Pandillas juveniles en el cerro El Pino. Distrito de La Victoria-Lima, Perú

Pandillas juveniles en el cerro El Pino. Distrito de La Victoria–Lima, Perú.
Por Gonzalo Navarro Sanz
Actualmente realizando tesis de la Licenciatura en Sociología. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina. Miembro del equipo directivo de la organización social Puente Vincular.
E-mail:navarrogonzalo@hotmail.com
Pandillas Juveniles: cerro El Pino.
Desde hace un tiempo han sido instaladas en las agendas de los países latinoamericanos algunas problemáticas que cuestionan el accionar de las políticas de los mismos. Entre ellas podemos mencionar el cambio climático, el crecimiento de la desigualdad social, los altos índices de pobreza e indigencia, la precariedad laboral, la inestabilidad política, pandillerismo, etc. El tema que nos interesa poner en cuestión en esta oportunidad es el de las pandillas juveniles. Proponemos adoptar una mirada amplia en torno a esta problemática, encuadrándola en el contexto de las nebulosas por las que atraviesa toda América Latina, y que anunciamos anteriormente.
Somos testigos que el delito en tiempo reciente ha aumentando considerablemente, si bien en los diferentes países de Latinoamérica adopta características particulares, podemos decir, de forma general, que las personas que incurren en él han ido en aumento, así también la población de las cárceles. Por lo tanto, es oportuno que estas sociedades sean sometidas a una crítica inmanente respecto a sus políticas de seguridad.
En este sentido, la propuesta de este texto es la de confrontar la sistematización que hace sobre pandillas juveniles, Franz Vanderschueren, en su estudio Prevención de la delincuencia Juvenil, con la información recolectada por Eduardo Espinosa Bueno -coordinador del proyecto "Aula Libre"(*)-, y yo, en la experiencia de trabajo de la cátedra de Metodología Cualitativa de la Licenciatura en Sociología de la Universidad Católica del Perú, durante mi estancia de intercambio estudiantil en el ciclo lectivo 2008. Las entrevistas en profundidad y la observación participante se realizaron en el cerro denominado El Pino, en La Victoria, distrito de Lima, Perú, de marzo a julio de 2008.
El trabajo realizado en el dicho cerro, permitió una aproximación a algunos jóvenes que pertenecen a pandillas juveniles, asimismo, este acercamiento concedió la posibilidad de explorar, escuchar, observar y descubrir las significaciones que éstos tienen de sus prácticas, ya que como jóvenes han sido mediatizados y muchas veces definidos de un determinado modo que no siempre se condice con la realidad.
Se busca partir desde una mirada macro de la problemática continuando con la descripción las motivaciones, significaciones y códigos de estos jóvenes para así terminar con una propuesta de acción comprometida y creativa que dé una respuesta para desmitificar muchas formas de entender a los jóvenes en conflicto con la ley.
Ir de lo macro a lo micro y luego complementar la información se hace necesario para evitar caer en reduccionismos simplistas, mismos que muchas veces lo que hacen es estigmatizar a personas o grupos, sometiéndolos a denuncias o consideraciones malintencionadas, sin concederles la posibilidad de resguardarse o expresarse.
Es común escuchar: la delincuencia se da por problemas económicos, los que roban lo hacen porque no tienen plata o los delincuentes roban porque quieren, son unos vagos que no quieren trabajar. Estas frases, que son habituales de escuchar, son análisis simplistas que invitan a caer en el error del reduccionismo. En la primera frase se puede suponer que todos los pobres o que todos los que tienen problemas económicos son delincuentes, presumiendo que las acciones de los individuos sólo están determinadas por las prácticas económicas. En la segunda frase el error está en suponer que la decisión de delinquir es siempre individual, libre y con conciencia; sin condicionamientos externos.
Bourdieu, desde el estructuralismo, considera que los sistemas sociales- culturales-económicos, orientan y condicionan las prácticas y cosmovisiones propias de los agentes, pero también incorpora una noción contructivista, entendiendo que el mundo social es construido por lo agentes en la interacción que se da entre ellos. La sociedad es el producto del choque de estructuras objetivas y subjetivas, Bourdieu lo resuelve mediante la idea de habitus, que, dice, son nuestras estructuras individuales, estructuradas por lo social pero con capacidad estructurante sobre lo social.[1]
En esta tensión entre individuo y sociedad hay que introducir la problemática del delito, como una construcción social, que se define en función de la distribución de los agentes según el volumen global de capital (económico, social, cultural etc). [2]
Martín Appiolaza, propone las siguientes acepciones al término pandilla, según los diferentes enfoques: [3]
Enfoque tradicional: Teoría de la desorganización, lo criminal:
Trassher (1927): Creación de niños y jóvenes, espontáneamente, de un espacio de participación que los adultos no les otorgaron.
Klein (1998): Grupos informales. No tienen listas de miembros, ni estatutos ni bases constitutivas, ni decretos específicos, ni textos para definir la participación o los comportamientos aceptables o no. Es difícil distinguir un miembro de uno que no lo es. Comparten un sentido en común.
Enfoque desde el capital social. Factor de cambio
Hagedorm (2007): Actor social: Organizaciones de excluidos que pueden tener diferentes niveles de complejidad. Algunos comparten culturas étnicas y de oposición. Se vinculan con otras organizaciones con roles diversos. Nacen en adolescentes sin guía que se institucionalizan en las villas, cárceles. Pueden llegar al dominio territorial y actividades económicas informales y a veces vinculadas con el crimen organizado.
1. Contexto global de la problemática
Si bien las características de las pandillas difieren considerablemente según los países, regiones y procesos históricos, se puede decir que la pandilla es un gran reto urbano.[4]
Los tiempos modernos representados en las premisas del neoliberalismo configuran a la sociedad como el lugar en donde los procesos mercantiles gobiernan las configuraciones colectivas, subordinando la sociedad al mercado.
Esta hegemonía de la mercancía, que arruina el tejido social, impone permanentemente necesidades, sin generar las condiciones para satisfacerlas.
La cultura neoliberal ha alterado al ser humano de tal modo que las personas son vistas en función de lo que consumen, creyendo que la felicidad plena está en la satisfacción de consumir.
Esta desintegración social que produce la ideología neoliberal en donde en un mismo movimiento crea necesidades y excluye de los medios para repararla, surge la alternativa de la pandilla como espacio de integración del individuo aislado. El ciudadano desplazado en el elemental acto de votar y consumir, se encuentra sin espacios de pertenencia social configurando el pánico a la inseguridad como garante de cohesión social. En este sentido, Perea Restrepo dice que la pandilla no es solo exclusión sino también inclusión.
2. Cerro El Pino. Pandillas, motivaciones y representaciones de sus habitantes.
En el apartado anterior se intentó hacer una breve descripción desde una postura estructural de la conformación de pandillas, ahora la propuesta es la de realizar un breve recorrido, sobre las motivaciones, significaciones y códigos que reflejan estos jóvenes, entendiendo que “…pandillero no se nace, se hace…”[5], esta frase de Migués invita a mirar a los pandilleros insertos en una trama de interacciones en donde las decisiones y el modo de actuar de estos jóvenes son el resultado de muchas relaciones que se dan entre ellos, con sus familias, con las instituciones del Estado, etc.
Por razones prácticas y por cercanía al cerro El Pino ubicado en el departamento de La Victoria en Lima, se confrontará la descripción que hace de las pandillas Franz Vanderschueren con la información recuperada a partir de la convivencia con los habitantes del cerro en el marco de una propuesta de educación popular que lleva a cabo la organización liderada por Eduardo Espinosa Bueno. En el tiempo de trabajo en el cerro se pudieron compartir charlas, trabajos en grupo, ámbitos de recreación con jóvenes pandilleros y con vecinos del lugar. Por razones de sensibilidad de los jóvenes del barrio, ante la posibilidad de ser investigados, la información fue registrada en cuadernos de notas combinadas con algunas entrevistas a ex-pandilleros y vecinos del barrio.
2.1. Un recorrido por el cerro
El cerro está en la periferia de Lima, desde el momento que se ingresa a la zona del “Pino”, se comienza a subir y se contempla una larga y pronunciada escalera que en su generalidad es de cemento y tierra, en algunas partes uno se puede ayudar con una baranda de madera. Al recorrer la escalera es fácil visualizar las casas que acompañan el camino. Son viviendas, bien diversas y de diferentes materiales (ladrillos, paja, concreto, madera, etc.). El cerro se divide en 25 sectores.
Cabe destacar que este territorio es un asentamiento humano poblado durante las migraciones más importantes del interior de Perú a Lima (décadas del 50`, 80` y 90`).
Como consecuencia de esto se pueden visualizar dos fenómenos. En primer lugar, es fácil observar que no se ha realizado una planificación y proyección que permita establecer las viviendas de una forma ordenada. Esto se expresa, en detalles como la construcción de baños fuera de la vivienda y la prolongación horizontal de algunas casas, sin escaleras, para acceder a los pisos superiores. Por este motivo aparecen escaleras de maderas apoyadas en las paredes. Al mirar hacia abajo, cuando se va subiendo por el cerro, se observan techos de calamina o de madera con diferentes objetos arriba de los mismo (ruedas, ladrillos, bancos, etc) impidiendo que algún viento vuele la capota. Se contemplan también los callejones que dividen una casa de la otra, algunos de estos pasadizos son tan angostos que a veces puede transitar sólo una persona. Es común leer en las paredes leyendas como“agustinorte[6]calato te vamos a dejar si vuelves a pisar el cerro” .
En segundo lugar, se visualiza, la diversidad cultural expresada en la vestimenta, música y rasgos físicos (especialmente en las personas de mayor edad) ya que al ser inmigraciones del interior del país se conservan expresiones culturales de los lugares de origen.
Es fácil cruzarse con alguna señora haciendo fuego y liberando así un humo negro que hace que el paisaje se pierda en la oscuridad. A los adolescentes se los ve subiendo y bajando el cerro en moto-taxi, por un sol suben a sus pasajeros. Las motos suben y bajan, no hay señalización, ni dirección correcta, ni carril izquierdo ni carril derecho.
Llegando al centro del cerro está la plaza, ésta es pequeña con forma de semicírculo, no está iluminada, en la esquina hay un almacén que a las 18hs es ocupado sólo por jóvenes pandilleros, ya está normalizado que llegada esa hora no pueden hacer uso de él otros vecinos.
La plaza durante el día es un lugar de encuentro, hay niños jugando, hombres reunidos que dan la impresión de estar en una asamblea vecinal, gente charlando. Adolescentes fumando “porro” o pasta “básica”[7]
A las 18.30hrs. empieza a oscurecer y el paisaje invita a hacer silencio, a mirar el atardecer que se representa en un juego de colores que inspira tranquilidad, se escucha una cumbia que sale de una casa a lo lejos y pasa una moto-taxi con toda la decoración que las caracteriza (parlantes, foto del “Che” Guevara, el nombre de alguna chica, etc.). Pareciera que automáticamente la tranquilidad se desvanece cuando un grupo de chicos “toma” el cerro desplazando a las familias hacia sus casas.
En ese momento fríamente se acerca una señora y dice: “tengan cuidado que abajo es muy peligroso”, como incentivando a bajar del cerro. Al llegar a abajo otra señora comenta: “qué bueno que bajaron, arriba ya no se puede estar a esta hora”.
En este territorio que se acaba de describir es donde se mueven las pandillas, éstas varían enormemente de un país a otro o sin ir más lejos de una pandilla a otra, por lo tanto no es la intención de este trabajo decir que las característica de las pandillas en el cerro el Pino son las mismas que se dan en todos los territorios donde existen, sino que la intención es profundizar en la problemática que se da en esta población particular buscando las coincidencias que hay con caracterizaciones de pandillas.
2.2 Voces de los habitantes del cerro.
Las pandillas varían según los tejidos sociales, Franz Vanderschueren [8], hace referencia a diferentes definiciones del término pandilla, se rescata la más acorde con la población abordada.
Las pandillas son organizaciones que comprenden a jóvenes y adolescentes, que a menudo están involucrados en actividades delictuales y que han aparecido relacionados estrechamente a los grupos étnicos o marginados…
Se prestará atención a las características propuestas por Vanderschueren, que se ven representadas en las pandillas en cuestión:
· Reglas y roles
· Formas de Reclutamiento
· Carácter territorial
· Integración de grupos de inmigrantes
· Estrategia de adaptación a la economía
· Pandillas como búsqueda de identidad
2.2.1 Reglas y roles
En algunas conversaciones informales con personas de El Pino, pedimos que hicieran una descripción de los pandilleros, sus formas de actuar, vestirse, motivaciones, etc. Dentro de este grupo que accedió a realizar esta descripción, después de varios días de conversaciones, había ex-pandilleros y vecinos.
En los diferentes relatos de los miembros de las pandillas la mayoría de las características se repetían, encontrándonos que en las interacciones entre ellos se da una relación de jerarquía, roles y reglas.
A la hora de definir, los informantes dividían a los miembros en dos: Los puntas y Los chacales. A continuación pondremos las características de cada uno y el tipo de relación que establecen.
Los puntas:
- Jóvenes entre 18 y 24 años.
- Piel trigueña.
- Cabello corto con figuras delineadas en la cabeza, patillas delgadas y prolongadas hasta el mentón.
- Presentan tatuajes en el cuello, brazos, piernas y dorso, con motivos diversos.
- Accesorios, piercing, collares, gafas, celulares de última generación.
- Cuidadosos con su persona. Ropa y calzado siempre limpios, con colores combinados. Auto y moto limpios. (Gran diferencia con Los chacales)
Los Chacales o Colaboradores:
- Realizan trabajos lícitos e ilícitos para un punta.
- La mayoría manejan moto-taxis, otros administran mecánicas o salen a delinquir usando como medio de transporte las moto-taxis.
- Tienen entre 15 y 19 años, aparentan mayor edad.
- Modo de vestir más sencillo si lo comparamos con los puntas. Ropa holgada, gorras, zapatillas caras, descuido con su persona.
- El manejo de las moto-taxi van de dos en dos, uno maneja y el otro se sienta a su costado como ayuda en caso de encontrarse con un grupo en conflicto o para estar atento y poder arrebatar algo de un transeúnte.
Tanto los Puntas como sus Chacales suelen concurrir a lugares que tienen nombres como la “cámara de gas” (ubicado en Virrey la Serna, cuadra cuatro) “la vida no vale nada” (Sebastián Barranca con San Pablo), éstos son cantinas decoradas con luces, de espacios reducidos, música “chicha”, la entrada colmada de moto taxis. Se pudo observar la presencia de mujeres, la mayoría de los 15 y 18 años, vestidas con pantalones a la cadera, polos cortos y pegados al cuerpo, el cabello teñido de rubio, los rostros con un maquillaje cargado, sus cuerpos son desarrollados y aparentan ser mayores, se ven seguras en su proceder, toman y fuman al igual que un chacal o un punta, levantan la voz e insultan a los varones si son molestadas por ellos.
Pudimos entrar una noche en una cantina, gracias a la compañía de un chacal que nos hizo el favor de acercarnos a un punta ya que un hermano de éste compartió con nosotros la propuesta educativa por la cual estábamos en el cerro.
El consumo de cerveza en estos lugares es abundante, se da hasta la madruga y por lo regular siempre hay peleas. Se pudo observar también el consumo de marihuana y la mezcla de drogas, es común el “mixto” (marihuana con pasta básica). El consumo de cocaína y cerveza es otro par que está presente; es usual verlos un domingo por la tarde, reunidos tomando cervezas, al costado de un auto o motos, con la música en alto volumen, y sacando del filo del cuello o entre la correa un paquete de cocaína o pasta y consumirlo en frente de todos; el día y la noche se confunden entre estas mezclas.
Estos son algunos de los actores que se han podido observar, los Puntas, sus Chacales y las mujeres que están con ellos, si bien no escuchamos que las mujeres participen en los actos delictivos, estimamos que el peso que tienen es determinante a la hora de tomar decisiones.
Después de comparar los diferentes testimonios e interpretaciones del punta, se puede decir que éste, es aquel joven con capacidad de organización, liderazgo, con carácter dominante. Calculador y frío.
Los Puntas, como dijimos, son jóvenes entre 18 y 24 años, son los líderes y jefes de una zona, se diferencian de sus Chacales (banda, colaboradores) en la forma de vestir y uso de bienes, es saltante a la vista su solvencia económica, poseen carros, moto-taxis, motos lineales, negocios lícitos. Sus colaboradores manejan las motos, cumplen con roles que incluso son remunerados, el trato de éstos con los puntas tienen varias conexiones, no solo se limita al mundo del delito, pero sí a una relación de subordinación por un favor recibido, la mayoría de las veces por el préstamo de una moto-taxi.
2.2.2 Formas de Reclutamiento
Vanderschueren, describe dos formas de reclutamiento adoptadas por las pandillas: en la primera, los miembros hacen publicidad mostrando las ventajas de su asociación y hacen pasar a los candidatos por una fase de prueba; la segunda forma es la de imponer presión u obligación. Lo que se puede observar es que en el cerro se da la primera característica y las motivaciones principales son económicas y en segundo lugar la posibilidad de allegarse a la droga:[9]
…yo tendría mi 16 años, puta, una vida cabrona, ahí aprendía ¡ah! de mala fe aprendí a fumar…. nos enseñaron a fumar marihuana, skan prácticamente, lo probé y…. me gustó y.… seguía, no me gustó, pensé, que no lo iba a deja… pensé que era algo pasajero pero me di cuenta que no y… lo consumía y lo consumía, seguía fumando y ya pues me gustaba fumar también, he probado cloro también…. me he coqueado también…. algo rico también…” (Juan, Ex-chacal , 25 años)
…. ya estaba fregado con el estudio, tenía 15 años, suave, eh, mi madre no tenía ni un sol para los chibolos, me ofrecieron una mototaxi y suave… cada tanto tenía que pegar una jata, un trabajo, darle lo que sacaba al punta, pero lo que sacaba con la mototaxi, era mío… para mis cosas, mi madre. (Jano, Ex-chacal, 27 años)
En los testimonios de muchos jóvenes con los que se interactuó, se ve la moto-taxi como una estrategia de adaptación económica, las formas de alcanzar el desarrollo personal propuesto por la escuela aparece lejano a las posibilidades reales de estos adolescentes, así como también la inestabilidad económica de sus padres planeando, según Kessler, “…un horizonte de precariedad duradera…” .
A la par que se da este proceso de escasa proyección laboral, surgen estrategias por fuera del sistema formal que dan la posibilidad de conseguir plata rápida.
Según comparte Jano el trabajo de manejar una moto-taxi está totalmente vinculado al trabajo de robar una casa (“Jata”). Según Gabriel Kessler ésta acción estaría legitimada no tanto por el origen del dinero sino por su utilización para satisfacer necesidades, esta es la lógica de la provisión[10] “lo que sacaba con la mototaxi, era mío… para mis cosas, mi madre”.
2.2.3 Carácter territorial
En las entrevistas a los vecinos, las pandillas de menores, son apreciadas como grupos de jóvenes que acrecientan el peligro a la delincuencia. Exponen al barrio a la estigmatización, condicionando el entorno social, modificando horarios y hábitos de los habitantes.
La concepción geográfica de un chacal y un vecino:
…este barrio ya tiene su historia hecha y ya saben prácticamente cómo es este barrio, sí es movido… casi… poca personas es la que viene así… ¡ah! Estar por acá no se regalan fácilmente porque piensan que la van a poner o cosas por el estilo, como ven cerros, así, motos (señala con su mano el cerro desde el cual estamos hablando -El Pino-, y las mototaxis que pasan). (David “chacal”)
…yo tenía que llegar a mi casa antes de las diez de la noche sino pucha que me ponía…o no subían las motos, ya no había motos, sino subían latiando y te podían robar…y como era nuevo y no conocía nada, tenía que venir…… eso sí a full pandillas.
¡Ah, sí! no se pasan, no se pasan, yo sé que no se pasan, San Cosme…..no pasa nada, ni la gente que trabaja en El Pino va a trabajar a San Cosme ni los de San Cosme acá, porque se roban entre ellos, si se descuidan…. No, compadre, es del San Cosme… y… Las motos mismas ¡ah! todos tienen su letrero, El Pino, Cosme, ¿no? pero de todos los cerros el más bravo, dicen, es uno que está al frente que (señala con la mano hacia atrás del cerro El Pino) que hay un sitio que le llaman “La Jungla”, es el sitio donde llevan todas las cosas robadas…. ni la policía entra ahí… ah sí…,” (Ale, “bodeguero”)
Para los dos, la inseguridad es parte de su barrio, y ésta es una característica que tanto propios como extraños deben saber, frente a esto se encuentra Ale, un extraño que lleva nueve años en la zona y confirma lo dicho por David, quien menciona que tuvo que tener cuidado al principio; es importante la mención sobre las pandillas que hace Ale, al reconocer que cuando él llegó a la zona el temor lo infundían las pandillas.
La descripción que hace David sobre la zona, donde asocia peligrosidad, moto- taxis y cerros, es resaltante, ya que asume que para un extraño la presencia de cerros y moto-taxis son señales de estar en un lugar peligroso, Ale reconoce esta peligrosidad en el cerro al señalar que no podía llegar demasiado tarde, por temor a que lo asaltaran. Un tema pintoresco es la función de la moto-taxi, para Ale podría ser la diferencia entre que lo asalten o no, si encontraba una que lo pudiera llevar. Para David es señal de que estás en un lugar peligroso, una doble imagen de este vehículo.
Ale señala también la rivalidad que hay entre los cerros, que en las moto-taxis se diferencian por el nombre que tienen puesto en la parte delantera, por lo que podría identificárseles fácilmente. De esta manera se define el “carácter territorial” del que habla Vanderschueren y se ve reflejado por las leyendas de las moto-taxis y los graffitis, entre otras cosas.
Es necesario mencionar algunos puntos que no figuran en la entrevista, pero que fueron parte de una conversación previa. David señala que está a gusto en la zona pero que prefiere otros lugares, a su vez, Ale señala que definitivamente él no quiere vivir ahí, y que la necesidad lo obliga, sin embargo, su bodega es una de las que más vende, y es consciente de que en otro lugar las cosas no serían mejores. Ambos reconocen que en la zona se puede encontrar de todo y que hay movimiento, por eso les agrada, “cada barrio tiene sus cosas”, con esto afirman una conformidad con la peligrosidad, como si fuese natural, inherente a las calles.
2.2.4 Integración de grupos de inmigrantes.
En el caso de las inmigraciones de los cerros del departamento de La Victoria, son migraciones internas o nacionales. Esto marca una diferencia con las pandillas de Centro América o EEUU, en donde hay una influencia importante de migraciones internacionales. A pesar de esto, la pandilla en ambas migraciones se manifiesta como una posibilidad de integración.
Decir que las migraciones son las causas de la conformación de pandillas violentas es caer en una conclusión simplista pero es indudable que ejercen una influencia importante.
En los años de enfrentamiento de Sendero Luminoso con los militares peruanos, en donde los sectores que más se vieron perjudicados fueron campesinos, se produjeron grandes movimientos migratorios del interior del Perú a Lima. Es conocida la diversidad de culturas de este país (comidas, idiomas, prácticas, vestimentas, etc.) todas éstas tuvieron que aprender a convivir obligatoriamente.
Con este tipo de migraciones se produjo un crecimiento urbano rápido, sin planificación (colonias o barrios con escasez de servicios sociales que motivan que los niños crezcan en las calles al no encontrar en sus casas condiciones mínimas que le permitan permanecer en ellas), sumado a la xenofobia y el racismo[11].
…para el que nació en Lima ser cholo no es bueno y se ríen….eh, yo lo veo en televisión…. para los chibolos del barrio ya no le gusta ser cholo… se burlan… es un maltrato acá en Lima…” (Vecina, Fiorella, nacida en Ayacucho).
2.2.5 Pandillas como búsqueda de identidad
Las repetidas conductas antisociales muchas veces son producto de la exclusión social comportándose como estrategias para la inclusión.
Las múltiples desventajas sociales tienen como consecuencias el deterioro de referentes sociales y morales[12]. La pandilla se comportaría como excusa y construcción de una alternativa en la búsqueda de un “sentirse parte de algo”, rellenando las grietas que muchas veces no colman la sociedad, la escuela, la familia y los medios de comunicación.
…salíamos de la escuela….nos esperaban unos huevones grande, viejos vendían, toda la familia vende y te convidan gratis, escapás un poco del mundo, después pa que te den tenés que hacer un trabajo, pero bue… salís de tu casa, de los problemas de mi viejo, te juntas con tus patas, tenés alguna visión, intento que a mi chibolo no le pase lo mismo… que esté conmigo yo tenía que salir de casa y bueno meneas algo con tus patas, fumas un poco, te sentís bien con ellos. (Edwin ex-chacal)
…el pata ha estado preso en… maranguita ha estado primero y después ha estado en lurigancho,.. chibolito……y el chibolo es tranquilo, tú lo ves….. no mata ni una mosca anda bien vestidito, anda fichazo, bien educado, más bien ahora último que anda así tomando, haciendo de... escándalo en la calle pero después nunca, toda la vida saluda… un caballero y anda así con la cabeza gacha… todo el mundo dice, ese no mata ni una mosca. Más bien yo sé que, eh…. le metieron un balazo, así (señala su pierna) ahora anda medio cojo, ha quedado cojo y ese pata es este eh, es… cómo te explico…… es… cómo decirte… bien respetado porque tiene sus cosas, maneja a los chibolos, los convence para que dejen la escuela, para que sean como él, con buen trato es líder, se hace querer y si tienes que elegir entre lo que él te da y lo que te da la escuela, un chibolo de 15 años no lo piensa…. o sea, alquila cinco motos… imagínate, ahora creo que la alquilan a veinte soles el día… ahí tiene cien soles y los chibolos se quedarán con 50 por día, les conviene. “Debe tener como veinticinco años… (Entrevista a Ale – bodeguero).
El debilitamiento de los vínculos personales y comunitarios (familia, escuela, clubes, etc.) y las graves carencias afectivas y emocionales [13], que tradicionalmente han funcionado como “conectores dotados de alguna pertenencia social ”[14], provoca una crisis del sentido de la vida dejando en manos de los líderes, que sepan dar razones para la existencia, el futuro de muchos jóvenes.
Vanderschueren, habla de las pandillas como “juego de identidad” la búsqueda de no ser indiferente sino de marcar una diferencia, la pandilla permite sentirte acogido, es la posibilidad de recibir una gratificación social.
El sentido de identidad puede ser no sólo fuente de orgullo y alegría sino también de fuerza y confianza. También hemos visto que “la identidad mata” y muchas veces esas acciones están definidas por la solidaridad interna de un grupo que acrecientan la discordia con otros grupos.[15] La violencia se promueve mediante la imposición de identidades combativas, estará en la creatividad de nosotros: el Estado, la Sociedad Civil y el sector privado proponer un sentido de identidad con estabilidad y calidez en las relaciones con los otros, sobre todo en los sectores más vulnerables.
3. Experiencia de “El agustino”
… yo no rehabilito, ellos se rehabilitan solos…. no siempre hay alternativas para hacerlo, necesitan apoyo, afecto y recursos… Padre Chiqui
Como se ha dicho, La Victoria, es el distrito donde está ubicado el cerro El Pino, éste limita con la zona de El Agustino. La intención de este último apartado es recuperar y cerrar este trabajo con una experiencia de intervención de pandillas, creativa, exitosa y desafiante. Se selecciona esta experiencia por la proximidad que tiene con la población estudiada, si bien las formas de las pandillas varían según el contexto en el que surgen, la cercanía del Agustino con La Victoria, genera que las disposiciones sean parecidas.
Es sabido que la formación de pandillas es un problema multicausal que requiere estrategias que abarquen múltiples fenómenos. Los trabajos realizados sobre inseguridad han ampliado la mirada y ésta no se reduce a la concepción de seguridad/inseguridad como la existencia o no de delitos sino de un modo más amplio que implica una noción de persona concebida desde la lógica del desarrollo humano, que requiere irrenunciablemente de la satisfacción de las necesidades básicas que van más allá de los acuerdos formales y legales.[16]
De esa manera es como lo entiende el Padre jesuita Chiqui, párroco de El Agustino, que aporta 4 líneas de trabajo que los jóvenes querían impulsar. Chiqui dice: …las pandillas no se combaten acumulando policías sin preparación para ese objetivo, la lucha contra las pandillas no es un asunto de represión.
José Ignacio Mantecón Chiqui, jesuita, trabaja con las pandillas juveniles hace más de 12 años. Aproximadamente 35 pandillas actuaban en el distrito El Agustino.
El primer esfuerzo lo realizó junto con el comisario del lugar, sin embargo, cuando cambiaron a éste, fracasó el programa. El jesuita siguió adelante, se vinculó con Sully, líder de una de las pandillas más violentas de El Agustino, Los Picheiros. En ese momento Sully estaba saliendo del penal de Lurigancho y quería rehabilitarse para ayudar a los demás, por lo que, junto a su hermano más chico, llamado Luis, fundaron la asociación “Martin Luther King”, un grupo dirigido por ex pandilleros que ayudan a otros proponiéndoles diferentes actividades. Pidió entonces ayuda al padre Chiqui, y juntos llevaron adelante el proyecto.
En una ocasión reunieron en la parroquia a unos 200 pandilleros donde Sully les describió la historia de Luther King, cómo llegó a ser Premio Nóbel de la Paz, su lucha por los hermanos negros, utilizando métodos no violentos.
Chiqui y sus colaboradores, entendieron que tenían que rescatar los aspectos positivos de las pandillas y utilizarlos para cambiar los negativos. Las pandillas tienen organización, solidaridad, y liderazgo.
Cuatro líneas de trabajo desde la Asociación Martin Luther King:[17]
1. Educación y formación
Con la ayuda de profesores voluntarios e instituciones como Fe y Alegría incorporaron a los jóvenes, muchos de los cuales habían abandonado los estudios, a programas de primaria y secundaria.
2. Empleo y trabajo
La Asociación Martin Luther King (MLK) suscribió un convenio con el municipio del El Agustino para dar trabajo a jóvenes. Se crearon algunas microempresas.
3. Deporte y Música
Aspecto siempre importante en los jóvenes, formaron el Agustín-Rock, festival que se realiza en Lima con el slogan “Rock por la paz” y crearon un club deportivo con entrenadores que no sólo se ocupan del aspecto físico y técnico, sino de la formación de los jóvenes y niños.
4. Obras de reparación por la comunidad
Se empeñaron en realizar obras de reparación a la comunidad por los daños que le habían causado. Es importante que los ex-pandilleros reconozcan y asuman su responsabilidad por los destrozos que provocaron y, a la vez, que la comunidad los adopte nuevamente.
Para esto realizan trabajos de limpieza pública, participan en celebraciones de Navidad o Día de la Madre llevando regalos a personas que fueron afectadas por sus actos.
Muchas veces cuando se escribe sobre las problemáticas sociales, sin valorar esfuerzos, se cae en un pesimismo que hace que se pierda la creatividad para desarrollar alternativas. El testimonio del Jesuita y de la asociación MLK es un fiel reflejo que hay alternativas:
…una respuesta a tiempo y adecuada significa el rescate de un inmenso contingente de jóvenes para la vida social del país. Padre Chiqui
Conclusión e invitación
Desde lo compartido a lo largo del trabajo, surge la invitación al sector público, privado, educativo, a los medios de comunicación social y a toda la sociedad civil para estar cerca de los sentidos, motivaciones, significaciones y valoraciones de estos jóvenes que ingresan a las pandillas. Esta cercanía posiblemente ayude a ser más cuidadosos en los prejuicios estigmatizadores, involucrando a toda la sociedad en propuestas de cambio estructurales que partan de las personas concretas con historias de vida particulares y problemáticas multicausales.
Las propuestas de abordaje de estas problemáticas tienen que recuperar el sentido de pertenencia que le dan a las pandillas los jóvenes, la solidaridad que existe entre sus miembros y un liderazgo que promueva actividades no violentas. Una alternativa puede ser la de reemplazar las pandillas violentas como lugar de amparo, por una protección pacífica y potenciadora de las riquezas de los jóvenes. Gran parte de de historia de la humanidad está hecha por los jóvenes, nos toca preguntarnos qué les estamos devolviendo de lo mucho que nos han dado.
Bibliografía
- Amartya Sen.(2006) Identidad y violencia, La ilusión del destino. Edit. Katz editores. Buenos Aires.
- Appiolaza, Martín, (junio 2009) Seminario “violencia juvenil. Pandilla, maras, bandas y fenómenos comparados en América Latina”. Posgrado Políticas Públicas: violencia y seguridad. Facultad de ciencias políticas y sociales. UNC.
- Bourdieu, Pierre. (2000) Razones practica, sobre la teoría de la acción. Edit. Anagrama. Barcelona.
- Cerbino, Mauro. (2006) Conferencia Magistral impartida en la jornada sobre “Periodismo, violencia y pandillas.
- Conferencia Episcopal Argentina. (2008) Hacia un bicentenario de Justicia y Solidaridad. (2010-2016).
- Costa Gino y Carlos Romero. (2009) ¿Qué hacer con las pandillas?. Edit. Ciudad Nuestra. Lima.
- Follari, Roberto. http://cursodeseguridad.blogspot.com/2009/06/follari-1998-sobre-el-concepto-de.html. 16/05/09
- Franz Vanderschueren, (2004) Prevención de la violencia juvenil. Análisis de experiencias Internacionales.Universidad Jesuitas Alberto Hurtado, BID, Gob. de chile. Chile.
- Kessler, Gabriel. Trabajo, delito y sociabilidad en jóvenes del Gran Buenos Aires. ANGS-CONICET. Buenos Aires.
- Mantecón Sancho, Juan Ignacio. S.J., (2008) Una experiencia de trabajo con pandillas del agustino. Serie de testimonio 1. Edit. Ciudad Nuestra. Lima
- Migués, Daniel. (2004) Los pibes chorros. Edit. Capital Intelectual. Buenos Aires.
- [1] Bourdieu, Pierre, Razones practica.
- [2] Appiolaza, Martín. Idea esbozada en el curso problemática y gestión de la seguridad pública 2009. En donde relaciona la teoría de Bourdieu “del espacio de las posiciones sociales y espacio de los estilos de vida”, con el delito, como construcción social en la disputa en el campo del poder por los diferentes capitales.
- [3] Appiolaza, Martín, Seminario “violencia juvenil. Pandilla, maras, bandas y fenómenos comparados en América Latina”. Posgrado Políticas Públicas: violencia y seguridad. Facultad de ciencias políticas y sociales UNC. Junio 2009
- [4] ¿Qué hacer con las pandillas? Costa Gino y Carlos Romero. Pag. 51
- [5] Migués, Daniel. Los pibes chorros. Pag. 33
- [6] Agustinorte: Nombre de una pandilla del cerro El Agustino.
- [7] Pasta básica: pasta base.
- [8] Franz Vanderschueren, Prevención de la violencia juvenil. Análisis de experiencias Internacionales. Pag 86
- [9] Los nombres son ficticios para garantizar la intimidad de los colaboradores del trabajo realizado en la comunidad.
- [10]Kessler, Gabriel. Trabajo, delito y sociabilidad en jóvenes del Gran Buenos Aires. ANGS-CONICET. Pag 7
- [11] Cerbino, Mauro. Conferencia Magistral impartida en la jornada sobre “Periodismo, violencia y pandillas en Centroamérica”. Febrero 2006
- [12] Franz Vanderschueren, Prevención de la violencia juvenil. Análisis de experiencias Internacionales. Pag. 27
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- [13] Documento de los obispos, Hacia un bicentenario de Justicia y Solidaridad. (2010-2016).
- [14] Costa Gino y Carlos Romero. ¿Qué hacer con las pandillas?. Pag. 52
- [15] Amartya Sen. Identidad y violencia, La ilusión del destino. Pag. 23
- [16] http://cursodeseguridad.blogspot.com/2009/06/follari-1998-sobre-el-concepto-de.html. 29/09/2009
- [17] Mantecón Sancho, Juan Ignacio. S.J., Una experiencia de trabajo con pandillas del agustino. Pág. 15
(*)Proyecto educativo que pretende generar un espacio de interacción en la comunidad a partir de la aplicación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
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Es un texto excelente, Felicitaciones por el trabajo!










Me pareció muy interesante el trabajo!!!