Filosofía política de la educación en América Latina

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Filosofía política de la educación en América Latina[1]

 

Por Mario Magallón Anaya

1291232510172-magall_n.jpgInvestigador Titular “B” de Tiempo Completo Definitivo del CIALC-UNAM, y profesor de asignatura del Colegio de Filosofía y del Colegio de Estudios Latinoamericanos de la misma universidad.

E-mail: mariom@servidor.unam.mx


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El Estado es un producto de la sociedad que establece, determina y legaliza la política del poder por encima de los individuos. El poder es el derecho al ejercicio de la fuerza y la violencia entre los diferentes niveles de la vida social a través de las estructuras jurídico-políticas, sociales, culturales, económicas e ideológicas.

     Antonio Gramsci apunta que el grupo hegemónico de la clase dominante ejerce sobre la sociedad "el poder del mando directo", que se manifiesta en el Estado y en el gobierno jurídico. En sus relaciones se complementan poder y saber como inseparables en la lucha política y en las formas operativas del poder.

     El Estado aquí se concibe como el emperador que controla y gobierna la participación de sus miembros. Por lo tanto al poder del Estado le son inherentes, para legitimar su ejecución, los siguientes elementos fundamentales: la injerencia y cierto control sobre los medios de producción; el dominio ideológico-político; y el derecho al uso legítimo de la violencia. En esta vía de interpretación, el Estado es el único capacitado para ejercer el poder y trans­ferirlo.

     En el mundo moderno, el Estado adquiere alcances que penetran e influyen en las vidas privadas, la organización familiar, la educación, las normas jurídico-políticas, el dinero, los libros que leemos, los distintos medios de comunicación masiva (prensa, radio, T.V., cine). Todo se encuentra influido por el Estado.

     El poder del Estado se organiza de acuerdo a las contradicciones y antagonis­mos sociales de una sociedad y bajo respuestas previamente establecidas y controladas en las que se funda el mantenimiento del poder económico, político e ideológico.

     Por lo tanto podemos afirmar que el poder del Estado se hace patente, se expresa en su forma operativa por medio de las élites del poder. Así el Estado asume el papel de organizador y cohesionante de la representatividad del interés general por encima de los grupos particulares que lo integran. En ese sentido, responde a los intereses generales de la sociedad y actúa como el árbitro del orden, la justicia, la libertad y el bien común.

     Se deben buscar las formas para romper con las redes del poder del Estado y colocarlo dentro de las líneas que la sociedad y las relaciones sociales determinan aquello considerado como bien común, el cual debe ser entendido como la satisfacción de las necesidades fundamentales: alimento, vestido, habitación, trabajo, educación, servicio de salud, al mismo tiempo implica orden, disciplina, apertura a iniciativas nuevas en el nivel social o individual.

     En un continente tan carente del ejercicio democrático, el Estado debe llevar implícito la posibilidad de conformar alternativas que vayan más allá de las propuestas de los cuadros dirigentes de la empresa privada y los intermediarios del Estado imperial norteamericano.

     Sin duda el Estado latinoamericano por su carácter dependiente hace im­posible hablar del Estado en su raíz eminentemente teórica, pero sí a partir de las relaciones económico-sociales de producción y de consumo, en un marco de relaciones de sometimiento al Estado metropolitano, que sujetan sus normas y modos operativos. De tal forma, hablar de un Estado nacional en Latinoamérica requiere verlo en una óptica de sujeción y subordinación, lo cual dificulta en términos reales cualquier proyecto de democracia. Ello nos permite aseverar que la situación actual de la economía global y particularmente de los Estados Unidos hacia el subcontinente, se expresa en el control de sus economías nacionales. En resumen, el nivel económico de las economías dependientes, del llamado Tercer Mundo, está castrado en su autonomía, por estar sometido y determinado por la acumulación de capital a escala mundial.

     El ejercicio de la democracia requiere, mínimamente de la existencia de un estado de derecho, de una forma de representatividad tanto de las mayorías como de las minorías, de una organización política de partidos y, muy especial­mente, del respeto al ejercicio práctico de las garantías individuales.

     En la América Latina actual cualquier proyecto de desarrollo y cambio en los niveles integrados de producción y democracia no tiene asegurado apriorísticamente las posibilidades de éxito y menos de perduración. Esto requiere aceptar que. los modelos económicos, políticos, sociales y culturales, no obstante su validez teórica, son insuficientes para garantizar el éxito de la aplicación de cualquier proyecto, más aún, a largo plazo y jamás para siempre.

     Ahora los pueblos deben reconstruir sus estructuras sociopolílicas, económicas y culturales a partir de una situación incierta a un costo muy alto aún impredecible. En nuestra América espoliada, lo que generalmente se propone como democracia es una actividad política restringida a la elección del gobierno y a ciertos aspectos representativos a través de las cámaras, pero no alcanza los niveles que implican la participación de beneficios sociales, económicos y culturales para una existencia de los hombres más humana.

     Ante esta situación nuestro camino hacia una democracia real no puede ser el del capitalismo, porque el mercado y el consumo no pueden ser democráticos. Puede decirse que la democracia sólo se alcanzará si la economía queda sometida a los intereses y objetivos comunes de la sociedad. Allí es donde estriba el control colectivo de las decisiones. La realización y el ejercicio de estos aspectos supera los límites de la realidad social imperante y la democracia adquiere, en cierta medida, un valor subversivo.

     La ideología como un producto social se constituye de ideas, creencias, representaciones, mitos, tradiciones, imaginarios sociales, relativos a situaciones sociales conformadas por ideas verdaderas y falsas, la cual posee una unidad suficientemente definida y "precisa", pero constituida por ex­presiones parciales. Es la formulación de un sistema múltiple de combinación compleja que tiene dentro de sus elementos la descripción como forma nor­mativa y la persuación como modo de convencimiento.

     Podemos decir que la ideología y sus campos operativos están vinculados y forman parte de la realidad, relacionándose con ella y construyendo formas de conocerla. La ideología es la formación teórica donde las ideas son un producto. Así, las ideas no se encuentran en el mundo material, son construcciones abstractas, resultado de las relaciones de la conciencia y un objeto fuera de ella, de un pensamiento a una realidad.

     Los aparatos ideológicos de Estado no requieren de la violencia para su operatividad, ya que se ejercen a través de la racionalidad persuasiva y del inconsciente. Dentro de estos aparatos ideológicos la Escuela desempeña un papel importante por encontrarse inserta en el ámbito social más sensible, en el proceso formativo de la niñez y la juventud. Desde aquí el Estado establece los objetivos que deberá contener la formación de los futuros ciudadanos que supuestamente la sociedad demanda.

     La Educación es entendida como un instrumento del Estado y muchas veces se le identifica con la Escuela, generalización que obstruye comprender su verdadero significado. La Educación, como la concebimos, incluye la educación formal, no formal e informal. La primera, se realiza en la escuela; la segunda, es toda actividad educativa organizada y sistemática fuera del aprendizaje del sistema escolar impartida a ciertos grupos de la población que pueden ser niños y adultos; la tercera, considera el proceso que dura toda la vida y por la cual cada persona adquiere y acumula conocimientos, desarrolla capacidades y actitudes y se realiza por medio de la comprensión de la realidad circundante a través de las experiencias diarias.

     La educación, como aquí la entendemos, es el proceso de enseñanza apren­dizaje que propicia el análisis, la crítica y posibilita la construcción de co­nocimientos sobre la realidad social y natural, permite el desarrollo de la creatividad y la corresponsabilidad de todos los involucrados en el proceso educativo: estudiantes, profesores, comunidad social y familia.

     Este sentido estricto alude a un proceso en el cual se permite la conducción del conocimiento que operaría en tensión fecunda y creativa con respecto de las formas escolares que hasta la actualidad se han venido ejerciendo por el Estado, que en vez de integrar en su proyecto educativo la liberación de los hombres los aliena, margina, propicia y permite su explotación y les hace aceptar sus condiciones de existencia. Así, la "educación" se reduce a la simple función escolarizada reproductora de la ideología de la dominación del sistema estatal, lo cual facilita el ejercicio del poder y la dominación.

     Las teorías educativas y la filosofía de la educación tradicionales resultan insuficientes para el análisis de los problemas educativos de los países de América Latina. Nuestra reflexión tiene en común la reflexión teórica prece­dente a partir de nuestra cultura y del hombre concreto, empero, considerados dentro de la historia donde se producen y desde, el escenario donde se realiza la educación y el mundo de la acción educadora, en la que el hombre debe ser objeto-sujeto y de la relación comunitaria de los sujetos en el acto educativo, por ello la compresión filosófica educativa tiene que abrir la posibilidad de conocer la eticidad y las metas de la educación y del mismo modo, establecer las bases para advertir los efectos que en cada sujeto ha producido y produce dicha educación.

     Desde el ámbito geográfico de nuestra América es necesario precisar la posible existencia de una filosofía de la educación latinoamericana que por su naturaleza regional no cancele lo universal de sus principios, en el entendido de que cualquier filosofía, y esto no excluye a la filosofía de la educación, se encuentra precedida de la ideología y penetrada por otras ramas de las ciencias sociales y naturales.

     Entendemos a la filosofía de la educación como una paideia en el sentido de que tiene como propósito integrar las facultades humanas en la formación de los niños y de los jóvenes por medio de la enseñanza y el conocimiento. Se opone a la concepción de la pedagogía como ocultamiento de la realidad objetiva al generar un supuesto paradigma para regir la existencia de los hombres.

     La filosofía de la educación enfocada desde el punto de vista político-social nos muestra que la educación en Latinoamérica está construida por conceptos nacionales ficticios, mezquinos, que refuerzan el individualismo y el egoísmo, con un sentido abstracto alejado de la realidad histórica actual y de aquello que podemos llamar cultura. La educación así concebida no presenta a la realidad como un todo, sino dividida en compartimientos estancos inconexos, donde no existe interrelación entre las partes y el todo, los fenómenos históricos no se vinculan son los hechos económicos y menos con las teorías filosóficas, provocando la afasia y la parálisis del espíritu crítico.

     La Escuela es la manifestación institucional de la "educación", entendida como forma escolar, por lo tanto es sinónimo de sometimiento al Estado.

     Para nosotros educar significa integrar, mostrar, enseñar y filosofar a partir de una perspectiva donde el alumno clarifique y asocie desde un sistema y método. Esta educación presupone cualidades especiales como son: el respeto a la libertad, a la dignidad e integridad de la persona humana, del alumno y del maestro.

     La educación en América Latina ha de cumplir con uno de sus objetivos fundamentales: la de ser una educación conscientizadora y constituir a los individuos en sujetos de acción social y política que privilegie la organización económica con sentido de distribución equitativa de la riqueza y garantice mínimamente la dignidad humana, instaurando la justicia en un contexto de lucha contra los poderosos intereses creados. Así, la educación deja de. ser una técnica de adaptación en Latinoamérica para transformarse en el medio capaz de impulsar, al lado de otros factores, la dinámica de los cambios sociales.

     Es necesario plantear un proyecto de educación para una producción económica integral e integrada al desarrollo de nuestra América, basada en las relaciones de intercambio de experiencias, de la libre circulación de los co­nocimientos científicos, tecnológicos, humanísticos, incorporando las técnicas, tradiciones y costumbres regionales, que se han usado para resolver problemas propios. Esto debe trabajarse en dos niveles: a) hacia la integración nacional y regional, y b) en los campos económicos, sociales y culturales, para desde aquí buscar y establecer relaciones más ventajosas con el mundo desarrollado que posibiliten el rescate del hombre dignificándolo.

     Educación y política tienen relaciones estrechas y se identifican. La educación, en sentido estricto, exige un compromiso con el desarrollo propio tanto en lo individual como en lo social.

     Mi propuesta es educar con base en una filosofía de la educación. No se entienda esta exclusivamente como la forma escolarizada estándar, sino dirigida a un proceso liberador que tome en cuenta las diferencias entre la cultura de masas media o cultura de masas, con aquellas que consideren las propias identidades y tradiciones.

     El punto de partida de esta filosofía sería la forma de conciencia para la liberación con una dimensión utópica que subordinaría al Estado a la sociedad, invirtiendo la relación actual en la cual el Estado se sobrepone y determina a la sociedad.

     A la filosofía política le es consustancial el estudio del Estado y del poder. La filosofía en esta perspectiva tiene un profundo sentido político, porque a pesar de sus contenidos teóricos-discursivos, de la universalidad y racionalidad de sus principios, encontramos juicios de valor, lo cual implica una posición política e ideológica. Sus razones se expresan en la medida en que muchos aspectos de su reflexión se encaminan a la construcción de una teoría crítica de la sociedad, del Estado y el poder y de los hombres como productores de historia y, por consiguiente, de mitos, ideologías, formas simbólicas y cosmovisiones. En consecuencia, la filosofía política tiene como tarea encontrar argumentos racionales al hecho del poder en las sociedades determinando sus normas y límites de ejercicio. Así, la relación entre poder y sociedad constituye un problema de estudio de la filosofía política, puntos nodales para el análisis del Estado y la práctica política.

     La filosofía de la educación debe ser un vehículo para descubrir los elemen­tos alienantes y los diversos modos como el poder se ejerce en los distintos grupos sociales; las formas en que los grupos de las clases dominantes se afincan, determinan y someten las conciencias de los individuos por medio de valores sociales impuestos y no analizados, para constituir sociedades cerradas de características rígidas, de una estructura social jerárquica y estamental, donde las masas sólo practican el silencio que muchas veces coincide con una visión fatalista de la sociedad y de la historia y obstruye, las posibilidades para asumir una actitud transformadora de las condiciones de existencia.

     La reflexión filosófica de la educación debe tener como finalidad establecer la relación del hombre con el mundo, pero siempre desde la historia misma en que se genera. Reflexión crítica de las sociedades en la historia, porque las relaciones del hombre con el mundo, con la realidad social e histórica sólo pueden concebirse desde la historia misma.

     Si la educación la entendemos como praxis, entonces, la crítica debe estar pedagógicamente orientada a la elaboración de propuestas y alternativas que sean guía para la acción política.

     América Latina requiere, que. sus programas y proyectos educativos cues­tionen lo cotidianamente opresivo y descubran, en el análisis y crítica del acontecer histórico, las razones de la opresión. Plantee alternativas que hagan posible nuevos proyectos para romper con los absolutismos y los determmismos de la dominación alienante. La formación intelectual en este camino debe estar dirigida a romper con la unidimensioualidad del hombre, con su alienación y su uniformidad, esto debe surgir en un proceso crítico en el que el mitificador está obligado a desmitificarse.

     Podemos decir que de la misma manera que se quiere educar en la acción política, se da en el acto educativo una relación gnoseológica y política; porque no hay una educación que no sea política ni tampoco acto político que no sea educativo.

     En esta vía el proyecto educativo adquiere el carácter de conscientización de la práctica educativa en una relación dialéctica entre reflexión y acción, desde un método concreto, dialógico y de compromiso. Lo concreto entendido como aquello que parte de la realidad sociohistórica, dialógica porque va de la realidad social y material a la conciencia en proceso reflexivo rico, creativo y esclarecedor para asumir un acto de transformación comprometido. Para que la educación alcance los niveles propuestos desde la praxis educativa se requiere, una educación en la democracia y democracia en la educación, lo que conduciría a una educación autogestionaria y corresponsable.

     En una filosofía política de la educación, educar en la autogestión es darle un sentido social y un telas que tenga como fin el desarrollo del hombre. Se requiere que en ella se combine el estudio y el trabajo, la teoría y la práctica, la escuela y la vida, la enseñanza, la producción y la práctica política.

     Nuestra propuesta de una filosofía latinoamericana de la educación para la liberación es hollar en las profundidades de la historia y las tradiciones de América Latina, historia constituida de múltiples historias pero en la cual éstas tienen en común la dependencia, la opresión, la marginación. Es una historia entendida como creación en relación con lo que es y lo que podrá o deberá ser, aún de lo que ha sido. Manera de acercar a la historia para estudiar lo que somos siendo, en el pasado y en el presente, a partir de presupuestos teóricos y epistemológicos que permitan la reflexión crítica. Lo anterior implica una posición asuntiva y responsable. Es, en cierta forma, una presuposición de la filosofía y de la política a la vez. La política entendida como la práctica de la participación social consciente y lo político como la forma de pensar la realidad sociohistórica de acuerdo con la forma como se ha ido estructurando la conciencia social.

     La filosofía de la educación debe utilizar como parle de sus herramientas a la ética, la estética, la ontología, la lógica y la epistemología y aplicarlas en la construcción de una filosofía práctica que lleve a tomar conciencia de las alternativas coadyuvantes a la liberación de nuestros pueblos. Debe ser una construcción teórica y de utilidad práctica, propiciatoria de una metodología que permita usar los instrumentos de la filosofía latinoamericana y de la filosofía en general para discutir críticamente las teorías educativas; es, en resumidas cuentas, una forma de discusión sistemática de los problemas didácticos, de los hechos de las teorías científicas, de los problemas sociales, políticos y culturales, encaminados al proceso formativo.

     Así, la educación formal para la liberación debe tener como base epistemológica el propiciar alternativas educacionales que transformen a los educandos en sujetos cognoscentes, críticos, comprometidos y responsables, tanto en la adquisición y producción de conocimientos como en la búsqueda de la democracia, la libertad y la justicia social de todos los miembros de las sociedades latinoamericanas. Crear una conciencia crítica y participa Uva de los estudiantes que permita una formación conceptual sólida y promueva la colectivización de los conocimientos científicos, técnicos y humanísticos.

     Educar para la liberación es liberar a los humanos de las ataduras ideológicas de sometimiento y alienación y ayudarlos a luchar y crear la libertad. En resumen, la filosofía de la educación latinoamericana para la liberación puede situarse dentro de un contexto social más amplio, el de una ciudadanía crítica de la política y en lucha por la defensa de dignidad de la vida humana. Alcanzar los objetivos que planteamos es hacer realidad el proyecto utópico tan acariciado, pero nunca alcanzado por nuestras sociedades latinoamericanas.

 



[1] Esta parte corresponde a las conclusiones del  siguiente texto: Magallón Anaya, Mario.  Filosofía política de la educación en América Latina. México, UNAM, 1993.

La presente reproducción está autorizada por el Dr. Magallón Anaya. 

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