El contexto ético de la libertad de expresión en Venezuela

Fanny Ramírez , Miriam Miquilena y Charles Blanco (2008)

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El contexto ético de la libertad de expresión en Venezuela.

 

Por  Fanny Ramírez, Charles Blanco y Miriam Miquilena  [1]

Profesores-investigadores de la  Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela.

E-mail: fannisima0045@yahoo.com

E-mail: charlesmartes@hotmail.com

E-mail: mmaestría@gmail.com 



 RESUMEN

Se realizó una investigación documental y bibliográfica (Sabino, 1992;  Alfonso, 1994) sobre el contexto ético de la libertad de expresión en Venezuela, en el marco de las éticas aretológica, axiológica y deontológica. Considerándose la perspectiva aristotélica, se explica el mérito de la educación en la formación de valores en las personas en todas las etapas de su vida (Savater, 2000, 2001, 2007). También se enfoca el tercer imperativo kantiano y la deontología que se deriva según Bonete Perales y otros (1995). El análisis da cuenta de la actuación ético-moral de los medios de comunicación y de los comunicadores sociales en los últimos años en dicho país. De ésta manera, se compara el principio “libertad de expresión” del código deontológico venezolano con diversos en el mundo, con el objetivo de determinar las formas reflexivas y orientadoras de las normas y valores para cumplir el ejercicio de la profesión y el rol de los empresarios de la comunicación en el momento actual, y las diferentes concepciones de entender la democracia y la política. Concluyó que la responsabilidad social de los periodistas y de los empresarios de la información no son distintas a las de otros profesionales o empresarios, porque de igual manera cumplen un servicio social que debe estar orientado por una conducta ética, indiferentemente de los conflictos y diferencias políticas que mantengan con sectores de la sociedad, en función de la convivencia pacífica y la democracia de las naciones.

Palabras clave: Ética en los medios de comunicación, Libertad de expresión, Democracia, Política, Servicio Social

  1. INTRODUCCIÓN

En el marco de las éticas aretológica, axiológica y deontológica, se analizaron los preceptos morales que fundamentan y orientan la reflexión sobre las normas y los valores que canalizan el periodismo en Venezuela y otras naciones del mundo, en específico, los que subyacen en el principio “libertad de expresión”.

     El tema se fundó a partir de los enfoques ético-morales aristotélicos, y kantianos y en las deontologías derivadas de esas perspectivas. Tomando en cuenta tanto la responsabilidad social del comunicador social como la del empresario, en sus funciones como servidores sociales y el rol del Estado como garante de las libertades públicas.

     En este marco de referencia, se establecen los valores éticos que desarrollan los distintos actores sociales involucrados en el ejercicio del periodismo, tales como los profesionales de la comunicación, las empresas de información y el marco jurídico-político en que se erigen estas relaciones, en las sociedades democráticas.

     En esta triple articulación, se coteja la manera como subyace el valor “libertad” y el principio “libertad de expresión” en el código de deontología venezolano y en otros códigos de deontología del periodismo en el mundo,  con el propósito de  establecer los enunciados reflexivos y orientadores de las normas y valores que deben desarrollar los comunicadores sociales en el ejercicio del periodismo en Venezuela y el rol de los empresarios de la información en este contexto.

     Dichos principios se relacionan con aspectos fundamentales para los ciudadanos y la sociedad en su conjunto, como la democracia y la política. El estudio se realizó a partir de la perspectiva teórico-metodológica documental según Sabino (1992) y Alfonso (1994), por medio de la cual se seleccionaron autores especialistas en este tema, los cuales tienen importantes aportes respecto a la función y la responsabilidad social de los periodistas y de los empresarios de la información como servidores sociales.

     En este contexto, se analizaron y compararon los valores éticos plasmados en los instrumentos deontológicos que rigen la acción del periodismo en Venezuela y en los principios universales convencionales que dan vida a este derecho a nivel mundial, según criterios fundados en la pluralidad y responsabilidad social, de los cuales son portadores los mismos, como actores colectivos e individuales, (Bonete Perales, 1995; Conill, 1995).

     Desde la dimensión de la ética aretológica se compendia la práctica de la virtud del individuo en el desarrollo de sus acciones.  Por su parte, los componentes de la ética axiológica constitutivos de los valores asumidos por las instituciones y los individuos, denotan los requerimientos de su responsabilidad social en relación al servicio social que despliegan los profesionales en el ejercicio laboral y el rol de los empresarios.  Asimismo, los dispositivos de la ética deontológica hacen referencia a las normas morales apropiadas por los comunicadores sociales en su desempeño profesional.

     El análisis se realizó en el marco teórico que fundamenta la educación ciudadana en la ética y los valores, como un enunciado transversal en la vida humana, el logro de la paz en el mundo y la profundización de la democracia en los pueblos, en medio de las incertidumbres que la rodean y las respuestas que en torno a esto expresan las normativas de actuación de los medios de comunicación y los periodistas, como el espacio público donde se expresan las causas, las circunstancias y los hechos que atañen a la realización de un mundo mejor para los seres humanos (Mouffe, 1999; Salinas H., 200; Bonete Perales, 1995).

     La libertad de expresión es uno de los más representativos y característicos derechos de la sociedad democrática, este principio se basa en la facultad que posee el individuo de exponer sus ideas, pensamientos y opiniones por medio de la palabra, por escrito o por cualquier otro medio de reproducción, sin inconvenientes, autorizaciones previas o censura por parte de las autoridades.

     Venezuela en los últimos cuarenta años ha venido desarrollando tradición democrática con respecto a la libertad de expresión, prueba de ello es el haber suscrito recientemente, en el plano de los acuerdos internacionales, la Carta de las Naciones Unidas y los Acuerdos de Chapultepec (2003), y la presencia de normas en la Constitución Nacional, las cuales garantizan el disfrute de ese derecho, todo esto sin dejar de resaltar las puntuales contradicciones entre los órganos del Estado, los medios de comunicación y los comunicadores sociales, respecto a la manera en que entienden la libertad de expresión.

     En la parte II de la Carta Magna, correspondiente a los Valores Compartidos y los Enfoques Comunes, Numerales 32 y 33, se subraya el rol de la educación para el logro de la paz y la profundización de la democracia en el hemisferio, haciendo énfasis en valores como la tolerancia, el diálogo y el respeto mutuo como representaciones pacíficas de convivencia. Insistiendo en que la Comisión Interamericana de Educación tome las acciones necesarias para encausar una cultura democrática que refuerce la participación de la sociedad civil en estos proyectos.

     En ese orden de ideas, la tradición venezolana de respeto a la libertad de expresión encuentra manifestaciones jurídicas que la respaldan, desde hace casi dos siglos.  Ejemplo de ello es la Gaceta Oficial del 26 de Abril de 1.811 (Margen.org, 2008), sobre el reglamento de libertad de imprenta en España y sus colonias, el cual indica: “atendiendo a las cortes generales y extraordinarias a que la facultad individual de los ciudadanos de publicar sus pensamientos e ideas políticas, es no solo un freno a la arbitrariedad de los gobiernos, sino también un medio de ilustrar a la nación en general y el único camino para llegar al conocimiento de la verdadera opinión pública.”

     En el Artículo 57 de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, reza,

Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa. Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades.

     La persona no sólo es detentadora del derecho a expresarse libremente, sino que además la comunicación es libre y plural y conlleva deberes, tal como lo expresa el Artículo 58 de la misma Constitución,

La comunicación es libre y plural y comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como a la réplica y rectificación cuando se vea afectada directamente por informaciones inexactas o agraviantes. Los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir información adecuada para su desarrollo integral.

      Así que, en perspectiva, puede afirmarse que existen reglas morales que orientan a los actores del hecho comunicacional, las cuales tratan del bien en general y de las acciones humanas o institucionales en particular, que en el campo del periodismo conlleva en sí misma una responsabilidad social y un pluralismo político que tiene su impacto en la formación de la ética y de los valores en la ciudadanía.

     En los marcos de las observaciones anteriores, resultó importante definir y constatar, por una parte, el tipo de ética y valores desarrollados por el profesional de la comunicación social, respecto a los códigos deontológicos que rigen la profesión y que parten del principio de respeto y protección a la dignidad humana inspirado en Kant y la tradición judeo-cristiana; e igualmente, los principios expresados por los medios de comunicación en el mismo contexto. (Mouffe, 1999; Serrano Oceja, 2002).

     De acuerdo a los razonamientos que se han venido efectuando, Bonete Perales (1995) plantea en torno a los códigos deontológicos de los periodistas, donde se encuentran expresados los valores morales, los ideales culturales y los fines sociales; así como los deberes y derechos de la profesión y los hábitos plasmados en los actos de cada periodista, que estos pretenden,

 Garantizar la dignidad de toda persona implicada en el ámbito de la información, tanto la persona que recibe los mensajes (el ciudadano), la que los difunde (el periodista), y sobre todo, la persona que puede ser protagonista principal de la información (acusados, niños, jóvenes, familiares, políticos, con una vida íntima que, por respeto a su dignidad, debe salvaguardarse frente al derecho a la información…).  De ahí que se produzcan inevitablemente conflictos de derechos que exigen una minuciosa regulación jurídica. (Perales, 1995: 29). 

     Sobre las bases éticas que orientan la responsabilidad social de los medios de comunicación con la organización social en su conjunto, Díaz (1995) señala que los medios de difusión masiva disfrutan del privilegio “(des) informativo” y de grandes parcelas de poder, como ejemplo de ello se puede citar al Presidente italiano Berlusconi, quien es representativo de la unión entre los poderes económicos, políticos e informativos a nivel mundial.  Esta apreciación sobre el poder que manejan los dueños de los medios de comunicación, va más allá de los beneficios del negocio del mercado de noticias, ya que su relación con los centros de poder y de decisión le otorga un status como actores políticos con reales potencialidades de influir en el devenir de la política.

     Adicional a estos poderes e influencias, existe una gran desigualdad en la circulación de la información en el mundo y el predominio de las grandes cadenas y agencias de noticias en la difusión de la información y comunicación a nivel mundial, poderes que muy poco pueden ser replicados en igualdad de condiciones.

     Por otro lado, Conill (1995) argumenta que los principios éticos aplicados a las profesiones u otras áreas sociales como la política y la jurídica, no siempre son articulados adecuadamente en las organizaciones.  Sin embargo, la empresa informativa debe cumplir con la razón social para la cual fue creada, igual que cualquier otra empresa,  como ser competitiva, ofrecer productos de calidad y generar beneficios, entre otras funciones, y en el ámbito de un espacio ético generar valores,

La empresa es un proyecto humano, entendido como un quehacer moral, en el que se produce bienes o servicios y se logran beneficios, intentando integrar a quienes participan en él, a fin de contribuir a su desarrollo humano. (Conill, 1995: 201) 

     La libertad de expresión se coloca en la palestra de la discusión porque ella representa uno de los principios fundamentales de las sociedades democráticas, y por ello se ve en la balanza puesta en tela de juicio, de un lado, porque parte de una organización compleja que representa a un conjunto de actores, cada uno con sus intereses y responsabilidades particulares, tales como los dueños de los medios y los propios periodistas, de otro lado, porque en la balanza pesan más los intereses de estos actores en situaciones de inestabilidad social, situación de crisis y cambios,  que las responsabilidades y compromisos.

     Sobre lo anterior, Fernando Andrade Ruiz (2000) relaciona los conceptos de  democracia y el pluralismo, con los principios de ética, tolerancia y poder, para reseñar la necesidad de que exista un periodismo plural como fundamento de la sociedad democrática.

     Asimismo, Arroyo Goncalvez (2002), plantea que la objetividad en el periodismo es un tema siempre urgente e importante y, tal vez, la relevancia de su discusión puede atribuirse no solo a que el periodismo cumple una función social, delegada por los miembros de la comunidad, sino también porque en su complemento, los periódicos se constituyen en mediadores entre la realidad y la sociedad, es decir, son los lentes a través de los cual los sujetos observan el mundo.

     Precisamente, la Venezuela de los últimos ocho años se caracteriza por marcadas situaciones de cambio que han causado dos grandes percepciones encontradas, una que favorece los lineamientos del oficialismo y otra que lo crítica, el tema de la libertad de expresión se ha popularizado en todos los estratos sociales debido a la polarización de las opiniones y diferencias políticas que enfrenta a gran parte de la población que se debate entre el oficialismo y la oposición.

 

2. VALORES ÉTICOS EN LA EDUCACIÓN 

Los valores éticos adquieren hoy una relevancia como nunca antes vista, su importancia en el despliegue de las profesiones y en las empresas, los sitúa de manera preponderante sobre otros factores que pudieran guiar los fines, estos son valores humanos, no son las profesiones ni las organizaciones quienes los ostentan, son las personas quienes los exteriorizan a partir de los que han internalizado en su vida.

     Savater (2007) plantea que la ética es una reflexión que tiene que ver con la libertad de las personas, y por ello, ninguna actividad humana escapa de los valores y de los principios morales, es una actitud ante la vida que a veces es irreverente.  Desde este enfoque la formación del individuo, basada en valores, abarca desde el nacimiento hasta su muerte, no tiene descanso ni puede dejarse colgada en un escaparate, porque lo cruza transversalmente en todos los campos de su vida: en la familia, la escuela, la empresa, los amigos y demás grupos de socialización a los cuales se encuentra vinculado.

     Son valores que se desarrollan en la sociedad y en todos los grupos en los cuales está inserto el ser humano, lo cual implica responsabilidad en la toma de decisiones, desde las particulares hasta las sociales, donde se conecta con familiares, amigos, vecinos, colegas, compañeros de trabajo, en un contexto sociocultural, profesional, político y económico, y con sustratos como la democracia, en la cual encuentra la garantía para el ejercicio de sus derechos, previamente establecidos en el marco jurídico-político que la fundamenta,  Savater (2007) hace énfasis en que,

La educación, en todos los pueblos y en todas las partes, es fundamental…No me atreveré a decir que ella resuelve todos los problemas, pero sí diré que en la solución de todos los problemas existe un componente vinculado con ella.  Las naciones harán muy bien en hacer una inversión generosa y en concienciar a sus ciudadanos sobre la importancia de la educación. (Savater, 2007, p. 1) 

     Ciertamente, el sitio que antes ocupaban la planificación, la administración o el currículum, hoy lo domina los valores éticos, la educación en valores viene a constituir un bastión en el cual poder asentarse para salir de las crisis actuales, esto no quiere decir que estas herramientas cognoscitivas y prácticas hayan dejado de tener valor, por el contrario, esta nueva visión las complementa, enriquece y conciencia sobre la importancia que tienen los valores éticos en la formación y educación de las personas, desde que son jóvenes.

     Savater (2000), ya había manifestado con anterioridad, siguiendo al pensador griego Aristóteles, y a John Kenneth Galbraith, que “la educación es el momento adecuado de la ética…la educación y la educación ética son partes imprescindibles de cualquier formación humana” requisitos indispensables para que a un individuo se le considere un ciudadano plenamente formado para desarrollar su actividad política, alejado de la ignorancia política y demócrata que lo llevaría a cometer equivocaciones con altos costos para la política y la democracia de los pueblos.

     Sostiene Savater (2000), que hay que formar a las personas en su capacidad de convivencia, ciudadanía, autonomía, responsabilidad y cooperación, ésta última no sólo en la ética para la profesión sino para cualquier actividad humana; un demócrata se hace no nace, y esto requiere una constante formación educativa y ética, principalmente en los jóvenes, y los maestros tienen la principal responsabilidad en esto.

     En la sociedad todos tienen una cuota de responsabilidad en la educación: padres, profesores, políticos, medios de comunicación, y todos ellos tienen una responsabilidad deontológica, aunque muchas veces se deseduca, más que educar, porque no se cumple con la función educativa, hoy el objetivo principal de la ética debería ser la formación de los jóvenes en valores, educarlos en el manejo, actitudes y conductas basadas en dichos valores. Educarlos contra la fatalidad de su destino, en libertad.

     Una sociedad que se pone en la balanza en función del tipo de educación que en ella impera, si es o no de calidad, si se imparten o no valores, por la importancia que sus ciudadanos le confieren a la educación, y también por las inversiones que el Estado hace en este sector y el alcance que tiene en la incorporación de los más amplios sectores a la educación, a la educación de calidad (Savater, 2001).

     Esto es tanto más importante, en cuanto se espera que para el 2010, haya más de 28 millones de jóvenes en el mundo, tasa que ha venido incrementándose en los últimos quince años, dato que amerita atención de los gobiernos y de las políticas públicas, relacionadas con la educación de este grupo etario, cursantes de la educación secundaria y en camino a formar parte de la población económicamente activa, demandantes de productos y servicios públicos, con actitudes centradas o no en valores éticos, pero conformadores por causa o efecto de las políticas públicas que darán fisonomía a su relación con sus semejantes en la sociedad.

     Ramírez y otros (2001) siguiendo a Piaget y a Köhlberg plantean al respecto, que la noción de justicia como valor primordial del desarrollo moral se encuentra en el plano en que interactúa el individuo con su entorno, desde niños y cuando jóvenes las reglas se interiorizan y racionalizan en presencia y en reciprocidad con los semejantes, y no hay otra manera de internalizar y exteriorizar los valores éticos sino en presencia del otro, en este sentido, la obligación que tienen los maestros, los padres, los empresarios y la sociedad con los jóvenes es primordial, hoy día, en ellos descansa la esperanza futura, la convivencia pacífica, la cooperación universal.

     A los principios expresados por Savater, Piaget y Köhlberg hay que agregar en esta perspectiva, según Ortega y Gasset, los valores del amor, la amistad, la fidelidad, la solidaridad, la autoexigencia o autodisciplina, que se despliegan en la relación familiar y en la comunidad educativa, entre otros (Ramírez y otros, 2001).

 

3. VIRTUD, VALORES Y NORMAS MORALES

El despliegue de la virtud, es la concreción de la ética aretológica, como los valores los son de la ética axiológica y las normas morales la extensión de la ética deontológica. Ahora bien, ¿qué relación guardan los valores éticos del periodismo con el ejercicio de la democracia y la política?, ¿de qué manera se relacionan los criterios de pluralidad y responsabilidad social con el principio “libertad de expresión”, en el ejercicio del periodismo y las empresas de la información?.

     Para Bonete Perales (1995), los códigos que sistematizan los deberes y derechos de los periodistas están fundamentados en principios éticos y criterios morales filosóficos, que sirven de reflexión para iluminar y orientar en la práctica la  voluntad moral de este profesional en el ejercicio de su profesión, citando a Aristóteles, afirma que,

El carácter moral de un hombre constituye el resultado de la ejecución de una serie de actos reiterados y por ello generadores de hábitos que, cuando se apropian de manera personal, dan lugar a un modo de ser, a una personalidad moral…también se convierte en la fuente personal de donde emana nuestra particular manera de obrar. (Bonete Perales, 1995: 19), 

     Así, hay exigencias éticas en el ejercicio de la profesión de informar, que determinan la manera de ser y de actuar de los comunicadores sociales, que exteriorizan un ethos particular que representa valores y virtudes que engloban su dignidad moral.

     La deontología profesional de los comunicadores sociales, consiste en “explicitar a través de los códigos deontológicos un `ethos profesional’, una manera moral de ser profesional, más que el inculcar deberes y normas que se han de cumplir por parte de los profesionales conscientes de su responsabilidad social”, Bonete Perales (1995: 21).

     Vista así, la deontología periodística no prescinde de criterios morales, normas, deberes y derechos, tampoco exime del cumplimiento de los mismos, sólo exige la incorporación del ethos moral a la personalidad del periodista, como una manera moral de ejercer la profesión orientada por la conciencia moral y la responsabilidad que conlleva la concepción ética del quehacer periodístico.

     Estas exigencias morales tienen tres dimensiones que constituyen tres ejes centrales de la reflexión ética, que explican la necesidad de las personas de adquirir virtud (aretológica-praxeológica) a través de la práctica, el fin o propósito de los valores (axiológica-teleológica) que buscan la realización de ideales sociales y culturales y la norma en el cumplimiento del deber (nomológica-deontológica), en este sentido, las personas siguen en su vida privada o en sus profesiones algunas de estas tendencias, que tienen su punto de encuentro en un valor que es favorable a todos, como por ejemplo, el bien común, el cual puede hacer coincidir las tres dimensiones en su ideal social, como portador, en conjunto, de virtudes, valores y normas  morales.

     La dignidad de las personas es el bien común más preciado alrededor del cual giran las dimensiones éticas aretológica, axiológica y deontológica, al llevar a cabo una acción, realización u obediencia de la norma en el cumplimiento del deber; para respaldarla, fomentarla o defenderla, porque a ella se supeditan los demás bienes y derechos.

     Bonete Perales (1995) plantea que la defensa de la dignidad humana está presente de manera coincidente en los fundamentos jurídicos de todos los códigos deontológicos del periodismo, como una expresión de la ética kantiana y judeo-cristiana para garantizar los derechos de todas las personas involucradas en el proceso comunicacional, estos son: fuente de información, periodista y receptor del mensaje; protegiendo sobre todo a las personas que pueden ser victimas del derecho a la información, en estos casos: niños, familiares, personalidades.

     La dignidad de las personas constituye un fin en sí mismo, según la formulación del tercer imperativo kantiano y la tradición judeo-cristiana (el hombre como imagen de Dios), así es como, la ética periodística debe girar en torno a evitar mensajes estructurados que tiendan hacia persuasiones y manipulaciones de la audiencia, que puedan derivar en el control de actitudes, comportamientos, conductas y opiniones.

     Las desviaciones y controles que pudieran presentarse en la prestación del servicio público que deben ofrecer las empresas de la información, son ejercidos comúnmente a través de la tendencia economicista del medio de comunicación al propiciar el aumento de las ventas, incremento del público meta de productos y de recepción del mensaje y difusión ideológica o política; sin considerar las funciones morales y educativas que tienen estas instituciones en la sociedad en defensa de los derechos humanos y el bien común. Las intenciones y el comportamiento de los anunciantes y controladores de los medios de comunicación, también están en el deber de resguardar este principio básico.

     En buena parte, la dignidad del comunicador social consiste en mostrar y desarrollar una clara conciencia (virtud) de que actúa en función del servicio social que presta a la sociedad, desenvolviéndose en su profesión desde una posición crítica, interpretativa y analítica de la realidad, narrándola con un lenguaje respetuoso, coherente y de altura; y siendo objetivo (norma) en la lucha por la libertad haciendo pública la verdad (norma) como esencia de la defensa de la dignidad del hombre y la sociedad pluralista (valores), sin detrimento de los más desfavorecidos.

 

4. LA ÉTICA EMPRESARIAL

 Según Conill (1995) quien cita a Sirvent (1992), Nieto (1973 y 1993), Pinillos y Suárez (1975) y Tallón (1992), la empresa informativa constituye una organización con los mismos rasgos característicos de cualquier otra empresa, que hace referencia a: 

A) Un conjunto organizado de trabajo redaccional y técnico, medios técnicos y materiales y relaciones comerciales, para difundir informaciones e ideas.

B) La explotación de una organización constituida por un grupo de especialistas que se valen de determinados procedimientos técnicos para difundir un contenido simbólico entre un público vario, heterogéneo y disperso, con evidente espíritu de lucro.

C) Aquella especie de sujeto organizado de la Información, cuyo fin consiste en satisfacer la necesidad social de Información mediante la actividad de creación, edición y difusión de ideas, hechos, y juicios utilizando medios humanos, elementos técnicos y materiales, recursos económicos y relaciones comerciales.

     El mismo autor (cita a Sirvent, 1992; Druker, 1990, Sohn, 1988 y Tallón, 1992), plantea que estos rasgos traen consigo un conjunto de problemas relacionados con los valores éticos periodísticos, a saber:

1) Los tipos  de productos (material e inmaterial).

2) Los tipos de ingresos (a partir del producto principal y a partir del secundario –la publicidad-, que en ocasiones, sin embargo, se convierte en la fuente decisiva de financiación de la empresa).

3) La función social que ejerce y el poder de influencia en la opinión pública.

4) La profesionalidad del personal, que pone de relieve el alcance de los análisis de Druker sobre los trabajadores del conocimiento.

5) La capacidad de una única clase de empresa para  producir dos productos, información y publicidad, y, por consiguiente, para abrir dos tipos de mercado: el de la información y el de la publicidad (según venda información o venda clientes al publicitario).

     Estos aspectos relacionados con la ética periodística en la empresa, absorben los efectos de los cambios que, en la actualidad, impregnan a todas las organizaciones, y tienen su influencia en el comportamiento, actitudes y conductas de los sujetos en relación a su actividad profesional y privada, sobre todo en su visión ética respecto a la Información.

     Estos cambios según Conill (1995) tienen que ver con las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación y las Innovaciones en la empresa, tales como:

1) La organización que hace posible el proceso informativo, es decir, la empresa informativa.

2) El profesional, es decir, aquel cuyo oficio cualificado consiste en informar.

3) Todos los afectados, el sujeto universal, que engloba al público y a los demás sujetos.

     En este sentido, se presentan a continuación los tipos de visiones que desarrollan los distintos sujetos en el despliegue de su ética.

     En el campo de las funciones de la empresa informativa, este tipo de organización supedita los valores económicos a la ética empresarial, para evitar una posición economicista que reduce la información a mercancía donde la organización se enfrenta a varios conflictos, es necesario la sensibilización de este sector:

  • Entre el poder político y el específicamente informativo.
  • Entre los propietarios y los directivos  o profesionales a la  hora de tomar decisiones en la empresa informativa.
  • A los conflictos provenientes de la búsqueda de rentabilidad y beneficio, a costa de la calidad del producto informativo, al reducir la información o mercancía.
  • La concentración empresarial (centralización y uniformación) de los grupos multimedia que disminuye progresivamente el pluralismo en la vida social y en la opinión pública, y pone en riesgo el servicio público que la empresa debería prestar a la ampliación de la libertad y autonomía de los ciudadanos.
  • La publicidad comercial como sistema de financiación de la empresa informativa, tiene sus efectos morales porque, por una parte, puede llegar a desvirtuar el fin último de la empresa informativa, cual es el de informar, y por otra parte, acentuar el carácter persuasivo de la publicidad; lo cual podría contrarrestarse con la motivación a la sensibilidad ética en el ámbito creativo de la publicidad.

     A veces los empresarios de la información pierden de vista que la empresa desempeña una función profesional pública de informar, esto quiere decir, que el interés económico está supeditado en este tipo de empresa a ofrecer un producto informativo de calidad, como institución social al servicio de la información en ella debe prevalecer la responsabilidad profesional, razón por la cual los profesionales de la comunicación que trabajan en estas organizaciones, desempeñan una labor con y en la empresa, pero no para la empresa. Por supuesto, esta responsabilidad compartida entre empresarios y comunicadores sociales, genera conflictos en torno a los intereses y convicciones morales corporativas e individuales que han internalizado cada actor en su función de la información pública que es de interés colectivo, y en las cuales se desarrollan roles muy específicos:

  • En las funciones propias de la Redacción se aplican normas de productividad y rendimiento en el sentido económico de los términos.
  • Para contrarrestar la visión economicista en la empresa informativa, debería privilegiarse el carácter simbólico de la producción informativa y regirse por el nivel de coempresario, por ofrecer un producto (publicaciones, programas, publicidad) que se constituye en un instrumento o medio que comunica informaciones e ideas a grupos y personas de distinto orden en la sociedad.
  • Los conflictos que generan la corresponsabilidad empresarial de la función de informar, deben ser dilucidados por los profesionales de la comunicación en el contexto de la ética de estos profesionales, en función de sus deberes y derechos, fidelidades y lealtades.

     La visión integral de la función de informar de la empresa informativa, gira alrededor del sujeto universal constitutivo de un principio moral universal, en esta perspectiva, se constituye un triángulo entre la ética de la responsabilidad de empresarios, profesionales y los afectados (el receptor del mensaje) como interlocutores válidos (Adela Cortina), en el cual se ven expresadas formalmente las exigencias del público que son delegadas en los profesionales de la información, como mandato implícito de la comunidad, de esta manera, el comunicador social obra no sólo bajo sus imperativos morales o los de la empresa, sino que su desempeño obedece fundamentalmente al principio moral universalista delegado implícitamente por la comunidad, en la función social de informar que incide directamente en la formación de la opinión pública y la cohesión social.  En cumplimiento de esto, se desprenden los siguientes deberes de la empresa informativa (Tallón, 1992):

  • Informar al público con eficacia y libertad.
  • El público (receptor del mensaje) de medios de comunicación no es cualquier cliente externo a quien se dirige unas estrategias de ventas, es un interlocutor válido o sujeto universal  portador del principio moral universal.
  • Este interlocutor válido debe incorporarse a la empresa como unidad de producción y organización, por medio de asociaciones de clientes y consumidores, y en lo posible con una representación cualificada en los órganos de gobierno y alta dirección de la empresa, así el servicio público de informar se hace más efectivo en un clima de libertad responsable.  Estos derechos de los consumidores se aplican a través de la figura del Ombudsman, quien tiende una línea de enlace entre la empresa y su público receptor, para atender las quejas y reclamos.

     Según Conill (1995), la doble finalidad de la empresa informativa en su rol de ejercicio privado de la actividad de informar y el cumplimiento de la  función pública de informar conlleva sus riesgos, vinculados al miedo del poder político a la libre información, a la libertad en el libre ejercicio de la profesión informativa, desconfianza que puede dar pie al control y la censura.

     Pero también es cierto que la empresa informativa se ha convertido en un cuarto poder, hecho que suscita una lucha de poderes entre los medios de comunicación y el poder político en las sociedades actuales.

     El cuarto poder (el de los medios de comunicación) se expresa en el producto simbólico de formación de la opinión pública, en valores, creencias y condicionamientos sociales sobre la base de la persuasión, que sirven en algunos casos para mantener la democracia, base del pluralismo y las libertades públicas, y en otros casos, a imponer la censura y el control social.

     De manera que, en una sociedad democrática debe propiciarse la relación entre la ética del poder informativo con la ética política, dupla que es esencial para una ética cívica.  El propósito de esta unión es lograr la integración social sobre la base de la mediación simbólica del poder.

 

5. VALORES ÉTICOS DE LOS COMUNICADORES SOCIALES Y EL DERECHO INTERNACIONAL

El fomento, concienciación y educación en las maneras de obrar con moral y valores éticos es una responsabilidad compartida en la sociedad, para quienes tienen el compromiso de la formación del ethos moral (carácter) de los individuos, principalmente la personalidad moral de los jóvenes (Savater, 2000). El periodismo se desarrolla sobre la base de una visión integral de corresponsabilidad, que involucra a los empresarios de los medios de comunicación, a los comunicadores sociales y a los receptores del mensaje en la función pública de informar (Conill, 1995).

     Al respecto, Alanen y Nordenstreng (Wikipedia, 2008) estudiaron cincuenta códigos y registraron la inclusión en ellos de siete categorías de principios internacionales:

  • Promoción de la paz y la seguridad internacionales
  • Prohibición de la propaganda belicista
  • Amistad y entendimiento mutuo entre pueblos y países
  • Objetividad y veracidad
  • Igualdad racial
  • Otros deberes varios
  • Defensa del libre flujo informativo

     Una conclusión general es la de que la mayoría de los códigos refleja un punto de vista de un determinado desarrollo del mundo y en ese sentido están retrasados respectos del poderoso avance en las relaciones internacionales que se registra en los últimos años.

     En la Declaración de México (Wikipedia, 2008), los principios aludidos son los siguientes:

  • El derecho del pueblo a una información veraz. Derecho social de los pueblos a adquirir una visión objetiva de la realidad como también a expresarse libremente.
  • La responsabilidad social del periodista. El periodista está al servicio del derecho a una información veraz, concebida como necesidad social y no como mercancía.
  • La integridad profesional del periodista. Rechaza el soborno o la influencia de cualquier interés privado contrario al bienestar general. Condena el plagio e incluye los derechos a abstenerse de trabajar en contra de sus convicciones y a guardar el secreto profesional.
  • El acceso y la participación del público en los medios. Es un deber el fomento del acceso del publico a la información y su participación en los medios, incluyendo los derechos de rectificación y de réplica.
  • Respeto a la privacidad y la dignidad humana. Regula los derechos a la privacidad y sanciona los casos de injuria, calumnia y difamación, pero establece como un deber ético el respeto hacia esas disposiciones.
  • Respeto del interés público. Se presupone el respeto hacia las instituciones democráticas y la moral publica.
  • Respeto de los valores universales y las divulgaciones culturales. Se trata del respeto a la paz, la democracia, los derechos humanos, el progreso social y la liberación nacional. En el seno de la ONU y la UNESCO, este principio señala asimismo el respeto a los valores culturales autóctonos y el derecho de cada pueblo a elegir y desarrollar sus sistemas políticos y económico-sociales.
  • La lucha contra los males universales. Se trata de luchar en contra de: incitación a la guerra, y la carrera armamentista y otras formas de violencia, como el racismo, colonialismo, etc.
  • La promoción del nuevo orden internacional en el campo de la información y la comunicación. El periodista se desarrolla en un mundo contemporáneo dentro de un marco de un movimiento hacia nuevas relaciones internacionales de la información.
  • El deber de reflejar la realidad objetivamente. El documento describe la información honesta y objetiva como aquella donde los hechos son recogidos conscientemente en su propio contexto, sin provocar distorsiones mediante énfasis impropios, de tal manera que el público pueda formarse una concepción del mundo exacta y comprensible.

     La conducta profesional de los periodistas depende de factores propios de la profesión y ajenos a ella. Uno de estos factores obedece al lugar y la función del público en los asuntos políticos y sociales. A menudo, se producen en el mundo cambios fundamentales que pasan inadvertidos. El hecho evidente de la Segunda Guerra Mundial, de que el centro de gravedad del poder haya pasado del gobierno a la opinión pública es un ejemplo muy notable a este respecto. La combinación de dos factores, que son el nivel más alto de instrucción y la tecnología de la comunicación social, ha desplazado el centro de gravedad del poder político en el mundo.

     La opinión pública está hoy en condiciones de ser informada y de discernir con respecto a la mayoría de las situaciones importantes. Es inevitable que formule sus propios juicios y que se pronuncie al respecto.

     Se reconoce, en general, la responsabilidad que asumen los periodistas no solo con respecto a sus propias convicciones sino también ante el público. Cabe definir, en general, cuatro tipos de responsabilidades: a) una responsabilidad contractual para con los órganos de información y en función de su estructura interna; b) social, que entraña obligaciones para con la opinión publica y la sociedad en su conjunto; c) derivada del respeto de la ley; y d) para con la comunidad internacional en relación con el respeto de los valores universales. Puede haber contradicciones o conflictos entre estos cuatro tipos de responsabilidad.

     Vista de esta manera, la reflexión ética y la responsabilidad social de los empresarios de la información y de los comunicadores sociales,  es tarea constante y de todos los días, que no tiene descanso ni se negocia ante cualquier circunstancia.

 

6. LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN VENEZUELA

En Venezuela se demostró en los momentos de mayor crisis de este decenio, y se continúa demostrando, que el manejo de la ética en el ejercicio del periodismo y en las empresas de información, se interpreta desde la posición política en que se encuentran los actores sociales involucrados en el hecho comunicacional, olvidando la responsabilidad social y el servicio social que están llamados a cumplir en la sociedad.

     Efectivamente, Mena (2005) señala que no existe uniformidad de criterios políticos en el país, sobre todo entre los actores involucrados en el hecho comunicacional, por lo cual se vulneran continuamente el principio “libertad de expresión” y el derecho a la información.

     Asimismo, Díaz (2004) afirma que los medios de comunicación social en Venezuela, se han apartado de su papel exclusivamente mediador y al igual que en la política, también se han polarizado.

     Gutiérrez (2004) coincide con Mena (2005) y Díaz (2004), y asevera que existe una relación causal entre el manejo de la información por parte de los medios de comunicación social públicos y privados, en el incremento de la morbilidad en Venezuela, hecho observado en el marco de la crisis política ocurrida en Venezuela en el período 2002-2003, en el cual aumentó el nivel de agresividad de los mensajes trasmitidos por los medios tanto de los dirigentes gubernamentales como de la oposición, ampliándose también los casos de patologías en pacientes que acudían a consultas psicológicas por estos motivos.

     Es de hacer notar que, en el desarrollo de dichos procesos sociales, la actuación polarizada de los medios públicos y privados vulneraron los derechos políticos y comunicacionales de los venezolanos, al no ofrecer fuentes de información plurales que difundieran los distintos puntos de vista y la realidad de los hechos y, en consecuencia, se vulneró la libertad de expresión, se olvidó la responsabilidad social y el rol de servidores públicos.

     Libertad que se continuará vulnerando mientras los contenidos de los mensajes respondan a los intereses políticos y polarizados del gobierno y de la oposición, y no a los derechos políticos, expresión e información de los ciudadanos. Siendo la pluralidad y la libertad de expresión, atributos fundamentales de la Democracia. 

 

7. CONCLUSIONES

Camps (1995) afirma que la libertad sin responsabilidad constituye un peligro para la sociedad porque carece de criterios y de sentido, que lejos de construir daña a los miembros de la sociedad. La autora define la libertad en su dimensión ética, como autonomía del individuo para crear sus propias normas.  Y, para ella, “La responsabilidad…es la capacidad de responder de lo que uno hace ante quien tiene derecho a exigir unas lealtades o unos resultados.”

     La una no puede sobrevivir sin la otra, a riesgo de causar efectos negativos en la sociedad, sobre todo en un ambiente como el empresarial donde tiende a desaparecer el imperativo ético por el beneficio económico.  La doble naturaleza de los medios de comunicación social (MCS), por una parte, como servidores públicos, y por otra parte, como industrias rentables, hace difícil su función como prestadores de servicios públicos y terminan cediendo al objetivo de vender, recabar audiencias y crear necesidades de consumo, en el que juegan un buen papel preponderante el marketing y la publicidad.

     Los valores éticos mínimos que según Bonetes Perales (1995), deben expresarse en las éticas del periodismo son: la defensa de la libertad, la dignidad humana, la libertad de expresión y de información en un ambiente plural y democrático, tendiente a la igualdad y la solidaridad.

     La ley que rige el ejercicio del periodismo en Venezuela, publicada en Gaceta Oficial N° 4.819 de fecha 22 de diciembre de 1994, del Congreso de la Republica de Venezuela, decretada durante el segundo gobierno del Dr. Rafael Caldera, en el Artículo 5°, se le endosa al Colegio Nacional de Periodistas la custodia y defensa del derecho del pueblo a ser y estar informado veraz e íntegramente, salvaguardar la libertad de expresión, el derecho de información y el derecho a la información, contribuir al fortalecimiento, ampliación y profundización de la democracia en el país, cooperar en el diseño de la política comunicacional del Estado venezolano, y  al periodista se le garantiza el libre acceso a las fuentes informativas.

     Igualmente, el Artículo 9° obliga al periodista y a la empresa a rectificar y ofrecer aclaratoria, ante una información que contenga tergiversación o ausencia de veracidad oportuna y eficientemente. El Artículo 10 es transparente al afirmar que el medio de comunicación no podrá adulterar o falsear los hechos en las informaciones, ni obligar al periodista a que realice adulteraciones o falsificaciones.

     Según el Artículo 25, el Tribunal Disciplinario Nacional es el encargado de manejar las infracciones y violaciones a los principios de la ética profesional y sancionar de acuerdo a las normas disciplinarias dictadas por la Convención Nacional del Colegio Nacional de periodistas conforme a la Ley y su Reglamento, cuando sean cometidas por los miembros de las respectivas Seccionales.

     Asimismo, esta Ley ajusta su actuación a los principios de la ética profesional universal, y proclama en el artículo 34º el respeto y la defensa de los derechos humanos, de la paz entre los pueblos, de la libertad de expresión al servicio de la verdad y la pluralidad de las informaciones e igualmente, consideran violaciones de la ética profesional del periodista:

a)      Incurrir voluntariamente en error o falsedad de hechos en sus informaciones.

b)      Adulterar intencionalmente opiniones y declaraciones de terceros.

c)      Negarse a rectificar debidamente los errores de hecho en que haya podido incurrir al informar sobre personas sucesos y declaraciones.

d)      Adulterar o tergiversar intencionalmente las informaciones con el objetivo de causar daño o perjuicio moral a terceros.

e)      Estimular o amparar el ejercicio ilegal del periodismo.

Las sanciones correspondientes están estipuladas en el artículo 36º de la Ley y consisten en:

-Amonestaciones privadas.

-b) Amonestaciones públicas.

-c) Suspensión del ejercicio de cargos directivos en el Colegio Nacional de Periodistas.

-d) Suspensión del ejercicio profesional por un lapso mínimo de tres (3) meses y no mayor de un año, por decisión que adopten al menos las dos terceras partes del Tribunal Disciplinario respectivo.

     Estos artículos son consustanciales a los códigos deontológicos mundiales y relacionados fundamentalmente con el derecho de la opinión pública de estar eficazmente informada y de entender lo que pasa en su entorno sociocultural y político, para tomar decisiones acertadas en situaciones importantes. Aquí, la responsabilidad del periodistas es incuestionable, entre las que son pertinentes señalar: a) una responsabilidad contractual para con los órganos de información y en función de su estructura interna; b) social, que entraña obligaciones para con la opinión pública y la sociedad en su conjunto; c) derivada del respeto de la ley; y d) para con la comunidad internacional en relación con el respeto de los valores universales. Puede haber contradicciones o conflictos entre estos cuatro tipos de responsabilidad.

     Un periodista celoso de su profesión, debe corroborar constantemente sus fuentes de información y buscar el justo equilibrio informativo que sólo puede brindarle su conciencia, la práctica mediática y el ambiente social en que se desenvuelve, para cumplir en libertad con su responsabilidad social.

     En conjunto, tanto los comunicadores sociales como los empresarios de la información, tienen una responsabilidad compartida que no se agota en ellos, sino que involucra al todo social ante los criterios de pluralidad y responsabilidad social contenidos en el principio “libertad de expresión”, delegado a estos por la comunidad para que en la función de informar, formen una opinión pública libre de coerciones y fecunda en cohesión social.

     El poder de los medios de comunicación se expresa en la facultad de crear, reproducir y cambiar valores, creencias y condicionamientos sociales sobre la base de la sugestión, que sirve, en algunos casos, para mantener la democracia, asiento del pluralismo y las libertades públicas, y en otros casos, a imponer la censura y el control social.

     Por ello, en una sociedad democrática se corre el riesgo de desvirtuar la ética a favor del poder informativo, consustanciado con la ética política que promueve la integración o la desintegración social, y en ello influye de manera importante la vía hacia donde se incline la balanza de la mediación simbólica del poder, dependiendo del rol político que juegan los medios de comunicación social como socializadores de la comunicación política, y en su desempeño como actores políticos.

     En Venezuela, la polarización de la política y de los medios de comunicación social, demuestra no sólo la falta de consenso socio-político, sino también la escasez de despliegue de valores ético-morales como la tolerancia y la búsqueda de coincidencias en función del bien común, que denote el respeto por la dignidad de los ciudadanos y el derecho a la información, como valores de búsqueda de la verdad, garantizando la presencia de un balance entre los valores-éticos y la conducción política del país.

 

8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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[1] Fanny Ramírez, Doctora en Ciencias Humanas; Miriam Miquilena, Magíster en Ciencias de la Comunicación; Charles Blanco, Magíster en Ciencias de la Comunicación. 

 

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Comentarios

el caballo y todos los chupa pijas partteoos se tienen q dejar de cagar en los trabajadores , ya pudren son un cancer para los trabajadores y estos solo defienden a los bagos , a los partteoos o ya se olbidan q bendieron la bandera estos mierdas y ahora q quieren hacer manga de ladrones faloperos y de politica no saben nada solo utilisan unos partteoos y mandan a apretar eso es deprimente lo mejor q le puede pasar a los maritimos es coparle el nido y echarlos como rata que son .
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