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Testimonio
Por Nancy Ortiz
Socióloga y educadora, Universidad Veracruzana.

E-mail: vtereskova@hotmail.com
Testimonio de Alejandro Álvarez, 35 Años, taxista del Puerto de Veracruz
Le pague $20000 pesos en mayo de 2005 a un pollero para que me ayudara a cruzar la frontera, tuve que vender mi moto para conseguir el dinero; el pollero dijo que nos iríamos por el desierto, que se caminaba un poco más, pero que era más difícil que nos localizara la migra, así nos fuimos para Nogales.
En Nogales se encuentra el Grupo Beta, es la migra mexicana, ellos tratan de orientar a los migrantes, les dan un manual y varias recomendaciones, también les dicen que lo piensen bien, tratan de advertirnos sobre el peligro, sólo a los mexicanos, pues a los centroamericanos los regresan a sus países de origen. Ahí en Nogales hay muchísima gente que quiere pasar, a diario llegan miles de personas, se hospedan en los hoteles y al otro día desaparecen, se internan en el desierto. Los tacos te los venden a $14 pesos, un taco normal, un yogurt te lo vende hasta en $15, todo es muy caro, ahí viven del migrante. El pollero nos recomienda comer y comprar víveres, pero lo que uno no sabe es que esa será nuestra última comida por muchos días y que los víveres son para sobrevivir en el desierto y hay que racionarlos por los días de camino; los tenderos te dicen que compres el doble de víveres que te dice el pollero.
Los polleros nos engañan, a mi me dijeron que íbamos a caminar 14 horas y yo pensé que no era tan difícil, pero ¡qué va!, uno camina día y noche sin parar. Por el día hace un calor insoportable y por la noche un frío terrible, durante el día hay que tener mucho cuidado, pues se aparecen los helicópteros de doble hélice y hay que salir corriendo o de plano dejarse agarrar, pues luego uno no sabe ni para dónde correr y es peor: significa la muerte segura. También hay que tener cuidado de los bajadores, son cholos que radican allá y se dedican a asaltar a los emigrantes, les roban las pocas cosas que traigan y a las mujeres las violan.
El suelo del desierto es rocoso, lo que hace más difícil la caminata, no hay árboles, pero a cambio hay muchas alimañas, alacranes y animales carroñeros que se comen a los compañeros que se quedan en el camino. Después de caminar un día entero sin parar, las plantas de los pies te comienzan a punzar, se te forman llagas y lo peor es cuando se revientan, uno desea en ese momento que el pollero se detenga aunque sea 5 minutos a orinar, para que mientras él hace sus necesidades uno pueda sentarse a descansar un momento, pero los polleros ya están acostumbrados, pues realizan ese recorrido una o dos veces por semana. Uno no puede detenerse porque lo abandonan, como me pasó a mí: el pollero me dejó porque yo no podía ir a la par de los demás, el cansancio lo domina a uno, sin duda. El segundo día ya no teníamos agua y tomábamos de cualquier charco que nos topábamos.
Durante todo el recorrido uno se encuentra a personas tiradas, delirando o muertas, algunos se ve que tienen días de muertos y otros solamente algunas horas.
Al tercer día me quedé tirado en el desierto, sin comida ni agua, cansado, lastimado de los pies y delirando por el calor del sol. Recuerdo que entonces pasó un helicóptero de la migra norteamericana, le hice una seña para que me viera, yo ya no quería pasar al otro lado, lo único que quería era vivir y regresar con mi familia, pero ni caso me hicieron los tripulantes, ellos ya no recogen a los inmigrantes que ven tirados, no se detienen a recoger a un solo inmigrante, dan por sentado que anda perdido y lo más seguro es que se muera en el camino. Se dedican a buscar grupos completos. Si Migración no deporta a los moribundos, a los cadáveres mucho menos, la migra tiene zanjas en el desierto donde enterrar a los muertos.
Yo sobreviví gracias a unos rancheros norteamericanos que pasaron por ahí, me recogieron y me llevaron con la migra. Yo ya no tenía fuerza para detenerme, es más, ellos, los de la migra, ni caso me hacían. Por suerte unas personas se acercaron a ver qué tenía y por qué no me recogían, y sólo así fue que me hicieron caso los de migración, eso sí, no me trataron mal, me metieron en una camioneta y me dieron agua y comida, después me deportaron, pero mi sufrimiento no paró ahí, porque después estuve hospitalizado como 15 días.
Mi esposa no sabía nada de mí, no dormía ni comía pensando en qué me había pasado, conmigo, la verdad es que tuve mucha suerte de regresar vivo, pues muchos se van para el otro lado creyendo que es muy fácil y se quedan en el camino. De regreso vi a mucha personas que, como yo, trataban de regresar a sus casas, sin dinero, derrotados por el desierto, pero vivos a fin y al cabo.
Muchas familias creen que sus familiares que emigran se olvidan de ellos, o las esposas piensan que sus esposos ya encontraron otra mujer, pero lo que no saben es que se quedan en el camino, muertos, sin nadie que les eche una bendición. No obstante, el próximo año, ya que junte otro dinerito, voy a tratar de cruzar nuevamente con un pollero que me cobra 2500 dólares, pero te cruza por avión, no sufres ni caminas. Ahora que ya sé, no vuelvo a intentar irme por el desierto.
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Definitivamente es indignante está anecdota y saber que nuestros gobernantes ni se acongojan ante lo que ven día a dia, cuantas más historias se cuentan y no se comparten. Está comprobado que el hombre busca la subsistencia para la sobrevivencia,pero nuestros mexicanos dejan la vida por ello, no son la excepción; mi respeto y mi admiración a mis compatriotas que con la armadura de la necesidad salen a enfrentarse a una aventura de muerte y deshonor, los que nos quedamos aquí no estamos con brazos cruzados, estamos en está lucha de subsistencia igual que ellos, pero dentro de la guarida con mas de una jauría mordiendonos.