El docente como factor clave en la construcción de la sociedad
El docente como factor clave en la construcción de la sociedad
Por Nancy Ortiz
Socióloga y educadora por la Universidad Veracruzana, México.
E-mail: vtereskova@hotmail.com
La primera e ineludible tarea de la educación es enseñar un conocimiento capaz de criticar el propio conocimiento. Debemos enseñar a evitar la doble enajenación la de nuestra mente por sus ideas y la de las propias ideas por nuestra mente.
Edgar Morín
Introducción
El texto que presento a continuación, es una reflexión que surgió a partir de mi experiencia y de mi observación como educadora, en una comunidad rural. La tarea fue fundar un jardín de niños –al que llamé Paulo Freire-, en Cuajilote, un lugar casi inaccesible, perteneciente a la municipalidad de El Puente Nacional, en Veracruz, México.
Tarea ardua, sin duda, ya que a mi llegada me encontré con un sitio sin instalaciones, ni mobiliario, ni material didáctico y sobre todo: sin niños. Entonces comprobé que nuestro sistema educativo está peor orquestado de lo que siempre imaginé. Mi concepción del papel de los maestros, también cambió.
Debo decir que tras esta experiencia pedagógica, mi interés por estudiar Sociología aumentó. Así, inicié mis estudios de esta licenciatura en la Universidad Veracruzana, con el afán de comprender los procesos sociales que se generan a mi alrededor. Actualmente, soy estudiante de la maestría en Ciencias Sociales en esta misma institución de educación superior.
Ordinaria concepción del maestro
Tratar de explicar y valorar la función docente dentro de un sistema educativo de calidad, que contribuya a crear una sociedad sana, no es una tarea sencilla. En un principio, porque es difícil erradicar los estereotipos y lugares comunes, que tenemos la mayoría de las personas, de los docentes; más cuando ha sido una concepción basada en la observación superficial.
Considero que debemos concebir al docente como un ser individual, con carencias, necesidades, actitudes y habilidades -como cualquier otro ser humano-, que lo distinguen y hacen diferente de otros docentes. Si bien el maestro es un sujeto de suma importancia en el proceso educativo, también es verdad que no es el único y, ni por asomo, el más importante dentro de este proceso. En consecuencia, no es el principal culpable de nuestra mala educación.
El cuerpo denominado Magisterio, desgraciadamente -como muchos de los sectores de nuestra sociedad-, está atestado de escollos casi imposibles de librar. En algunas ocasiones algunos docentes, sobre todo recién egresados, se convierten en ilusos guerreros al tratar de luchar contra las instituciones previamente estructuradas y los vicios ya legitimados. Lamentablemente, el tiempo suele ser, en este caso, el peor aliado, pues la mayoría llegan a ser engullidos por el aparato escolar.
No utilizaré estas líneas para redimir o sentenciar a los docentes, máxime que son seres amados y en mayor medida odiados hasta el hastío, sino para tratar de entender su posición y su rol en nuestra sociedad.

Rol del docente
Como parte de una estructura, a los docentes les corresponde el rol de reproductores de la sociedad; muchas veces sin quererlo ni estar plenamente conciente de ello. Esta reproducción puede ser de clases sociales, de la ideología dominante, de políticas públicas o sencillamente de una sociedad acorde a los intereses políticos del momento.
Pierre Bordieu y Jean Claude Passeron, en La reproducción de la educación, explican ampliamente este fenómeno, ya que se analiza el papel simbólico del aparato escolar. Los autores afirman que la educación es un medio de reproducción, y que las relaciones de aprendizaje, los contenidos, las evaluaciones y el lenguaje, sólo ayudan a reproducir una sociedad dominante.
En el peor y la mayoría de los casos el docente se vuelve un cuidador de esa reproducción social, sin una conciencia ni una participación genuina en ese proceso controlado por un sistema educativo manipulador, enajenante y tecnócrata. Sin darse cuenta (o tal vez sí) de que su no pensada participación es una especie de acción que contribuye, principalmente, a crear algo totalmente diferente de lo que se puede llamar educación.
El quehacer docente es una actividad que requiere de preparación constante, carácter, actitud, tenacidad, creatividad, vocación y mucha paciencia, para sobrellevar adecuadamente la misión que se le tiene asignada. Todo maestro que se precie de serlo sabe perfectamente que: educar no es tarea fácil.
Dichos maestros aunque sean entes distintos, lo quieran o no, deben conformar una unidad sistemática para cumplir planes y objetivos a fines.
Los objetivos afines
Estos objetivos son marcados por programas donde -la mayoría de las veces-, los elaboradores de éstos no están en contacto con la realidad que viven el común de los maestros. Ocasionalmente, el docente encuentra estos objetivos y las estrategias para llevarlos a cabo, como difíciles, inteligibles y, a veces, incongruentes, con la situación que vive en su centro de trabajo. Esta situación se da, porque la mayoría de los planes de estudio son copias fieles o infieles de planes extranjeros implementados arbitrariamente en nuestro país sin un previo análisis metodológico, provocando así que el engranaje –por llamarlo de alguna manera-, de la educación, no marche como algunos quisiéramos.
Engranaje mal ensamblado
Lamentable o afortunadamente –pues la crítica contribuye al mejoramiento de las cosas-, hay gente que opina que su educación fue interrumpida por sus años escolares; otros, más burda y cruelmente, han expresado que después de la escuela no saben cómo son capaces aún de seguir pensando. ¿Respondió la educación a los intereses particulares de ésas personas? Evidentemente, no.
La crisis educativa no sólo se vive en nuestro país, grandes naciones la han enfrentado y han sobrevivido a un viejo sistema educativo, pero en el caso del sistema educativo de México, la disposición de todos sus componentes la hace proclive al fracaso o simplemente, a no obtener los resultados deseados.
Aunado a lo anterior, tenemos la rutina, las condiciones paupérrimas de los centros de trabajo, los bajos y desiguales salarios que hay en el mismo sector, el escaso material didáctico, el poco apoyo por parte de las autoridades gubernamentales, la insuficiente preparación que se recibe de los mandos educativos, los interminables tramites burocráticos que parecen ser más importantes que la educación misma; las organizaciones sindicales que se convirtieron en cotos de poner que benefician sólo a unos cuantos, alumnos desinteresados en su educación, padres solapadores, desinteresados, y por último y no menos importante: la poca disposición de los mismos docentes para renovarse día a día.
También hay que mencionar que uno de los peores enemigos del mundo docente es la mentalidad antediluviana, oficialista y tecnócrata. Organizada principalmente por las mismas supervisiones escolares y sus mandos superiores, situación que convierte a una de las profesiones más nobles y hermosas, en una actividad mecanizada, dirigida por la comisión y la aceptación.
Preguntas sin respuesta
Tomando en cuenta lo anterior me pregunto: ¿la educación que proporcionan los maestros debe responder a intereses políticos, sociales y económicos de algunos, aunque las necesidades del educando y de la sociedad sean completamente opuestas a dichos intereses? ¿Deberá corresponder esta educación a paradigmas educativos en boga, aunque éstos se postulen en países contextualmente diferentes al nuestro? ¿Cada maestro deberá decidir qué parte de la sociedad quiere reproducir? Esto me lleva a cuestionarme aún más si los docentes son aptos para tomar este tipo de decisiones o simplemente deberíamos tratar de responder a los intereses particulares del educando; me gustaría quedarme esto último. Creo que la educación debe ser útil en la vida del educando y a través de ello, serlo para nuestra sociedad, pero, atención, con esto me refiero a una sociedad libre de pensamiento, sin cortinas de humo tratando de ocultar nuestra realidad; por educando entiéndase un ser humano en toda la extensión de la palabra, con derechos, responsabilidades y aspiraciones.
Tal vez una solución a los objetivos y planes “desfasados” sería que cada maestro elaborara objetivos propios que partieran y dieran respuestas a las necesidades e intereses presentados por los alumnos, en determinado contexto. En teoría, esto se hace, pero, ¿qué tan comprometidos, informados y capacitados están los docentes para llevar satisfactoriamente estos objetivos? Ahora, ¿qué tan preparada está la sociedad para que se nos eduque apegados, digamos, a la verdad, la igualdad y la tolerancia? ¿Se imaginan a un maestro de educación primaria diciéndole a sus alumnos que la guerra de independencia benefició más a los de por sí ya beneficiados, es decir, a los españoles? ¿Que los niños héroes, ni eran niños, ni héroes, es más, que ni existieron? ¿Cómo se le explica a un niño que en un país como el nuestro es más valorado ser un patiño de televisión que un ser pensante?
Claro, esto que digo es consecuencia de una educación impartida desde, por y para el Estado. Así que en este sentido también nos falta madurar como sociedad, entender que nuestra educación es una responsabilidad compartida.
Conclusiones
Ser docente, médico, ingeniero, reportero, etc. en México siempre será tarea difícil, ya que hay que luchar -todavía más- contra nuestra propia idiosincrasia, heredada y plagada por años de corrupción, quizá, desde mi punto de vista, desde hace algunos siglos.
Un cambio se lograría con una revolución mental, es decir, proporcionando realmente una educación para la vida. Nuestros gobiernos se tendrían que preocupar más en invertir en una buena educación para todos que en sufragar las banalidades particulares de unos cuantos. A los maestros corresponde prepararse constantemente, tener disposición de aprender y enseñar, adquirir o poseer ciertas habilidades útiles para su función docente, entre ellas es necesario tener capacidad crítica, inteligencia y vocación. A nosotros, como sociedad, nos corresponde exigir una educación realmente de calidad, pero, mientras no seamos lo suficientemente críticos y analíticos para poder distinguir qué es calidad y qué no, jamás sabremos qué exigir.
Por lo pronto, nuestros maestros seguirán impartiendo una educación mecanizada, nuestros gobiernos seguirán manipulando la educación y nosotros, impávidos, dejaremos pasar el tiempo.
BIBLIOGRAFÍA
Gonzáles, Rivera Guillermo, Torres, Carlos Alberto. Sociología de la Educación. Edit. Pax. Méx.
Durkheim, Émile. Educación y sociología, Colofón S.A. de C.V.
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Hola
Hay algo que no entiendo, hablas de que cada maestro elabore objetivos propios que partan y den respuesta a las necesidades e intereses presentados por los alumnos, en determinado contexto. ¿Desde donde se determinan esas necesidades e intereses?, ¿la formación ciudadana es necesidad o interes del niño?
Creo que delimitar esas necesidades es algomuy laborioso, tal vez por eso los diseñadores curriculares, creo que los intereses de los niños no siempre son una guia, ¿Qué puede interesar a los hijos de un narco?, ¿a que niño le interesa de manera natural aprender a dividir o la historia de la humanidad?
Tal vez, la solución sería mas compleja aunque si creo que todos los actores de la educación debieran ser participes de un planteamiento educativo y comprometerse con el.
Saludos
En teoría cada maestro diseña un plan anual basado, si en un programa federal, pero también en capacidades, recursos, necesidades e intereses de los alumnos. El interés debe ser tomado en cuenta no para el diseño total de los contenidos sino para el desarrollo de las estrategias pedagógicas. Lo ideal, desde mi perspectiva, es que se desarrollen planes regionales. Basados en diagnósticos reales, con objetivos a resolver problemas reales. Y sí, lo ideal es que cada maestro tenga una participación activa en el diseño de sus contenidos y estrategias metodológicas, porque no se le puede enseñar lo mismo ni de la misma forma a un niño urbano del norte que un niño que vive en zona rural del sur. Esos niños tienen necesidades, capacidades e intereses diferentes.
Hola Nancy:
Antes que nada quiero felicitarte por tu aportación ya que es un acercamiento a la realidad que lamentablemente ocurre con frecuencia en una sociedad como la nuestra, solo quiero hacer énfasis en algunas cosas que comentas al respecto, comentas en el apartado Preguntas sin respuesta “la educación debe ser útil en la vida del educando y a través de ello, serlo para nuestra sociedad, pero, atención, con esto me refiero a una sociedad libre de pensamiento, sin cortinas de humo tratando de ocultar nuestra realidad” desafortunadamente hay docentes que lejos de estar comprometidos con sus alumnos, siguen enajenados y son parte de esa reproducción ideológica, cultural, social a la cual “estamos acostumbrados” por ello también te felicito porque te preocupas por formar, ser y hacer seres pensantes que realmente adquieran hábitos y conocimientos que puedan ser útiles a su vida cotidiana.
Si bien es cierto en el sistema en el que nos desenvolvemos es claramente “organizado” para mantenernos alienados, también ha generado a “seres pensantes” los cuales permiten mostrarnos la realidad y realizar aportaciones valiosas como las tuyas, así mismo, creo que hemos elegido la trinchera correcta, no cambiaremos la idiosincrasia (como mencionas) y la sociedad en la que nos desenvolvemos, pero por lo menos, comenzaremos a sembrar en nuestros alumnos esa inquietud de ser diferentes, con nuestras palabras, con nuestros hechos, con nuestro ejemplo. Lo único que nos resta es seguirnos preparándonos y seguir en la batalla del día a día, saludos.
Gracias por tu comentario. Tienes razón. El magisterio es muy grande, a mi me ha tocado ver excelentes maestros y a otros tanto que me avergüenzo de ellos. Pero bueno, hay que tratar de hacer la diferencia. Saludos.










En teoría cada maestro diseña un plan anual basado, si en un programa federal, pero también en capacidades, recursos, necesidades e intereses de los alumnos. El interés debe ser tomado en cuenta no para el diseño total de los contenidos sino para el desarrollo de las estrategias pedagógicas. Lo ideal, desde mi perspectiva, es que se desarrollen planes regionales. Basados en diagnósticos reales, con objetivos a resolver problemas reales. Y sí, lo ideal es que cada maestro tenga una participación activa en el diseño de sus contenidos y estrategias metodológicas, porque no se le puede enseñar lo mismo ni de la misma forma a un niño urbano del norte que un niño que vive en zona rural del sur. Esos niños tienen necesidades, capacidades e intereses diferentes.