Era nuestro sueño ¿recuerdas?
La Otra Orilla
pedazo de ilusión
que desgarró nuestra alma.
A esta playa hemos llegado.
¿Crees que en casa
alguien habrá encendido un fuego a nuestro nombre?
¿Presentirán este vacío del vacío, sin dolor alguno?
Hasta esta playa hijo hemos llegado.
Te bañan acariciantes olas
el sol crece en el horizonte
y las aves petrifican su sonido en el acantilado.
Descansa.
En casa nadie sabe
que ahora somos dos cadáveres
sin compañía alguna
4
Estoy muerta
sé que estoy muerta.
Las olas golpean mi espalda.
Algo me sorprendió de pronto
arrancó de los brazos a mi niña.
Ahora estoy muerta.
No llegaremos hija a la Otra Orilla.
Tan cerca, tan próxima
y tan lejos que se ve ahora.
Estamos muertas hija.
Padre no vendrá esta noche por nosotras
7
Extranjero, extranjero
¿de qué país traes tus fiebres
tu piel y entristecidos ojos?
¿de qué región provienes ansioso,
tú el indeseado?
Extranjero me gritan.
Y mientras pasa la tarde
un dolor recorre mi país marchito
10
Madre aún siento el olor de todo el mar
el sonido de las olas
las hirientes arenas entre los pies.
No he podido olvidar el color de tus ojos
la mansa luna donde arrullas a tus hijos.
No he podido olvidar tu voz entre los pájaros
mientras me baño en otros ríos.
No he podido olvidar nada madre
y con esta carta viaja el rumor de los amigos muertos
su terrible osadía.
Viaja el aullido de un mar oscuro
impenetrable
EXILIOS
Mi única esperanza está en mi exilio
Carlos Obregón
1
Hemos partido de nuestra tierra de sol
para ver este paisaje de chopos y de encinas
y una ciudad entre un valle de olivares.
No hemos encontrado paraíso alguno
sino cuartos oscuros, calcinados.
Aquí se ha detenido nuestra vida.
No hay otro cielo
ni promesas azules de muchachas.
Sólo este otoño que de prisa pasa
3
Soy extranjero
sin nombre
sin ley
sin luna.
Soy extranjero
sin lengua
sin palabras.
Soy extranjero
sin madre
sin patria
sin un árbol que recuerde
5
Algo queda atrás.
De un momento a otro
todo ha cambiado.
Bebemos exóticos licores
lucimos llamativos sombreros
tejidos en desconocidos países.
El sol calienta nuestro pecho.
En otoño
furiosos vientos
blanquean la trigueña piel.
Con el fuego de la pasión
encendemos cigarros traídos de las islas.
Los encendemos
para espantar la muerte
7
Soy un extraño en trenes de extraños
un pasajero sin más
embriagado de luna.
No conozco estos seres que pasan como un vicio
no sé nada de sus largas jornadas
ni de su íntimo bar.
Busco mi patria en las patrias de otros
y no sé qué país
con sus miedos me habita
9
Mi mano busca la mano de mi madre
¿Dónde encontrarla?
Necesito su voz de ángel cotidiano
el luminoso regazo para mis infantiles sombras.
Mi mano busca la mano de mi madre
pero desde entonces todo ha sido ausencia
y nada puede ya traer su rostro alucinado.
Mi mano busca la palabra del hermano
pero desde entonces él descansa
tan solo y apacible
que nada llega a su inalcanzable canto
11
Mándame una postal, me dices.
Cómprame una bufanda para alcanzarte.
Escribe tus cartas en la boca de los lobos
y no te mueras sin mí en extrañas ciudades.
Tráeme un buen vino
para pasar juntos el trago amargo de esta lejanía.
Tráeme algo pero sobre todo tráete a ti.
Mientras yo
al otro lado de la línea
trato de alcanzar esa voz
buscando que la tarde adquiera la forma de tus brazos
16
Estoy hecho para el recuerdo.
Ahora sé que no seré feliz.
Triste de esta fortaleza donde no perduraré.
Triste de mí
triste de viento
triste de ser lo que soy
aunque perduren las hojas caídas
y los pájaros
17
¿Quién me llevará de nuevo a mi triste y bello país?
Está en la otra orilla.
Llamo
pero nadie responde.
¿Será que he muerto en esta extraña patria
esperándote?
¿Quién me llevará de nuevo a mi triste y bello país?
Te estoy llamando.
Nadie responde
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Estoy lejos de mi patria y tan cerca de los silencios, de las intempestivas reflexiones de nuestro amigo Carlos Farjardo, de su musica que logra en cada frase, de la madurez que hay en el conjunto de su palabras, y de la validez de su proyecto poetico
Salud,