Hermenéutica de la praxis. En homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez.
![]()
Hermenéutica de la praxis. En homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez
Por Rigoberto Pupo
Doctor en Filosofía.Doctor en Ciencias. Profesor-Investigador Titular de Filosofía de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.
E-mail: ripup@ffh.uh.cu
Adolfo Sánchez Vázquez,quien tanto aportó a este tema con su excelsa obra Filosofía de la praxis, y que constituye una obra maestra dedicada a la hermenéutica de la praxis. Resulta difícil encontrar en el campo filosófico una obra que supere en contenido el tratamiento holístico, transdisciplinario, cultura y complejo de la praxis, en los marcos del sistema: necesidad – interés – fin- medio – condiciones y resultado del devenir humano.Nadie, mejor que Sánchez Vázquez, asumió de modo creador el lugar de la praxis en la filosofía en general, y en la filosofía marxista, en particular.
La praxis es una categoría filosófica por antomasia, en tanto media lo ideal y lo material en el devenir del hombre en relación con la naturaleza y la sociedad, que no se puede reducir sólo al trabajo o a la técnica en general como a veces sucede. Por eso su análisis hermenéutico es inseparable de otros conceptos filosóficos, que requieren definirse para una real comprensión de la praxis.
La filosofía es un saber sintético- integrador sobre el mundo en relación con el hombre, y la relación hombre – mundo, en tanto abstracción de máxima generalidad, encuentra concreción en la actividad, como relación sujeto- objeto y sujeto- sujeto. En la praxis, en tanto núcleo fundante de la actividad humana, lo ideal y lo material se convierten recíprocamente, devienen idénticos. Por eso, a través de la praxis los momentos cognoscitivo, valorativo y comunicativo del devenir humano, en su relación, emergen, se despliegan y se determinan en la cultura[1]. La cultura es al mismo tiempo concreción de la actividad humana y medida cualificadora de su ascensión.
La actividad humana expresa el modo de existencia, cambio y transformación de la realidad social.
Sujeto: Es una categoría filosófica que designa al hombre sociohistóricamente determinado y portador de la actividad humana. Se expresa como sujeto individual, grupal o como la sociedad en general.
Objeto: Es una categoría filosófica que designa la parte de la realidad humanizada por el hombre, es la parte de la realidad que el hombre ha integrado a su actividad. La porción de la naturaleza o la sociedad que el hombre subjetiva, espiritualiza con su actividad práctica.
La actividad como forma de ser de la realidad social posee una estructura compleja, la cual se revela en las relaciones sujeto- objeto y sujeto- sujeto, e integra en sí:
Actividad cognoscitiva. Es un concepto que designa el modo en que existe la conciencia. Es un proceso de aprehensión de la realidad que va de la sensación hasta la formación de conceptos, cuya forma superior tiene lugar en la teoría científica. El hombre conoce porque actúa prácticamente. Por supuesto, el resultado de la actividad cognoscitiva es el conocimiento en sus dos niveles: empírico y teórico.
Actividad práctica. Es una categoría filosófica que refiere a la actividad material adecuada a fines. Es una relación esencial sujeto- objeto y sujeto- sujeto, donde lo ideal y lo material se convierten recíprocamente, devienen idénticos. La práctica es fundamento, base, fin y criterio valorativo de la verdad.
Actividad valorativa. Es un concepto que designa el modo en que existen las necesidades, los intereses y los fines del hombre. El valor es el ser de las cosas para el hombre. Es el significado que tienen las cosas para el hombre. El hombre antes de preguntarse qué son las cosas, se pregunta para qué le sirven. Emite juicios valorativos: esto es bueno, malo, bonito, feo, agradable, santo, etc.
Es necesario encauzar valores para la formación humana. Pero hay que cultivarlo para que se revelen. El hogar, en primer lugar y después la escuela tienen la tarea de preparar al hombre para la vida y los valores son sus cauces de realización efectiva.
Actividad comunicativa. La comunicación es un concepto que designa el intercambio de actividad, en sus diversas formas y manifestaciones, así como sus resultados, ya sean conductas, experiencias, en fin el intercambio del proceso y resultado de la actividad humana y la cultura. En la comunicación se sintetizan en unidad orgánica los conocimientos, los valores y la praxis social e individual.
La praxis y la actividad humana en general, no devienen por generación espontánea. Poseen sus fundamentos generadores en la necesidad, los intereses, los fines, medios y condiciones, hasta el resultado que debe coincidir en general con el fin propuesto: Fundamentos de la actividad humana: Necesidad, Interés, Fin, Medios y Condiciones y Resultados.
La actividad humana no se realiza por generación espontánea. Requiere de su fundamento objetivo - subjetivo para su realización efectiva. La actividad humana se funda en un sistema complejo, integrado por:
La necesidad: Refiere a la base objetiva que impulsa la actividad. Es lo que el hombre necesita, sus carencias, etc. que se convierte en fuente que impulsa la acción del hombre.
El interés: Es la toma de conciencia de las necesidades del hombre, su interiorización, expresada en un interés estable. En fin, es la necesidad hecha conciencia.
El fin: Es la proyección ideal de las necesidades e intereses. Potencialmente aparece como posibilidad que requiere de medios y condiciones para realizarse.
Los medios: Son los elementos objetivos y subjetivos que contribuyen a la realización del fin.
Las condiciones: Son mediaciones necesarias para la realización del fin.
A veces los fines, fundados en necesidades e intereses reales, no se realizan, porque carecen de los medios y condiciones. Fines e ideales humanos, en determinadas condiciones históricas se han quedado en el nivel de la posibilidad, sin convertirse en realidad.
Debe destacarse que este sistema condicionante de la actividad humana: necesidad- interés- fin- medios y condiciones, está mediado por la praxis en todo su proceso y resultado. Precisamente en ese proceso tiene lugar la conversión recíproca entre lo ideal y lo material, y su devenir idéntico en las relaciones sujeto- objeto y sujeto- sujeto.
En la aprehensión hermenéutica de la praxis, resultan interesantes y guiadoras la idea de Marx en las tesis sobre Feuerbach, “que la vida es esencialmente práctica” y las de Lenin en los Cuadernos filosóficos, que la práctica “posee no sólo la dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad inmediata”[2], y que “la conciencia del hombre no sólo refleja el mundo objetivo, sino que lo crea (…) es decir, que el mundo no satisface al hombre y éste decide cambiarlo con su actividad”[3]. Resultan ideas rectoras para comprender la universalidad de la praxis y las distintas aristas de sentido que posee su interpretación.
De una forma u otra en la historia de la filosofía y del pensamiento y las ideas en general, ha primado la sobrevaloración de la teoría respecto a la praxis. En mi criterio, Marx fue el primero que concibió la dialéctica teoría - práctica como un problema teórico – práctico y práctico – teórico, al mismo tiempo, para así superar la dicotomía existente y la minusvaloración de la praxis en dicha relación[4]. Las tesis sobre Feuerbach dan cuenta de ello. Por su parte Lenin, si bien señala que sin teoría revolucionaria, no hay praxis revolucionaria, en los Cuadernos Filosóficos afirma la superioridad de la praxis respecto a la teoría, en tanto tiene la posibilidad de acceder a la universalidad y a la realidad inmediata.
Esto significa que estamos en presencia de un problema complejo, poseedor de muchas aristas significativas, de múltiples sentidos, y por ello, de una extraordinaria riqueza hermenéutica[5].
En la actualidad aún se sigue concibiendo la praxis de modo unilateral y abstracto, a pesar de las razones dadas anteriormente. Hay una acuciante tendencia a su reduccionismo aprehensivo. Si la praxis es una esencial relación sujeto – objeto y sujeto – sujeto, donde lo ideal y lo material se convierten recíprocamente, cómo es posible reducirla sólo al trabajo[6] o a la técnica[7], y así hacer de ella algo inmediato y externo al propio devenir cultural humano. “Decimos crítica del modelo de la tekne y no crítica de la tekne como tal, es decir, no prejuzgamos que la actividad técnica y el trabajo en general sean algo cuestionable por sí. Lo que resulta cuestionable es su conversión en un modelo y hasta en un ideal para interpretar y conducir el quehacer y el vivir humanos en su totalidad. En verdad, el modelo de la tekne, y el modo específico en que en ella se estatuye la relación entre lo teórico y lo práctico, prejuzga y generaliza sobre el modo de ser de esta relación para todos los casos. Es decir, la consabida oposición entre teoría y práctica, que presupone su previa separación, ha sido asentada a partir de la acción técnica. Es ella la que nos induce a pensar en una separación entre ambos términos y donde su encuentro sólo va a producirse de forma extrínseca y mecánica. La “unidad de teoría y práctica”, que el pensamiento clásico moderno, desde Kant hasta Marx, convirtió en la tarea de una reflexión filosófica crítica, es finalmente inviable si se insiste en querer pensarla conforme al modelo de la actividad técnica. En verdad, sólo vamos a hacer plausible un pensamiento de la unidad teoría-práctica, saber-hacer, desde otra perspectiva, desde la perspectiva de una hermenéutica de los modos no técnicos del hacer humano, como la acción corporal, la expresión estética, la conducta ética o la praxis política (estrictamente entendida)[8].
Esto significa que si abordamos la praxis en su realidad concreta, como actividad material adecuada a fines y mediación central en el devenir idéntico de lo ideal y lo material, no es posible reducirla a ninguna de sus formas concretas de expresarse, sino como sistema complejo. De lo contrario no se rebasa una concepción inmediatista, utilitarista y empírica de su contenido.
Con razón Marx, exige nuevos parámetros aprehensivos y discernimientos hermenéuticos de la praxis, cuando señala la necesidad de su comprensión real en crítica al materialismo contemplativo y al idealismo objetivo y subjetivo en sus tesis sobre Feuerbach y en
Igualmente, Adolfo Sánchez Vázquez, en su “Filosofía de
Por supuesto, aún queda mucho por hacer. Las concepciones teoricistas y pragmáticas y reduccionistas, merodean como duendes en distintas corrientes de pensamiento. Por una parte se exagera la función guiadora de la teoría y se subestima a la praxis en detrimento del propio hombre y su ecosistema[10]. La visión teoricista e instrumentalista de la praxis ha causado muchos daños a la humanidad, incluyendo su propio hábitat. Es necesario asumir nuevas alternativas fundadas en la praxis y en su comprensión racional, como bien señaló en su tiempo Carlos Marx. Por eso la cultura filosófica, y su hermenéutica en particular, tienen mucho que decir y hacer en pleno siglo XXI.
“Todo esto no hace sino reafirmar la concepción del hombre como ser práctico, por más que puedan cambiar las formas especificas de desplegar su actividad, y demuestra, asimismo, que la concepción misma de la praxis y del hombre como ser práctico tiene que ser dialectizada en función de los cambios decisivos que se operan, en la actualidad, en la praxis misma, y, en particular, en la praxis material productiva y en la praxis social. Todo ello nos convence, a su vez, de la necesidad de dotar a la categoría de práctica de un estatuto más rico y riguroso que el que ha tenido tradicionalmente, y del que carece todavía en gran parte del pensamiento filosófico”[11].
Referencias.
[1] Cultura. El concepto cultura designa toda la producción humana material y espiritual. Expresa el ser esencial del hombre y la medida de su ascensión humana. No debemos reducir la cultura a la cultura espiritual o material, ni a la cultura artístico- literaria, ni a la acumulación de conocimientos. Es ante todo, encarnación de la actividad del hombre que integra conocimiento, valor, praxis y comunicación. Es toda producción humana, tanto material como espiritual, y en su proceso y resultado. Por eso la cultura es el alma del hombre y de los pueblos. La economía, la política, la filosofía, la ética, la estética, etc., son zonas de la cultura, partes componentes de ella.
A veces, erróneamente se dice que la cultura empieza donde termina la naturaleza. La naturaleza nunca termina para el hombre, porque es su claustro materno. La relación hombre- naturaleza, es una relación donde el hombre se naturaliza y la naturaleza se humaniza. En ese proceso se produce la cultura como esencialidad humana.
En su generalidad hay consenso de que la estructura de la cultura la integran la cultura material y la cultura espiritual.
[2] Lenin, V. Cuadernos Filosóficos. Obras Completas. Editora Política,
[3] Ibídem, pp. 204 – 205.
[4] Sobre esto ver de R. Pupo. “La práctica y
[5] “Debemos a la hermenéutica, y particularmente a Hans-Georg Gadamer, una primera insistencia en la necesidad e importancia de distinguir entre ambas formas de la práctica. Uno de los temas iniciales de su mentor Heidegger fue precisamente el del “carácter práctico” de la existencia humana, cuando concebía a
[6] En mi criterio, resulta desacertada, en parte, la interpretación que hace Ramírez de
[7] Precisamente, es la identificación de lo práctico en general con la práctica técnica, la subsunción de la primera a la segunda, aquello que ha permitido al pensamiento y a la filosofía seguir escamoteando la singularidad y vitalidad de la dimensión práctica y, de esta manera, seguir legitimando (frente a los desvaríos de la acción técnica de nuestro tiempo) la supuesta prioridad del saber teórico y la necesidad para el intelecto filosófico de permanecer incontaminado y aislado del mundo real. Por esto, la condición sine qua non para un retorno a lo práctico en su realidad y verdad es la crítica y superación del modelo de la tekne; ; sólo así será posible salir al paso tanto al practicismo instrumental como al idealismo especulativo más inveterado, posiciones ambas que en su aparente polarización no hacen más que reforzarse mutuamente, reforzando a la vez las condiciones que hacen de este mundo un mundo infeliz, un mundo donde la desesperación y la desesperanza pueden campear impunes”( Ibídem, p. 155). Sobre esto ver de R. Pupo. “La práctica y
[7] “Debemos a la hermenéutica, y particularmente a Hans-Georg Gadamer, una primera insistencia en la necesidad e importancia de distinguir entre ambas formas de la práctica. Uno de los temas iniciales de su mentor Heidegger fue precisamente el del “carácter práctico” de la existencia humana, cuando concebía a
[7] En mi criterio, resulta desacertada, en parte, la interpretación que hace Ramírez de
Precisamente, es la identificación de lo práctico en general con la práctica técnica, la subsunción de la primera a la segunda, aquello que ha permitido al pensamiento y a la filosofía seguir escamoteando la singularidad y vitalidad de la dimensión práctica y, de esta manera, seguir legitimando (frente a los desvaríos de la acción técnica de nuestro tiempo) la supuesta prioridad del saber teórico y la necesidad para el intelecto filosófico de permanecer incontaminado y aislado del mundo real. Por esto, la condición sine qua non para un retorno a lo práctico en su realidad y verdad es la crítica y superación del modelo de la tekne; ; sólo así será posible salir al paso tanto al practicismo instrumental como al idealismo especulativo más inveterado, posiciones ambas que en su aparente polarización no hacen más que reforzarse mutuamente, reforzando a la vez las condiciones que hacen de este mundo un mundo infeliz, hace más de cien años que lo advirtió Marx, en las tesis sobre Feuerbach.
[8] Ibídem, pp. 155 – 156.
[9] A. Sánchez Vázquez. Filosofía de la praxis. Editorial crítica, Barcelona, España, 1980, p.237.
[10] “Desde esta perspectiva la función de la teoría quedó también claramente definida: servir a la práctica, tanto preparándola como guiándola y evaluándola. El reconocimiento de la prioridad de la práctica alcanzaba para dar un justo reconocimiento a la teoría: no hay práctica correcta sin teoría correcta, se decía. La función la teoría tenía su valor y su límite en esto: que todos los conocimientos todas las investigaciones conceptuales ideaciones, etc., deberían estar guiadas por el telos de su posible aplicación y utilización. A su vez, la mejor práctica era aquella que se dejaba guiar pacientemente por una teoría previamente validada, de preferencia por conocimientos científicos o por saberes fundados en algún tipo de discurso pretendidamente científico. Lo que imperaba aquí era más el apremio de la certidumbre, el deseo de conjurar los peligros imprevisibles de la vida práctica real, que un interés genuinamente cognoscitivo. Al fin de cuentas, cualquier saber teórico, aún esquemático, excesivamente general o hasta o hasta obviamente impertinente, podía fungir como guía -y justificador- de una determinada práctica.
El cientificismo opera claramente como una ideología. La mera palabra “ciencia”, los adjetivos “científico”, “científicamente demostrado”, etc., se convirtieron en términos mágicos, cuya simple pronunciación bastaba para legitimar o, usados en en forma de negación (“no es científico”, etc.), para deslegitimar totalmente cualquier juicio o posición en cualquier ámbito de la experiencia y la vida social. El efecto más negativo del cientificismo, ha sido más que el uso técnico de la ciencia, el supuesto uso del saber científico en las diversas esferas no técnicas de la praxis humana (en la política, en las relaciones sociales, en las llamadas ciencias sociales, etc). Todavía más como matiza Arendt, la consecuencia más negativa del instrumentalismo no es la subordinación de la investigación científica a necesidades técnico- utilitarias sino la refuncionalización del modelo del trabajo en la misma concepción y práctica del conocimiento científico, esto es, el hacer del instrumentalismo actitud y principio epistemológico, concibiendo a la naturaleza como “proceso de fabricación”, como “objeto” de un “trabajo” de experimentación y control, eliminando así cualquier intento de indagar en el ser de la naturaleza más allá de todo marco antropomórfico y funcional.
La naturaleza fue acallada y no sólo los poetas han de lamentarse por esto, pues el triunfo de la visión instrumentalista de la naturaleza afecta a todos los ámbitos, tanto de la vida no humana como de la vida humana.” (A. Sánchez Vázquez. Filosofía de la praxis. Editorial crítica, Barcelona, España, 1980, p.237)
[11] A. Sánchez Vázquez. Obra Citada, P. 428.
| Comentar |









