La ley SB 1070 y las políticas migratorias en el contexto de la integración económica de América
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La ley SB 1070 y las políticas migratorias en el contexto de la integración económica de América del Norte[1]
Por Jorge Eduardo Mendoza
Investigador Titular C del Departamento de Estudios Económicos, El Colegio de la Frontera Norte. Tijuana.

E.mail: emendoza@colef.mx
- Introducción
Canadá y México son importantes socios económicos de los Estados Unidos (EUA), además en las fronteras de los dos con este país se generan aproximadamente 500 millones de cruces hacia los EUA anualmente. Asimismo, Canadá y México, que han estado comercialmente y económicamente afectados por los eventos del 11 de septiembre, tuvieron que seguir el liderazgo de los EUA en materia de seguridad fronteriza. Al respecto, vale la pena recordar que los EUA tienen la cantidad de comercio con los referidos países de alrededor de 700 billones de dólares anuales. Además, dichos países tienen y comparten importantes vínculos sociales y culturales.
El contexto general que marca las relaciones económicas entre estos tres países se sustenta en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que se caracteriza por ser un acuerdo de integración comercial y de inversión extranjera, que por naturaleza está limitado para generar procesos de integración económica más estrechas. Es decir, dicho acuerdo sólo se relaciona con aspectos comerciales y de inversión; sin embargo, su diseño actual no aborda cabalmente lo relacionado a los aspectos laborales, de la migración de fuerza de trabajo y de los problemas de seguridad regionales.
No obstante, las posibilidades de profundización de la integración económica se vieron frenadas a partir del 11 de septiembre, cuando la reacción del gobierno de los EUA, en cuanto a las políticas de migración y las estrategias de manejo de la frontera, causó que se reforzaran. Lo anterior trajo como consecuencia un severo impacto en los flujos regulares de trabajadores y redujo considerablemente el comercio de manufacturas que se generan en los flujos transfronterizos de ambos países.
En este contexto, las políticas de desarrollo económico de México, EUA y Canadá requieren reconsiderar el objetivo de organizar los flujos de migración que permitan controlar los mercados laborales y mejorar la seguridad de la región de América del Norte. En la medida que las políticas de desarrollo económico se realicen en un contexto de mayor coordinación, una mejor organización de los flujos de migración podría permitir un mejor patrón de desarrollo económico para la región.
2. Características de la experiencia de la migración mexicana a los EUA
El ritmo de crecimiento de la población mexicana residente en Estados Unidos durante las últimas décadas ha sido inédito en la historia demográfica del país. Mientras que en 1970 sumaron 788 mil mexicanos residentes en Estados Unidos, para 2007 su número aumentó a 11.8 millones. Si sumamos a los descendientes de los inmigrantes, es decir, segunda y tercera generación de mexicanos; en 1970 eran cerca de 5.4 millones y para 2007 su número aumentó a 30.3 millones.[2]
Cabe destacar que se le considera segunda generación en Estados Unidos a la población residente en la Unión Americana, no nacida en México con alguno de los padres siendo nativo de éste. Mientras que se le considera tercera generación o más a la población residente en Estados Unidos, no nacida en México y cuyos padres tampoco nacieron en nuestro país, pero que se declaran de origen mexicano (México-americanos, chicanos o mexicanos).
Los mexicanos que migran hacia Estados Unidos, ya sea por cuestiones de trabajo, o para visitar, estudiar o reunirse con su familia, se dirigen la mayor parte del tiempo a California, Texas, Arizona y Nuevo México. Según la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México, en 2007 un 37% de los migrantes se dirigían a California. Sobre la marcha, ya estando en tierra estadounidense, los mexicanos suelen migrar regionalmente y esto se puede observar en los siguientes mapas, donde se subraya la expansión que se ha tenido en el territorio norteamericano en quince años. Actualmente se superan los 40 estados donde los mexicanos son de las principales minorías. [3]
Estados de la Unión Americana donde los inmigrantes mexicanos se ubican entre los cinco grupos de inmigrantes de mayor tamaño 1990 y 2005
Los mexicanos que van hacia Estados Unidos, ya sea por cuestiones de trabajo, visitar, estudiar o reunirse con la familia, se dirigen la mayor parte del tiempo a California, Texas, Arizona y Nuevo México. Según la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México, en 2007 un 37% de los migrantes se dirigían a California. Sobre la marcha, ya estando en tierra estadounidense, los mexicanos suelen migrar regionalmente. Actualmente, se superan los 40 estados donde los mexicanos son de las principales minorías. El notable crecimiento de los nativos mexicanos ya no se restringe a las regiones del gráfico, sino que se ha expandido a lo largo y ancho de todo el país, sobre todo a mediados de los noventa. En 1990 los mexicanos son la primera minoría inmigrante en 14 estados, y se ubican en los 5 primeros lugares en 23 estados. Para 2005 los mexicanos son la primera minoría inmigrante en 31 estados, y se ubican en los 5 primeros lugares en 43 estados. [4]
El TLCAN y los mercados laborales y la migración
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no incluyó de manera cabal y relevante el fenómeno de la integración de los mercados laborales de México y los EUA, lo cual implicó que un aspecto determinante en el fenómeno de la migración de trabajadores mexicanos hacia los EUA quedara marginado de las relaciones económicas entre los dos países. En efecto, el acuerdo institucional no proveyó un enfoque regional e integral de los mercados laborales, por lo que el fenómeno de la migración de trabajadores no se incorporó al acuerdo regulatorio de las relaciones económicas entre ambos países.
No obstante, después del 11 de septiembre, el tema de los flujos migratorios de mexicanos se incorporó a la estrategia de seguridad de la región de América del Norte, la cual tanto México como Canadá han apoyado al menos hasta cierto nivel de compromiso. Por tanto, la seguridad de los EUA se ha convertido en la base de la cooperación e integración bilateral e internacional entre los tres países. La expresión formal de este nuevo contexto se estableció por la Asociación para la Seguridad y la Prosperidad, que ha buscado, a través de la cooperación multilateral, mejorar la seguridad de la región.
Sin embargo, una cooperación integral en la región de América del Norte requiere que sea incorporado en el esquema de la organización el manejo de flujos migratorios de trabajadores en la región, particularmente de trabajadores mexicanos que migran hacia los EUA. En efecto, si se considera la elevada cantidad de trabajadores inmigrantes mexicanos que actualmente están trabajando en diferentes sectores de la economía de los EUA, la incorporación de un acuerdo de movimiento de fuerza de trabajo entre ambas economías podría ser considerado en el marco del tratado de libre comercio como es el TLCAN, lo que permitiría reforzar la seguridad impulsada por los EUA en la región de América del Norte.
Recesión económica y tendencias de las políticas migratorias de los EUA
Debido a los múltiples factores socioeconómicos que impactan el proceso migratorio, existe también una variedad de planteamientos teóricos que buscan generar estructuras conceptuales y modelos teóricos para resaltar los diferentes aspectos que explican la lógica que determina la toma de decisiónes y el fenómeno de la migración. De acuerdo con la teoría económica neoclásica tanto desde la perspectiva macroeconómica (Lewis, 1954, Todaro, 1969) como desde la perspectiva microeconómica (Sjaastad, 1962) y (Borjas, 1989), los flujos internacionales de trabajadores se determinan, en primer término,por los mecanismos del mercado laboral. Por un lado el enfoque macroeconómico privilegia los diferenciales salariales y de empleo, por el otro el enfoque microeconómico resalta la decisión de migración con base a un análisis de costo beneficio, donde las ganancias esperadas de la migración derivan de la probabilidad de emplearse y obtener ingresos y las pérdidas o costos de oportunidad que se asocian los costos de la migración y los ingresos del migrante en el país de origen.
Por tanto, desde la perspectiva del análisis económico, un lugar importante dentro de los factores que determinan la migración se relaciona con las posibilidades de empleo mayormente remunerado en el país destino. Debido a que la actual crisis económica se caracteriza por las altas tasas de desempleo en los EUA, un factor determinante en la atracción de migrantes mexicanos a los EUA que se ha visto notablemente reducido. De esta manera, de acuerdo con Pekka y Tervo (2002), los patrones generales de migración muestran que los migrantes de regiones con altos niveles de desempleo tienden a encontrar trabajo más rápidamente que los trabajadores que permanecen en sus localidades.
Según estimaciones recientes, con base en la ENOE, la emigración de trabajadores mexicanos hacia los EUA se redujo en el tercer y cuarto trimestres del 2008 en un -28.5% y -18.2% respecto a los respectivos trimestres anteriores. Lo anterior parece derivar directamente de las condiciones del mercado laboral de los EUA en que, como se mencionó, existe un alto nivel de desempleo que ha limitado la posibilidad de empleo de nuevos trabajadores migrantes en los EUA reduciendo su acceso a este mercado laboral.
Por lo que toca a la migración de retorno, aunque este flujo migratorio parece mostrar una tendencia oscilatoria, se aprecia que en el último trimestre de 2008 y el primero de 2009, se elevó considerablemente, también sugiriendo la posibilidad de que la recesión de los EUA y su consiguiente efecto en el nivel de desempleo han causado que algunos segmentos de los trabadores mexicanos hubiesen decidido migrar hacia México. Por tanto, como resultado de una caída de la migración de trabajadores mexicanos hacia los EUA y de un flujo relativamente creciente de migrantes que retornaron a México, particularmente en los dos últimos trimestres de 2008 y el último de 2009, se aprecia un saldo migratorio negativo en México para el año de 2008.[5]
Políticas antimigratorias de los EUA
Es posible concluir que la política migratoria de los EUA ha sido poco efectiva para controlar los flujos migratorios durante la década de los noventa. La entrada masiva de migrantes mexicanos reflejó, por una parte, lo limitado de los esfuerzos para controlar a la migración ilegal y por otra, las marcadas diferencias económicas entre México y los EUA, lo que determinó el intenso flujo migratorio.
Vale la pena recalcar que la migración de trabajadores mexicanos mostró un rápido dinamismo desde la mitad de la década de los sesenta, cuando finalizó el programa bracero y la industrialización del “sunbelt” (los estados del sur y suroeste) en los setenta atrajo migración de trabajadores provenientes de México. La respuesta del gobierno de los EUA fue la de aprobar en el congreso la ley conocida como IRCA (Immigration Reform and Control Act) en 1986. Esta legislación pretendía controlar la migración no documentada y legalizar la población de migrantes ilegales en los EUA (Jones, 1995).
En su versión final IRCA contenía tres propuestas principales: 1) Sanciones para empleadores de trabajadores ilegales; 2) amnistía para trabajadores indocumentados para ciertos periodos de tiempo; y 3) Reforzamiento y concentración del personal de la patrulla fronteriza y de la vigilancia de la frontera entre México y los EUA. Estas provisiones se instrumentaron entre 1987 y 1988, buscando dar un giro en el enfoque hacia una política de migración que enfatizara el criterio de empleo y de entrada de la migración (Papademetriu y Martin, 1991). El resultado de estas medidas generó que los EUA otorgaran residencia permanente a 2.7 millones de individuos, de los cuales 2 millones fueron de origen mexicano (Hanson, 2004).
Los gastos financieros en el control de la migración
Cabe destacar que la instrumentación de IRCA fue acompañada de un notable y rápido incremento de los recursos financieros orientados al refuerzo del control de la migración. El gasto total para el fortalecimiento de dichas actividades se realizó con base a la expansión de las apropiaciones financieras que pasaron de $1 billones de dólares en 1985 a $4.9 billones de dólares en el 2002. La concentración de estos recursos se ha canalizado hacia la patrulla fronteriza y a las actividades relacionadas con la aprensión de migrantes indocumentados.[6]
De esta manera, se destaca que, en el periodo mencionado, las actividades de control de la frontera que incluyen a la patrulla fronteriza, las inspecciones en los puertos y garitas de entrada y los asuntos consulares, se incrementó en $2.1 billones de dólares; los gastos para detenciones e inteligencia se incrementaron en $1.4 billones de dólares; y las investigaciones internas se incrementaron en $349 millones de dólares. En particular los gastos orientados a la detención y remoción de indocumentados se incrementaron significativamente pasando de $141 millones de dólares en 1985 a $1.3 billones de dólares en 2003. La ley de reforma de inmigración ilegal y responsabilidad del mígrate (IIRIRA) check this de 1996 convirtió como obligatoria a la detención de migrantes con actividades criminales y solicitó el incremento de fondos para ser utilizados primordialmente para financiar las actividades de detención y regreso de migrantes a sus países de origen.[7]
Como resultado, las aprensiones se incrementaron continuamente hasta el año 2000.Después la tendencia de aprensiones empezó a caer entre ese año y el 2003. No obstante, se destaca la importancia permanente de la patrulla fronteriza en la captura y retorno de migrantes mexicanos.[8]
La respuesta del gobierno de los EUA al 11 de septiembre
Después del 11 de septiembre de 2001 el gobierno de los EUA ha tomado diferentes medidas relacionadas con la migración, con el objetivo de incrementar la seguridad de ese país. Esta mayor intensidad del control de migrantes en la frontera de los EUA con México ha tenido un fuerte impacto en la sociedad mexicana. Entre estos efectos se destaca el aumento del tráfico de personas desde México, lo que ha incrementado sustancialmente la proporción de migrantes indocumentados viviendo en los EUA.
Así pues, como resultado de los ataques terroristas del 11 de septiembre, el endurecimiento de la estrategia de política de los EUA con respecto a la seguridad fronteriza se materializó en la firma de la declaración de las fronteras inteligentes y el plan de acción de asociación fronteriza del 2002.
Cabe destacar que el mayor control de la migración de trabajadores mexicanos ha sido un factor importante en la expansión de la proporción de trabajadores no documentados en el total de los migrantes mexicanos[9]. En la medida que se incrementan las restricciones al cruce fronterizo, los flujos de migrantes han tenido que recurrir al uso de coyotes y otros medios para cruzar la frontera hacia los EUA sin documentos migratorios.
Asimismo, el aumento de los controles migratorios ha determinado que el tiempo del viaje de los migrantes mexicanos en los EUA se extienda, debido a que ahora los trabajadores mexicanos prefieren permanecer más tiempo en los EUA para evitar los gastos que implica cruzar la frontera en un contexto restrictivo y de vigilancia de los cruces fronterizos. Este fenómeno ha reducido la migración circular e incrementando el tiempo de residencia en los EUA de los migrantes mexicanos. Por ello, es posible concluir que el endurecimiento de las políticas migratorias de los EUA se ha convertido en un factor que ha modificado los patrones de la migración de trabajadores mexicanos a los EUA ya que se ha convertido en una barrera estructural que contiene el flujo de migrantes y, además, se ha convertido en un factor que ha impactado en la duración de la permanencia de los migrantes en los EUA. Por ello, al analizar los factores que están frenando la migración mexicana debe ser tomado en cuenta como un factor importante que debe ser considerado en el análisis de los flujos migratorios.
Endurecimiento local ante la migración mexicana: la ley SB 1070 de Arizona
En este contexto general de restricciones migratorias, en abril de 2010 la legislatura del estado de Arizona aprobó una ley estatal denominada SB 1070 que busca a través de la instrumentación de una política pública al nivel estatal, “desalentar y detener la entrada ilegal y presencia de extranjeros y el desarrollo de actividades económicas por personas que se encuentran ilegales en los EUA”
Además dicha ley, en su artículo 8 sobre la aplicación y cumplimiento de las leyes migratorias, señala que: “Para cualquier detención o arresto legal realizado por un oficial del gobierno, condado, ciudad, pueblo u otra subdivisión política del estado donde exista una sospecha razonable de que la persona es extranjera que esta ilegalmente en los EUA…”. Igualmente, en la sección 13-3883 se indica que: “un peace officer puede arrestar sin orden de detención a una persona si considera que tiene una probable causa para creer que "se ha cometido una felonía, un delito menor o ha tenido un accidente de tráfico.” Finalmente, otro aspecto relevante de esta ley es que en su sección 7 convierte en ilegal el empleo de trabajadores no documentados por parte de los empleadores dentro del estado.
Es decir, tanto la administración del gobierno como los senadores del estado de Arizona han impulsado una ley estatal que, independientemente de su legalidad dentro del marco jurídico y de representación de poderes de los EUA, privilegia predominantemente una política de aplicación del poder judicial para controlar los flujos de trabajadores mexicanos hacia ese estado. Lo anterior, se aleja de las tendencias a la integración económica entre México y los EUA e impulsa la ilegalidad de los flujos de trabajadores migratorios mexicanos, generando la dualidad del mercado laboral, en la que los trabajadores mexicanos reciben salarios inferiores a los que pueden recibir sus contrapartes que son ciudadanos norteamericanos. Finalmente, estas acciones de contención unilateral de la migración de trabajadores dan un golpe a las políticas coordinadas para el manejo de flujos de migrantes, dando un paso atrás en el avance para poder coordinar los mercados laborales en América del Norte
Desafíos futuros: la coordinación de México y los EUA en la coordinación de las políticas de migración
Los mercados de trabajo en el mundo se caracterizan por estar cada vez más globalizados. Más aún, una de las características de la migración contemporánea es el flujo circular y repetido de migrantes entre el país emisor y el país receptor de migrantes. En ese sentido, la era de la globalización se caracteriza no solamente por el aumento de la migración internacional sino también porque una parte importante de los trabajadores migrantes tienden a regresar a sus países de origen o a moverse circularmente entre países emisores y receptores. Como resultado, varios gobiernos de los países receptores de migración han establecido mecanismos para regular la migración y así balancear la demanda con la oferta local de trabajadores con y sin habilidades laborales.
Asimismo, la expansión de los flujos migratorios hacia los EUA y Europa ha incrementado el debate sobre la reforma migratoria en los países receptores como EUA, Francia. España, etc. Por ello, los aspectos específicos de la instrumentación de los programas migratorios se han discutido en varias instituciones multilaterales como el Banco Mundial, la OECD, etc., presentándose diversas formas propuestas de migración temporal, como es el caso de los programas de trabajadores-huésped en los EUA, la migración de retorno de trabajadores temporales en la Unión Europea y las negociaciones de movimientos temporales entre fronteras en el marco de liberalización económica tomado en la ronda de desarrollo de Doha (Schiff, 2007).
Así pues, el debate de la migración de trabajadores temporales ha retomado mayor importancia no solamente en la relación México-EUA, sino en general en los países desarrollados que han concluido su transición demográfica y que sufren de una falta de oferta de trabajo tanto en trabajadores calificados como no calificados. Adicionalmente, la expansión de la migración temporal en la década de los noventa también reflejó una falta de voluntad en los países desarrollados para admitir trabajadores extranjeros no calificados, bajo la modalidad de trabajadores permanentes.
La experiencia del programa de trabajadores-huésped de Alemania es un ejemplo que podría servir para diseñar un programa de trabajadores temporales entre México y los EUA. En efecto los programas de Alemania generan expectativas positivas respecto a este tipo de políticas migratorias. Por ejemplo, mas de dos tercios de la generación original de trabajadores-huésped dejó Alemania y retornó a su país de origen (Amelie, y Zimmerman, 2007).
Para el caso de la migración mexicana existe escaza literatura sobre la migración temporal y circular. Las principales contribuciones han sido, en el campo de la sociología, el trabajo de Massey y Espinoza (1997), que señala que la migración mexicana hacia los EUA, en buena medida, está compuesta por migrantes circulares y es más frecuente que la migración de retorno o la migración permanente. De acuerdo con este trabajo, una vez que los migrantes llevan a cabo su primer viaje migratorio, dicha población tiene mayor probabilidad de hacerlo de nuevo. Es decir, cada movimiento crea mayores posibilidades de establecer una migración circular sostenida por sí misma, a través de la acumulación de “capital de conocimiento migratorio”.
Desde la perspectiva económica el trabajo de Mendoza (2008) enfatiza que los migrantes jóvenes son más propensos a llevar a cabo migración temporal y repetida. Asimismo, los hombres y los migrantes documentados regresan a México más frecuentemente que aquellos que tienen mayor nivel, educativo y permanecen temporadas más largas en los EUA. Por otra parte, los migrantes con familia en México tienden a regresar más frecuentemente y los que tienen mayores vínculos con el mercado laboral en los EUA tienden a permanecer mayor número de años en los EUA. En esta perspectiva, la posibilidad para realizar viajes migratorios repetidos de ida y vuelta entre México y los EUA debe ser discutida en el contexto de la experiencia migratoria de mexicanos a los EUA.
No obstante, el autor subraya que, actualmente, el creciente reforzamiento del control de los cruces migratorios por parte del gobierno de los EUA ha determinado que las decisiones de migrar de los trabajadores mexicanos se estén orientando hacia buscar permanecer en los EUA. De acuerdo con información de la base de datos Mexican Migration Project (MMP), los trabajadores indocumentados permanecieron alrededor de tres años en la década de los ochenta, pero esa duración del viaje del migrante se incrementó a nueve años en la década de los noventa. Por lo que es posible vincular este incremento de la duración del viaje migratorio al aumento de las restricciones de las políticas anti-migratorias que, de hecho, en este sentido han sido contra-productivas.
De esta manera, la migración de retorno se considera como un evento único, pero la migración circular es un proceso de continuo movimiento y, desde la perspectiva económica, puede considerarse como un mecanismo para optimizar la situación laboral, económica, social y personal de los migrantes. Por tanto, la migración circular tiene su fundamento económico en la perspectiva de obtener ventajas derivadas de la posibilidad de viajar del país de origen al receptor y viceversa, lo que puede minimizar los costos de separación familiar y cultural y realizar modificaciones de los lugares de destino migratorio desde la perspectiva de la maximización de utilidades para el migrante.
Políticas migratorias coordinadas versus políticas del tipo persecutorio
En los países desarrollados existe un claro reconocimiento de la insuficiencia pata cubrir la necesidad de trabajadores calificados y no calificados requeridos en el mercado de trabajo. En el caso de los EUA, los migrantes están cubriendo puestos vacantes en trabajos de poca calificación en los sectores de construcción, aseo, agricultura y procesamiento de alimentos. Por tanto, la cuestión fundamental no es si existe demanda para los trabajadores migrantes, sino más bien el saber qué tan grande es la demanda y cuáles son las políticas que deben establecerse para enfrentar esta demanda.
Por ello, se ha venido discutiendo, cada vez más, la reintroducción de programas de migración temporal como parte de un conjunto de instrumentos de política de control migratorio. En este sentido en los EUA se ha considerado la introducción de un programa de migración temporal para trabajadores en gran escala, aunque la viabilidad política se aprecia lejana. Por su parte, Inglaterra ha estado experimentando con un nuevo esquema para el empleo temporal de trabajadores migrantes en algunos sectores seleccionados en los que se requiere ocupaciones de baja calificación. También Italia y España, que son destinos de altos flujos migratorios, han buscado establecer acuerdos bilaterales con algunos países de origen de la migración en el norte de África y en América Latina.
Cabe destacar que el surgimiento del concepto de programas de trabajadores-huésped ha generado un gran debate tanto académico como político. Por una parte, los críticos han señalado como un aspecto en contra, el hecho de que dichos programas que se han desarrollado anteriormente (Bracero, 1942-1964 y Gastarbeite, y 1955-1073) se hubiese propiciado el establecimiento permanente de una parte de los migrantes huéspedes en el país de destino. No obstante, también se ha señalado que los programas de migrantes temporales pueden ser desarrollados de diferentes formas, en particular en lo relacionado a los siguientes aspectos: i) los mecanismos para admitir migrantes que incluyen la existencia de acuerdo de reclutamiento con los países que envían migrantes; ii) las políticas de selección de migrantes incluyendo los requerimientos del nivel de habilidades laborales de los migrantes seleccionados; iii) los derechos otorgados a los migrantes después de la admisión, incluyendo la duración y condiciones que se incorporan a los permisos de migración otorgados; y iv) los mecanismos para la regulación de admisiones.
En la literatura relacionada se han considerado tres modelos para regular el número de admisiones de trabajadores temporales: las cuotas, pagos por permisos de trabajo y admisiones laissez-faire. Por ejemplo, en los EUA, el congreso establece una cuota anual de trabajadores de alta calificación y especializados bajo el programa H-1B. Este tipo de cuotas también se usa en Austria donde se aplica para las políticas de empleo y para residencia. En contraste, Singapur utiliza los pagos para administrar el tamaño de la migración laboral temporal. Finalmente, antes de entrar a la Unión Europea, Irlanda utilizaba un sistema de permisos basados en las admisiones laissez-faire, en la cual el monto anual de admisiones se determinaba por la demanda anual de migrantes por parte de los empleadores.
Cabe destacar que la mayoría de los programas existentes han emitido permisos que son validos por un periodo que va entre un mínimo de tres meses a un máximo de cinco años. Los permisos que son validos por menos de un año solo pueden ser emitidos para programas estacionales que se enfocan a migrantes que llenan vacantes temporales donde existe falta de oferta de trabajo.
Los académicos que están a favor del objetivo de tratar de mejorar dichos programas han señalado que este tipo de programas pueden: a) ayudar a economías en desarrollo ha enfrentar la demanda de trabajo; b) provee a los migrantes de accesos a los mercados laborales, c) maximizar el impacto de la migración en los países de origen, y d) atender la preocupación de los países de alto ingreso respecto al establecimiento permanente de migrantes.
Es importante considerar que existe una demanda de trabajo y que, por tanto, es importante administrar la demanda de trabajo no calificado. Una política que incluya los intereses de los empleadores con el interés de la economía en su conjunto es por tanto requerida. Lo anterior implica que los programas de migración temporal debieran considerar que la demanda de trabajadores busque realizarse bajo el ofrecimiento de empleo que esté de acuerdo a las leyes laborales y regulaciones existentes en los países de origen. Adicionalmente, la demanda de trabajadores debe ser residual, es decir, que esta demanda se presente una vez que la oferta local de trabajadores no ha podido cubrir la demanda.
En el mundo actual, el comercio internacional ha estimulado la economía internacional y los flujos de capital, sin embargo los trabajadores extranjeros solamente juegan un papel menor en el concierto de la economía global. La asimetría en el proceso de globalización es, por supuesto, el resultado del hecho de que las principales economías industrializadas hayan empujado por la liberalización internacional del comercio y los flujos de capital, al mismo tiempo de que hayan impulsado restricciones a la movilidad de los flujos de migración de trabajadores.
Para el caso de México, estos programas podrían ser unos mecanismos para estimular la migración circular y de retorno una vez que los permisos de trabajo hubiesen expirado. Lo anterior, al menos en teoría, podría traer consigo beneficios para el desarrollo económico de México debido a varias razones. Primeramente, en el caso de los trabajadores calificados, podría ayudar a compensar algunos de los efectos adversos asociados con la salida de migrantes calificados hacia los EUA, además la adquisición de conocimiento y habilidades laborales podrían ser transferidas al uso productivo en las regiones de origen de los migrantes y los ahorros de los migrantes podrían ser utilizados para el desarrollo de actividades de negocios y así desarrollar beneficios para las comunidades en México.
Asimismo, este tipo de programas podría incrementar el volumen de remesas, al tener los trabajadores migrantes un mejor acceso a los mercados laborales. El incremento de trabajadores migrantes laborando en condiciones de legalidad y con el objetivo de retornar a sus comunidades de origen debería generar metas de mayor envío de remesas a las familias en México que los migrantes que buscan la permanencia en los EUA.
Conclusiones
La experiencia de migrantes mexicanos a los EUA se ha caracterizado por una entrada masiva de trabajadores en ese país, particularmente en las últimas décadas. Este fenómeno se llevó a cabo en el marco del establecimiento del TLCAN, sin embargo en este acuerdo se abordó sólo marginalmente el aspecto del mercado laboral entre ambos países, en acuerdos paralelos sobre seguridad laboral. Lo anterior implicó la perdida de una oportunidad para iniciar un proceso de política coordinada para el control de los flujos migratorios de trabajadores mexicanos a los EUA.
Además, el acelerado flujo de migrantes durante la década de los ochenta y de los noventa determinó la aprobación de IRCA y el principio del mayor endurecimiento de las políticas anti-migratorias. Finalmente, en el contexto de seguridad, las estrategias de los EUA para controlar la migración se recrudecieron después del 11 de septiembre.
En esa perspectiva, comparado con los programas de control policial o de programas de legalización de migrantes indocumentados como es el caso de la ley Arizona SB 1070, la posibilidad del establecimiento de programas de coordinación de flujos migratorios de trabajadores podría ser una mejor opción para beneficiar a las economías involucradas en el fenómeno migratorio. Para México podría ser un mecanismo para promover el retorno de migrantes y el aumento de remesas. Por su parte, para los EUA, la posibilidad de establecer un programa de trabajadores podría ser benéfica para suplementar de fuerza de trabajo requerida, a la vez que la posibilidad de movilidad de migrantes mexicanos podría generar vínculos en México que facilitarían la migración de retorno.
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NOTAS
[1] Jorge Eduardo Mendoza, Investigador del Departamento de Estudios Económicos, El Colegio de la Frontera Norte, SNI III, email: emendoza@mail.colef.mx. El artículo se realizó con financiamiento del proyecto numerado 098763 titulado: Análisis de los Determinantes de la Migración de Retorno y Circular y sus Efectos en el Desarrollo Regional en México, financiado por CONACYT.
[2] Fuente: Estimaciones del CONAPO con base en Buró de Censos, 1970, 1980, 1990, 2000 y American Community Survey, 2007.
[3] Fuente: Estimaciones de CONAPO con base en STyPS, CONAPO, INM, SRE y EL COLEF, Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México (EMIF NORTE), 1994-1995, 1998-1999, 1999-2000, 2000-2001, 2001-2002, 2002-2003, 2003-2004, 2004-2005, 2005-2006, 2006-2007 y 2007-2008.
[4] Fuente: Estimaciones de CONAPO con base en U. S. Census Bureau, 5-percent sample, 1990, American Community Survey 2005.
[5] Instituto Nacional de Estadística, Geografía e informática, (2009), “Información sobre el flujo migratorio”, Comunicado, Núm. 162/09
[6] Fuente: MPI analysis of data from US Department of Justice Immigration and Naturalization Service, Budget Requests to Congress, 1985-2002; and Budget of the United States Government, Appendix, 1985-2003.
[7] Fuente: MPI analysis of data from US Department of Justice Immigration and Naturalization Service, Budget Requests to Congress, 1985-2002; and Budget of the United States Government, Appendix, 1985-2003.
[8] Fuente: MPI analysis of data from US Department of Justice, Statistical Yearbook of the Immigration and Naturalization Service; Enforcement, 1991-2001; and US Department of Homeland Security, Yearbook on Immigration Statistics, Enforcement, 2002-2003. translate.
[9] Ver Jorge Eduardo Mendoza (2008), “Economic and Social Determinants of Mexican Circular and Permanent Migration”, Análisis Económico, Vol. XXIII, Núm. 54, pp. 203-224.
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